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94 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 16 s 9 s 2007 ABC ABC La soprano, como Anna Bolenna, una obra que cantó en La Scala de Milán, en una histórica producción, en abril de 1957 Violetta, de La traviata fue una de los grandes papeles de Maria Callas. Su ABC más célebre interpretación fue la de mayo de 1955, en La Scala, bajo la dirección escénica de Lucchino Visconti y la dirección musical de Carlo Maria Giulini Las dos vidas de Maria Callas Treinta años después de su muerte en París, el 16 de septiembre de 1977, la leyenda de Maria Callas crece cada día. Fue una artista única, irreemplazable; sobre el escenario lo tuvo todo. Fuera de él, vivió una vida marcada por sus relaciones con los hombres. Murió, aseguran, de melancolía y de dolor JULIO BRAVO MADRID. No debo hacerme ilusiones, la felicidad no es para mí ¿Es demasiado pedir que me quieran las personas que están a mi lado? Es una reflexión de Maria Callas, realizada en 1968, poco después de saber que Onassis, el gran amor de su vida, iba a casarse con Jackie Kennedy. La viuda del presidente estadounidense había logrado lo que ella nunca consiguió. Y Callas, ya en el ocaso de su carrera, retirada de los escenarios y las salas de conciertos- -sólo volvió para una gira de conciertos con el tenor Giuseppe Di Stefano- se refugió en la soledad. La traición de Onassis fue uno más de los desengaños que la Callas se llevó en su relación con los hombres. Desde su nacimiento, su vida estuvo marcada por un puñado de nombres masculinos. dre. Sin embargo, en 1945, la entonces artista principiante decidió volver a Nueva York junto a su padre. Adoptó el apellido Callas, que él usaba para que sonara más americano y recuperó el tiempo perdido. Desde Nueva York partió el 13 de junio de 1947 rumbo a Verona, Italia, y no volvió a verle. Tullio Serafin. Si el tenor Giovanni Zenatello fue quien propició su primer viaje a Italia, el director de orquesta, una de las más grandes batutas de la historia de la ópera, fue su pigmalión. Él la dirigió en La Gioconda veronesa y fue, junto a Elvira de Hidalgo, su profesora en Atenas, quien ejerció mayor influencia sobre ella en el aspecto musical. Giovanni Battista Meneghini. El 30 de junio de 1947, en el restaurante Pedavena de Verona, Maria Callas conoció a un rico industrial, amante de la ópera: Giovanni Battista Meneghini. Entre los dos se creó una corriente de complicidad; Maria se sentía halagada por su amabilidad y admirada por su distinción. A Meneghini le sedujo la grandeza de la artista y la ingenuidad de la mujer. Pronto se convirtió en su protector, en su amigo, en su manager, en su amante... Y el 21 de abril de 1949 en su marido. El matrimonio duraría algo más de diez años; el 14 de noviembre de 1959 se firma el divorcio de la pareja. Sólo hacía cuatro meses del primer encuentro entre Maria Callas y Aristoteles Onassis. Me había sentido tan prisionera por tanto tiempo- -dijo la soprano en 1965- que cuando conocí a Aristo y a sus amigos, tan llenos de vida y encanto, me transformé en otra mujer. Al vivir con un hombre mucho mayor que yo, me había envejecido prematuramente y me había vuelto muy aburrida griego que había llegado en abril de 1923 a Nueva York. La cantante no encontró en él el apoyo que buscaba ante el rechazo que sentía su madre, Evangelia, hacia ella. En 1937, sus padres se separaron y Maria volvió a Grecia con su ma- Yorgos Kalogeropoulos (George Callas) Su padre, un emigrante Lucchino Visconti. Maria Callas revolucionó la ópera y fue, en parte, gracias a Visconti. La clase, el talento, la sensibilidad del cineasta, sedujeron a la cantante, que se enamoró (amor imposible) de él. Su transformación fue total, tanto en lo físico (en esa época se produjo su milagroso adelgazamiento) como artístico. De la mano de Visconti, Maria Callas se convirtió en La Callas. ¿Es demasiado pedir que me quieran las personas que están a mi lado? dijo la Callas tras saber que Onassis se iba a casar con Jackie Kennedy tó en una fiesta en Venecia, en septiembre de 1957, Elsa Maxwell, una famosa periodista y relaciones públicas. El 22 de julio de 1959, Maria Callas y Meneghini embarcaron, junto con otros invitados, en el Christina el yate de Onassis. En aquel crucero se enamoraron el naviero y la soprano. La relación revivió a Maria, que descubrió con Onassis una pasión desconocida para ella; pero hundió a la Callas. Mientras la mujer disfrutaba del amor, del lujo y de la diversión que le proporcionaba Onassis, la artista iba perdiendo la voz y reducía cada vez más su actividad: cinco representaciones en 1960, dos en 1962... No tengo ganas de cantar; quiero vivir, vivir como cualquier otra mujer confesó en una entrevista. Pero para Onassis Maria Callas era sobre todo una conquista de la que presumir, un medio para poder alternar con determinada clase social, que envidiaba que La Callas estuviera a su lado. Y cuando conoció a Jackie Kennedy, viuda del asesinado presidente de EE. UU. abandonó a la soprano- -aunque hubo después varios encuentros furtivos- La tristeza se apoderó de la Callas, y aumentaría cuando, el 15 de marzo de 1975, murió Onassis. La cantante nunca se repuso del golpe y dos años más tarde fallecía- sola, perduta, abbandonata -en su apartamento de París. Más información sobre la soprano: http: www. callas. it Aristóteles Onassis. Los presen-