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72 MADRID DOMINGO 16 s 9 s 2007 ABC Me llamo José, 30 años, con idiomas: cobro 150 euros por cada servicio La prostitución masculina se queda fuera del debate social: chaperos y gigolós son invisibles a la polémica. El 20 es seropositivo frente al 0,8 de las mujeres C. HIDALGO M. J. ÁLVAREZ MADRID. Me llamo José. 30 años. Bien dotado. Con idiomas. Heterosexual Es el reclamo de un gigoló que se anuncia en internet, una herramienta que está en auge para contratar relaciones sexuales de pago por su comodidad y confidencialidad. Es sábado, ocho de la tarde y hablamos con el chico del anuncio. ¿El precio? Un completo, 150 euros ¿Cuánto tiempo? preguntamos. Una hora o una hora y media... Sin prisas. Con tranquilidad Durante la corta charla, nuestro interlocutor se disculpa en varias ocasiones, por las llamadas telefónicas que recibe de potenciales clientas. ¿Dónde tendrá lugar el contacto? interpelamos. Yo no tengo coche replica. Está claro cuáles son sus condiciones. Entonces, puede ser en un bar, un local... No responde. Volvemos a la carga: Me niego a que sea en mi casa. Si tú quieres proteger tu intimidad, yo también Otra vez el silencio por respuesta. Concertamos la cita para el día siguiente y, dada la situación, decidimos que el encuentro furtivo sea en nuestro vehículo. Quedamos en una céntrica cafetería. José nos sigue el juego al decirle que es la primera vez que recurrimos a un servicio de este tipo. Yo también. Nunca lo había hecho explica. En la red se prodigan tanto los gigolós como los chaperos, que dejan muy explícitas sus tendencias sexuales, precios (90, 100, 200 euros... y sus características físicas, siempre excelentes El mercado del sexo masculino se mueve también en otros lugares: anuncios por palabras, saunas, cuartos oscuros, parques, locales... Tú, ¿qué? ¿otra vez prostituyéndote, no? La respuesta a estas palabras son unas sonoras carcajadas tanto por parte de quien las pronuncia como por a quien van dirigidas. Son dos chaperos que bromean sobre lo que les ha llevado, en sábado noche, al local que frecuentan en horas de trabajo. Estamos en el corazón de Chueca. En uno de los establecimientos nocturnos cuyo nombre es sinónimo, en la noche gay de Madrid, de escaparate del sexo de pago masculino desde hace más de 25 años. Un clásico. Aquí no se practica sexo. Ni siquiera es un club de alterne como tal. Se trata de un bar de copas con dos plantas y otras tantas pistas de baile donde los chaperos se sienten como en casa, ya que la gerencia del local permite su actividad profesional como vendedores de sexo. El negro de las paredes- -y del nombre del bar- -marca el ambiente bastante sórdido de las escenas que allí se suceden. No hay, aparentemente, nada ilegal, pero sí la extrañeza de ver cómo también en estos sitios la calma está presente. Aquí, la edad media no existe: los clientes se agazapan en la barra y peinan canas. Casi ninguno baja de los 50. Todos ellos aparentan normalidad, confianza en la situación, como si estar allí fuese un hábito a la espera de algo nuevo. El otro bando (prostitutos) se sitúa rodeando la barra circular, junto a las paredes y mirando a sus presas. Así es como se establece el juego de miradas, en algunos casos, y de directas proposiciones, en los que más. Nadie guarda las apariencias. Todos saben a lo que vienen al establecimiento. En este momento, en el local hay casi medio centenar de chaperos. Y menos clientes. Es lo común en el mundo del sexo de pago. La estética del vendedor de sexo es en casi todos la misma: veinteañeros- -aunque puede verse algún jovencísimo marroquí por el local- extranjeros- -sobre todo, latinos y algún rumano- de muy buen aspecto físico, con muchas horas de gimnasio y bastantes inyecciones de hormonas que facilitan el desarrollo de la masa muscular. Llevan buena ropa y lucen caros relojes y móviles de última generación. Está claro que, a diferencia de gran parte de las prostitutas, los chaperos han encontrado en este modus vivendi una forma de hacer dinero rápido y en grandes cantidades. Además, no suelen estar sujetos a las mafias: van por libre. Todos sonríen. Bromean entre sí, marcando bíceps. Se acerca un joven voluntario, repartiendo preservativos y geles lubricantes entre la clientela. Anda, tomad, un chubasquero ¡Que esta noche va a caer una... bromea. Aquí, el sexo está a la orden del día y se vive con total naturalidad. También el de pago. Eso lo demuestra un joven que coquetea con un grupo de tres potenciales clientes, junto a la barra del bar. Su sonrisa, sus frases, todas sus posturas, parecen ensayadas a la perfección y repetidas delante de un espejo. La estrechez de la zona de contacto es aprovechada por algunos clientes para meter mano a los jóvenes. Y toda esa atmósfera de permisividad es aprovechada por el local, que hace la vista gorda, cobrando por cervezas y refrescos algo más que en la media de pubs del barrio. Uno de los asiduos al bar, nacido en Venezuela, reconocía lo siguiente: Estoy pensando casarme con un tío, español, para conseguir los papeles. Si le pago 3.000 euros, él quizá acceda Mientras, la noche continúa en el local, muy movida, incluso en el baño, que es unisex. La desinhibición es la tónica siempre presente. Paralelamente, hay otro mercado del sexo masculino en otros puntos de la capital. Su nota característica es que es casi siempre nocturno. Uno de ellos es la Puerta del Sol, donde se mueven los rumanos, magrebíes, esporádicamente los latinoamericanos y en los últimos tiempos los inmigrantes subsaharianos. Las inmediaciones del paseo de Recoletos, Chueca y la Residencia de Estudiantes son otros puntos. Como el de la explanada posterior de la plaza de toros de Las Ventas, en la que nos encontramos ahora. A las dos de la madrugada, ya hay un ir y venir incesante de coches, que en- Cuidados y con ropa de marca Estoy pensando casarme con un español por 3.000 euros, para conseguir los papeles El 87 de los chaperos son inmigrantes y el 56,4 no tiene permiso de residencia en España Sauna (61,4 internet (49,5 locales de ambiente (35,6 y la puerta del Sol (9,9 lugares de contacto Lugares de encuentro tran desde la avenida de los Toreros. La zona está algo escondida: a un lado, el coso taurino, y al otro, una pendiente que sube el desnivel existente entre la zona de aparcamientos y la avenida de los Toreros, tupida de maleza y árboles. Al amparo de la noche Ver y ser visto En la red En la explanada de las Ventas, el trasiego de coches es constante los fines de semana VÍCTOR INCHAUSTI Allí, entre la vegetación, dos jóvenes mantienen relaciones sexuales. Otro va y viene, buscando compañía. Pero es abajo donde hay más gente: la mayoría ha venido en coche, se ha bajado de él y espera, exhibiéndose, a que la noche le depare alguna sorpresa. También hay grupos pequeños de amigos, todos hombres. Algunos se quedan dentro de sus vehículos y pasan entre los jóvenes lentamente, entre el cortejo y la vigilancia. Las Ventas es una zona tradicional de ligue, pero también acuden chaperos a ella. Sobre los lugares donde se ofrece la prostitución de varones en Madrid, la sauna es el lugar predilecto (61,4 de los casos) le siguen internet (49,5 los pisos privados (43,6 los locales de ambiente (35,6 los maceteros de Sol (9,9 y los anuncios en la prensa (1 Estos datos están recogidos en el estudio Trabajadores masculinos del sexo: aproximación a la prostitución masculina en Madrid de la Fundación Triángulo. Las múltiples vías de contacto y el carácter temporal de la prostitución en los chaperos, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres que la practican