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10 LA ENTREVISTA www. abc. es la entrevista DOMINGO 16- -9- -2007 ABC Europa debe ser una potencia, y no el idiota del mundo global Hubert Védrine s Ex ministro socialista y asesor de Sarkozy sobre la globalización Llamado por Sarkozy a definir el lugar de Francia y de Europa en el mundo, asume el fracaso de todas las campañas que han defendido el proceso global. Su receta es el consenso para echar los cimientos y convencer de sus enormes posibilidades POR JUAN PEDRO QUIÑONERO PARÍS. Hubert Védrine, ex ministro de Asuntos Exteriores socialista, consejero de François Mitterrand durante catorce años, ha redactado para Nicolas Sarkozy, presidente conservador, un informe especial destinado a combatir la desconfianza y angustia nacional ante la globalización. dades espectaculares, el enriquecimiento provocador. Una cierta reserva irracional hacia la ciencia, con un corolario muy negativo: miedo hacia el progreso... das las campañas a favor de la globalización de todas las autoridades políticas y económicas de los últimos veinte años. A mi modo de ver, Francia será más fuerte si consigue construir un consenso nacional, dinámico, explicando a los franceses los inconvenientes y las ventajas de la globalización. Ese consenso es indispensable para mejorar el puesto de Francia en Europa y el puesto de Europa en el mundo. Ese deseable consenso nacional, favorable a la globalización, debe combinar la adaptación, la protección, la regularización, la solidaridad y la acción europea. Ése es el objetivo último de mi informe: echar los cimientos de un consenso nacional favorable a la globalización, se trata de una prioridad nacional. El objetivo final no es qué o cómo hacer frente a la globalización, sino cómo trabajar dentro de la globalización. EE. UU. y el resto de los grandes actores de la escena internacional. Hay muchos mecanismos de protección, fuera de Europa, de los cuales podemos inspirarnos. Comenzando por algunas prácticas de nuestros amigos norteamericanos. Debemos adaptarnos a la nueva realidad global, financiera, comercial, industrial. Abriéndonos y defendiéndonos, al mismo tiempo. También podemos ser más ofensivos en las instituciones internacionales. Sin olvidar la posible regulación y la solidaridad. -Detrás de todo ese catálogo de reservas no es difícil discernir un inquietante rosario de arcaísmos. -De la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por el centro, la derecha y la izquierda, Francia percibe con miedo e incomprensión el proceso histórico de la globalización. Es como si un pueblo tuviese miedo al descubrir las leyes de la gravitación universal. -Quizá. Es su opinión. Pero, ojo, también hay una Francia bien real, bien adaptada y bien presente en la gran escena mundial de la globalización. Y, al mismo tiempo, las corrientes de desconfianza hacia la globalización están muy enraizadas en el pensamiento profundo de las izquierdas y las derechas nacionales. ¿Cómo convencer a los franceses? -No exactamente. Pero es cierto que los franceses tienen una desconfianza profunda hacia la globalización desde los muy primeros años 90 del siglo pasado. Pero, ojo, la desconfianza hacia la globalización también es muy alta en otros grandes países. Según un sondeo de Financial Times la desconfianza popular inglesa y norteamericana es todavía más alta que la nuestra. La gran particularidad francesa es que esa desconfianza también refleja una falta de confianza de los franceses hacia sí mismos, dudando del puesto de Francia en el nuevo mundo. -Hay bastantes razones, bien estudiadas. El apego al papel protector y redistribuidor del Estado. El apego a una identidad y una lengua amenazadas, se piensa, por la marea anglófona. Los celos nacionales hacia un proceso percibido como americanización Una repugnancia moral muy francesa hacia la economía de mercado y su motor, el beneficio. La voluntad de preservar el sistema nacional de protección social. El apego católico y marxista, al mismo tiempo, de igualdad, el odio hacia las desigual- -Pero esa hostilidad francesa hacia la globalización puede tener consecuencias desastrosas para Francia y para Europa. -Es necesario combatir esos riesgos y desconfianzas. Hasta hoy, es evidente el fracaso de to- -Primero, recordando que Francia tiene muchas cosas positivas que pueden beneficiarse de la globalización, adaptándonos, para sacar el mejor partido posible de ese proceso histórico. Segundo, no dudando en protegernos cuando sea necesario. -Es cierto que el espejismo constitucional ha consumido casi todas las energías de la Unión durante quince años. Pero el acuerdo sobre el tratado simplificado y su ratificación probable van a liberar energías que podrán consagrarse a otros trabajos. La integración política europea no irá más lejos del tratado simplificado. -Pero la UE lleva quince o veinte años empantanada institucionalmente... -Eso quiere decir un frenazo histórico al proceso de la construcción política de Europa. -La UE y Francia ya tienen unas fronteras muy protegidas comercialmente. -No siempre. No más que los VEINTE AÑOS EN EL J. P. Q. PARÍS. A los 60 años cumplidos en julio, Hubert Védrine ya ha pasado más de veinte transitando por los más íntimos pasillos del poder y del pensamiento estratégico de Francia. Hijo de un íntimo de Mitterrand, Védrine pasó 14 años en el Elíseo, como consejero, portavoz oficial y secretario general del palacio presidencial. Experiencia excepcional, durante unos años cruciales (caída del Muro de Berlín, desintegración de la URSS, primera guerra de Irak, refundación de la UE, nacimiento del euro) pronto prolongada como ministro de Exteriores de un gobierno socialista que cohabitó con el conservador Chirac (1995- 2002) LABORATORIO ESTRATÉGICO Esa experiencia culmina cuando Sarkozy le ofreció ser su primer ministro de Exteriores. Védrine fue tan exigente en sus ambiciones que la oferta se transformó en la petición de un informe oficial, destinado a pensar el nuevo puesto de Francia ante la globalización. Védrine comenzó siendo un socialista próximo a los cristianos de izquierda de su tradición familiar, prolongada por Delors. Como analista internacional, ha escrito una docena de ensayos básicos. Intelectualmente, se considera discípulo de Raymond Aron. Es presidente del Instituto Mitterrand y miembro de un influyente gabinete de abogados internacionales. -El frenazo a la integración política europea pudiera interpretarse como la culminación de la desconfianza francesa hacia Europa, que puede fecharse con precisión. Se hizo muy visible, por vez primera, con el gran debate nacional de 1992, sobre el Tratado de Maatstricht, cuando afloraron las grandes corrientes soberanistas. Y culminó con el rechazo del difunto proyecto de Tratado constitucional, el mes de mayo del 2005. -Frenazo, como usted dice, a la integración política. Pero Europa puede y debe trabajar en muchos terrenos. ¿De dónde vienen esas angustias nacionales? -No creo que pueda hablarse de desconfianza, en general. En mi informe introduzco una diferencia entre la desconfianza a la integración y la confianza que sí existe, a mi modo de ver, hacia la construcción política de Europa. La integración era el proyecto federalista: construir una Europa más allá de las naciones y Estados históricos. A juicio de los federalistas, los Estados y las naciones son arcaicos no están adaptados a nuestro tiempo y debemos sustituirlos por un nuevo sistema supranacional. Varios pueblos han manifestado su oposición a tal proyecto. Y le haré una confidencia: el ex canciller Gerhard Schröder me dijo en alguna ocasión que los alemanes habrían votado contra el proyecto de Tratado -Hace años que nadie hace proposiciones concretas en esos u otros terrenos, perdidos en el limbo institucional. constitucional, si se les hubiese ofrecido la oportunidad, con un referéndum. Los pueblos han comprendido que la integración era el fin de la identidad nacional. Sin embargo, los mismos pueblos piden la negociación de políticas comunes, más eficaces. Hay muchos proyectos por negociar y hacer realidad. Si se es capaz de negociar una política económica de la zona euro, más coordinada, nadie estará en contra. Hay una gran disponibilidad de los pueblos para la construcción de nuevas políticas, energéticas, ecológicas, industriales, etc. Y una gran desconfianza de los pueblos a las ideas federalistas. -La Unión lleva quince años huyendo hacia adelante, por la vía muerta institucional. Los federalistas aprovecharon tal coyuntura para defender sus tesis. Pero los pueblos han da-