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ABC DOMINGO 16 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA TODO A CIEN ÁS madera. Cada vez que el apurado maquinista pide más combustible para la locomotora electoral, suena un hachazo que desbarata las maltrechas estructuras presupuestarias del Estado. Dinero urgente para el socorro hipotecario, fondos para los dientes de los niños, subvenciones para las viviendas fantasmas de Chaves, partidas de emergencia para el caos ferroviario catalán. Solbes, con gesto resignado, aprieta los dientes con un pie en el estribo, a punto de saltar en marcha del enloquecido convoy que el presidente pilota con mirada de visionario, de pie sobre el techo de la máquina, dispuesto a desguazar los IGNACIO vagones para mantener CAMACHO a tope la caldera hasta llegar a la frontera de los idus de marzo. Aunque llegue él solo, encaramado a los restos de un Gobierno achicharrado que se va consumiendo a sí mismo en una disparatada carrera contra el tiempo y la razón, mientras sus aliados nacionalistas, que se bajaron del tren varias estaciones atrás, lo persiguen ahora entre alaridos de fiereza como tribus exaltadas de ardor guerrero. A Zapatero le vale ya cualquier cosa con tal de llegar a las elecciones en una situación de mínima ventaja. No le importa que amigos estratégicos como Josu Jon Imaz- -que ojalá hubiese estado decididamente a la valerosa altura política que ponderan ahora sus unánimes elogios fúnebres- -se queden a los pies de los caballos desbocados del nacionalismo irredento. Le trae sin cuidado fundir el prestigio de la carrera terminal de Solbes en una improvisada deriva de gasto público tan falta de rigor y planificación como la anterior subasta del modelo territorial. Se agarra sin pudor a la simbología nacional tantas veces despreciada para impostar un patriotismo- ¿de hojalata? -circunstancial y arribista. Y pasa sin recato factura de los favores debidos a funcionarios como el gobernador del Banco de España para que salgan al quite de los agobios económicos con proclamas tranquilizadoras. Los cadáveres políticos de colaboradores, socios o compañeros de mesa- -Maragall, Bono, Mas, Sevilla, Calvo, Regás, Otegui- -se amontonan sobre las vías que va dejando en su furiosa huida hacia delante. Y aún tirará todo aquello que le estorbe, sus propios principios si es menester, para sobrevivir en esta enloquecida escapada de las consecuencias de sus propios errores. Ahora sólo le importa la velocidad de la carrera, confiado en que ya tendrá tiempo, si gana, de recomponer pactos, improvisar fintas y desandar los caminos de trochas de su reciente tacticismo. Ha convertido el Gobierno en una tienda de saldos electoralistas, un vertiginoso todo a cien en el que lo único esencial es preservar la marcha de crucero y sostener como sea la ventaja del poder. Con las encuestas como aleatorio GPS de su trayecto, desguaza alianzas, presupuestos y lealtades, y alimenta con ellos el fogón de un proyecto destrozado en el que ya no tiene otro objetivo que la supervivencia. M EL RECUADRO RONALDIÑO EL CONSTITUCIONAL O se le ha dado la importancia debida a un hecho extraordinario que ocurrió semanas atrás en los juzgados de Gavá. Suceso insólito. Para adquirir la doble nacionalidad como español y no ocupar plaza de extracomunitario en el Barsa, el señor don Ronaldo de Assís Moreira (Ronaldinho en el siglo de los Cuatro Fantásticos) hizo lo que nadie en toda Cataluña: juró la Constitución Española. No el Estatuto de Autonomía rematado por ZP cuando lo iba a levantar el puntillero, no. No los Principios Fundamentales del Movimiento Catalán de la estricta observancia de su presidente del Más Que Un Club, el señor don Juan Lapuerta, el que dice que ya está bien de prestar jugadores a la selección de Luis Aragonés, que ni es catalana ni nada, y que no les paga ni una sola pela por la cesión. Don Ronaldo de Assís Moreira, oh maravilla, no prestó fidelidad y lealtad a la corona de espinas y a la bufanda de lama de Carod Rovira, sino a la Constitución Española. Por favor, que le den la Bota de Oro a este hombre, el Príncipe de Asturias de los Deportes, un algo de premio. Por lo insólito y por su valentía civil. En una ANTONIO tierra de España donde si eres tendero BURGOS te multan si pones el rótulo de tu establecimiento en la constitucional lengua española y si eres escolano te castigan sin recreo si hablas en castellano en el mismo, viene un señor brasileño y sin reservas mentales de ninguna clase, sin hacer referencia a imperativo legal ni dinerario, va el tío y jura la Constitución Española sin que invasor alguno de Madrid ni miembro del Estado Opresor le ponga una pistola en el pecho para hacerlo. Choque usted esos cinco, compatriota don Ronaldo de Assís: lo suyo sí que es valentía, y no lo de José Tomás. Con la que está cayendo en Cataluña, que ven un retrato del Rey en un sello y lo queman ante los brazos cruzados de los mozos de escuadra, lo suyo, don Ronaldo, es de medalla. ¿No se le puede pedir la Laureada de San Fernando a este hombre, por haber demostrado su valor de esa manera? N Porque como tengo a don Ronaldo de Asís por un caballero y por hombre de palabra, y no por un perjuro al uso, de los que para acceder al cargo juraron la Carta Magna y ahora se limpian en ella... Como tengo a don Ronaldo de Assís por un señor, supongo que hará honor a su juramento y será, y nunca mejor dicho, un garbanzo negro en la comunidad deportiva de la que cobra y en la autónoma en la que vive. Pues supongo que el ya español don Ronaldo de Assís mostrará su total oposición a que haya una selección de fútbol que no sea la de España. Supongo que donde quiera que vaya el ya español don Ronaldo de Assís hablará en la lengua oficial del Reino que señala la Constitución. Supongo que el ya español don Ronaldo de Assís no hará como los ayuntamientos socialistas al uso en Gerona y Lérida, y pondrá con todo honor y orgullo en el balcón de su casa ese pedazo de bandera roja y gualda de la nación cuya Constitución ha jurado defender y acatar. Como otros juraron cumplirla y hacerla cumplir, pero de verdad, sin perjurios. Y tan español debe de ser este don Ronaldo de Assís, que me imagino que de aquí en adelante querrá que el diminutivo de su nombre que le sirve de apodo artístico no sea escrito como si estuviéramos en una galescola, Ronaldinho, ni Ronaldinyo, a la catalana, como querría su presidente el señor Lapuerta, sino que pedirá que sea para siempre Ronaldiño, con eñe de España, ¡moño! Supongo que la chamusquina de retratos regios en Gerona ocurrió la otra noche porque no estaba por allí el españolísimo jurando don Ronaldo de Assís. ¿Cómo va a consentir un señor que ha jurado la Constitución Española que quemen el retrato del Rey que alentó, promovió y ratificó las libertades que nos dimos con ese texto? Pero, claro, estaban los mozos de escuadra, que como no tienen problema alguno de plaza de extracomunitarios, pues ya saben que no tienen que jurar la Constitución, y mucho menos defenderla ni cumplirla, ni hacerla cumplir. ¿No sería posible poner a Ronaldiño de presidente de la Generalidad, ya que por lo visto es el único que ha jurado la Constitución en toda Cataluña?