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4 OPINIÓN DOMINGO 16 s 9 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro POR FIN EMPIEZA LA VISTA ORAL ÁS de seis años han transcurrido desde que en junio de 2001 estallara el escándalo de Gescartera. Lo que comenzó en enero de 1992 siendo un chiringuito financiero, luego elevado a la categoría de gestora de valores, se convirtió rápidamente en el origen de un serio fraude de más de 50 millones de euros (unos 8.300 millones de pesetas) que afectó a los ahorros e inversiones de más de 4.000 personas y entidades, entre ellas obispados, militares, organizaciones policiales e, incluso, personajes famosos y de la beautiful people. Pero en segunda instancia, Gescartera fue el ariete con el que el nuevo PSOE- -el que desde el verano de 2000 lideró en la oposición José Luis Rodríguez Zapatero- -empezó sus ataques para intentar minar la credibilidad del Gobierno de José María Aznar en su lucha contra la corrupción. No en vano, y ya bajo competencia de la Audiencia Nacional, rápidamente se conocieron las ramificaciones políticas de Gescartera y la implicación de Enrique Giménez- Reyna, en aquellas fechas secretario de Estado de Hacienda y hermano de la presidenta de la firma de valores, quien se vio urgentemente obligado a dimitir. El escándalo también costó el cargo a Pilar Valiente, entonces presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, tras difundirse las revelaciones de un dietario de Pilar Giménez- Reyna en el que tenía anotaciones sobre supuestas gestiones internas de ese órgano supervisor para frenar una inspección a Gescartera. Esta investigación supuso un serio revés para el prestigio de la CNMV y lo peor es que aún hoy nadie parece haber aprendido la lección de los riesgos que conlleva el sometimiento de un órgano supervisor al Gobierno de turno si lo que se pretende es que no se resientan ni su independencia ni la confianza del ciudadano en las instituciones. Mañana empieza en la Audiencia Nacional el juicio oral. Catorce personas se sentarán en el banquillo de los acusados y se enfrentarán a peticiones de pena de entre tres y once años de cárcel por delitos de apropiación indebida y falsedad documental. Gescartera nunca fue, pese a que así dirigió su estrategia de acoso el PSOE, una filesa del Partido Popular, y así quedó claramente acreditado en la comisión parlamentaria que se constituyó en el Congreso, por cierto, con el expreso impulso del PP En cambio, sí se reveló como un mezqui. no sistema para estafar a inversores ungidos de una ficticia exclusividad -unos incautos, todos en exceso codiciosos- y como un auténtico operativo aparentemente fraudulento para el lucro de unos pocos a costa del dinero de muchos. Ahora es, por tanto, el momento de dirimir las responsabilidades penales. No obstante, e independientemente del signo de la futura sentencia, el de Gescartera es otro de esos muchos casos en los que emerge la deuda que la Justicia sigue teniendo pendiente con una resolución más ágil y rápida de asuntos de tanta alarma social, por muy complejo que resulte levantar el velo de estas tramas financieras. El derecho del justiciable- -sea culpable o no- -a no sufrir una pena anticipada de banquillo, más aún si es excesivamente prolongada en el tiempo, nunca debe quedar en un segundo plano. GESCARTERA, M FORO NECESARIO A dimisión en bloque de los miembros de la junta directiva del Foro Ermua ha provocado la convocatoria de unas elecciones para la renovación de todos sus cargos, incluida la presidencia, que ostenta actualmente Mikel Buesa. El origen inmediato de la crisis interna de este grupo cívico ha sido la decisión de Buesa de incorporarse al nuevo partido constituido por Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán y Fernando Savater. Los más significados miembros del Foro Ermua consideraron esta adhesión de Buesa a Unidad, Progreso y Democracia como una forma de capitalizar a favor de Basta Ya matriz del nuevo partido, todo el prestigio social de su organización. Por tanto, el problema que plantea esta dimisión en bloque de la junta del Foro Ermua es el de una pérdida de confianza entre sus máximos dirigentes, simultáneamente al de la necesidad de reconstituir su proyecto social y político no partidista. Ciertamente, Foro Ermua y Basta Ya han representado dos formas diferentes de enfocar la crítica a la política de Rodríguez Zapatero en relación con ETA y Batasuna. Pese a las claras diferencias que podrían registrarse entre las actividades de uno y otro grupo, y a un cierto recelo recíproco, el tramo final de la negociación con ETA marcó un reencuentro de ambas organizaciones, que suscribieron un manifiesto conjunto el 23 de marzo de este año contra la política gubernamental en el proceso de paz El reto de ambos grupos es sobreponerse a las dudas sobre su futuro inmediato, porque siguen siendo necesarios para la sociedad vasca. En efecto, existe la percepción de que el tiempo de las organizaciones cívicas constitucionalistas se ha agotado, porque representaban la unidad social que se correspondía con la unidad política de PP y PSOE en torno al Pacto Antiterrorista. El Gobierno socialista se encargó de desmantelar, uno tras otro, los grandes logros de la anterior legislatura. Rompió el Pacto Antiterrorista, desactivó la Ley de Partidos, buscó la división de las víctimas y quiso confundir a los grupos cívicos a cuenta de sus intenciones. L La desaparición de estos grupos cívicos fue un objetivo que el PSOE buscó desde que comenzó la legislatura. Al igual que a las asociaciones de víctimas de ETA, los socialistas los consideraban una creación de la política antiterrorista de Aznar. La finalidad no era otra que allanar el camino de la negociación con ETA, silenciando al mayor número posible de críticos. Frustrado este intento, y con los terroristas otra vez dispuestos a asesinar en cuanto puedan, el escenario actual se oscurece aún más con la situación de crisis interna del Foro Ermua. Este perjuicio no es sólo para sus propios integrantes, cuyo compromiso personal les cobra sacrificios que muy pocos estarían dispuestos a aceptar, sino para la sociedad en su conjunto, pues es evidente que una sociedad democrática y desarrollada no puede confiar la movilización social y el debate de ideas sólo a las iniciativas de los partidos políticos. Foro Ermua ha hecho ambas cosas y las ha hecho bien, de la mano de intelectuales, profesores y juristas que han demostrado que la crítica al nacionalismo- -y, en estos últimos años, a la política negociadora de Zapatero- -se hace mejor y más fuerte cuanto menos visceral y más racional es el argumento empleado. Sería realmente injusto con su propia historia e indeseable para los fines que defiende que la crisis actual de Foro Ermua deviniera en un proceso de disolución. Para Rodríguez Zapatero sería un éxito inesperado. La principal razón para confiar en que Foro Ermua reconstituya su directiva y calme su situación interna es la mera necesidad de que lo haga, porque ETA vuelve a atentar, el nacionalismo vasco tiene más poder y es más radical que hace seis meses y las ideas constitucionalistas están más desprotegidas por culpa de la abdicación socialista. Desde 1997, año en que fue asesinado Miguel Ángel Blanco, muchas cosas han cambiado, pero otras permanecen iguales y entre éstas, el papel imprescindible que asumen aquellos ciudadanos que están dispuestos a defender, al margen de los partidos, los grandes principios de la libertad y la democracia. UNA FRANCIA MÁS ATLÁNTICA L viraje estratégico que ha dado el presidente Nicolas Sarkozy a la política exterior francesa va mucho más allá de una aparente reconciliación con la administración norteamericana del presidente George W. Bush. Al fin y al cabo, si éste era el objetivo, no tendría mucho interés arreglar las cosas con un presidente que está en la recta final de su segundo mandato y cuando la situación en Mesopotamia se reduce a buscar una ventana de oportunidad para poder reducir la presencia militar con un mínimo de daños. El gesto de Sarkozy tiene precisamente más interés porque en este caso es evidente que se trata de un movimiento a largo plazo, para situar a Francia en una posición más adecuada a la realidad internacional. La Francia de la segunda mitad del siglo XX ha buscado un lugar en el mundo a través de sólidas alianzas con Occidente, pero tratando de preservar al mismo tiempo una orgullosa independencia estratégica. Desde 1966, había mantenido una relación peculiar con la Alianza Atlántica, de la que se mantenía fuera de la estructura militar integrada. Con el anuncio formal de que Sarkozy va a terminar con esta excepcionalidad, Francia da un paso que parece pequeño desde fuera, pero que significa un cambio gigantesco de sensibilidad que difícilmente ningún otro presidente de la República podrá desandar en el futuro. E La nueva dimensión atlántica de Francia lleva consigo otro cambio igualmente trascendental: impulsar el reforzamiento de la idea de una defensa europea. Más allá de las experiencias como la Brigada franco- alemana o el Eurocuerpo, que han sido fructíferas en lo político pero claramente insuficientes en lo militar, Francia va a revivir viejos proyectos franco- británicos que Jacques Chirac y Tony Blair pusieron en marcha en Saint Malo, porque es evidente que ninguna defensa europea puede tener sentido sin el concierto de los dos únicos países que cuentan con una verdadera potencia militar de proyección mundial, por no hablar de sus arsenales nucleares. Es decir, Sarkozy quiere una Francia definitivamente más atlántica, y además pretende aumentar el peso del componente europeo en la OTAN a través de la concertación con el más estrecho aliado tradicional de Estados Unidos. No hace falta decir que tal evolución generará una inercia de la que los países que están en el siguiente escalón militarmente hablando (Alemania, Italia, Holanda y naturalmente España) se van a ver sumidos. El Gobierno socialista español, que había puesto todas sus cartas en el apoyo francés en la OTAN para mantenerse entre dos aguas después de la intempestiva retirada de Irak, se puede quedar muy solo si no toma nota de lo que está haciendo Francia.