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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE VINO Y VINO en otra del Instituto Nacional de Meteorología. Esta mañana le sonríen los mapas: ninguno anuncia lluvias en el Bierzo. A eso de las ocho suele estar en su bodega, en Cacabelos, y comprueba los datos que le proporciona el laboratorio sobre las muestras de uvas recogidas el día anterior (alcohol, acidez, Ph, polifenoles) para decidir qué pago va a vendimiar hoy. Luego hay que comprobar las fermentaciones. A veces, el día se estira hasta la madrugada, cuando por unas pocas horas vuelve el silencio. Isidro Fernández, de treinta y cinco años, propietario de Casar de Burbia, conduce su todoterreno camino de sus viñedos casi sin mirar el camino. La bodega se hace con dinero y el viñedo con tiempo afirma. Él ha pasado muchas horas en estas tierras, en pagos como Sapita o La Valdaiga, en busca de un sello propio. Se trata de rastrear la diferencia, de volverte lo más loco posible dentro de una línea de calidad sugiere. Los resultados también a él le avalan. Sólo en Madrid tiene un centenar de clientes finales, entre ellos muchos de los mejores restaurantes de la ciudad. En otoño, Isidro tendrá una hija. La llamará Mencía. Una metáfora de una denominación de origen con una vida para crecer. Alejandro Luna, de Luna Beberide, planea construir un hotel en sus viñedos Bodegas y Viñedos Pintia Ficha: D. O. Toro. Añada: 2004. Variedades: tinto de toro. Grado de alcohol: 15. Crianza: 14 meses en barricas de roble francés y americano. Precio aproximado: 25 euros. Calificación: 9. Dirección: Bodegas y Viñedos Pintia. Ctra. de Morales, s n. 47530 San Román de la Hornija (Valladolid) Tfo. 983680147 PINTIA 2004 Isidro Fernández, de Casar de Burbia, junto a las cepas que vigila con mimo Un sueño de aromas y recuerdos an Román de la Hornija, un pueblo de Valladolid, al suroeste de la capital, fue escogido hace diez años por la familia Álvarez (Vega Sicilia) para vivir un sueño. Unos mil cuatrocientos años antes, ese mismo pueblo, esas mismas tierras, recibieron al rey visigodo Chindasvinto (padre de Recesvinto) para morir su sueño con 90 años, once últimos de reinado, en un sepulcro junto a su mujer en el monasterio que ordenó construir. De fantasías, pues, y monarquías. De idealizar la realidad con un Pintia que te llena de aromas a fruta roja, y te deja maderas en el recuerdo. De soñar cuando te ocupa la boca con esa fruta, y de sentimientos, de notas minerales, de recuerdos. Pintia atrae palabras como opulencia, bienes y riqueza, equilibrio. Es un vino fresco y a la vez sabroso, que paladeas. Y reinan sus aromas en tu nariz cuando lo dejas, y en tu boca, pero él no te deja. Es largo, largo, como se diría de Chindasvinto en su época, en ese siglo VII que no dejó hasta los 90. En fin, comparten tierra. Y encontraron la belleza. San Román de la Hornija, un pueblo de Valladolid al amparo de la denominación de origen de Toro. Pintia vive allí. Casi cien hectáreas de viñedos, de tinto de toro, de paisajes amparados por la inteligencia. jfc abc. es S Juan FernándezCuesta Dominio de Tares suele elegir el roble francés o el americano para sus vinos Palacios y la pica en América Álvaro Palacios es una leyenda en el mundo del vino. Trabaja en el Priorato, La Rioja, el Bierzo... En el valle dicen que fue él quien cambió el destino de estas tierras. Siempre tuve gran interés por las zonas vinícolas más singulares y misteriosas de España cuenta el enólogo. En 1998, en sociedad con su sobrino Ricardo, comenzó su aventura en esta esquina de León. De 1999 es su reconocido Corullón, en homenaje al pueblo donde se encuentran sus viñedos, un pequeño secreto que en seguida creció como la espuma. En 2001, el Bierzo y Palacios llegaron a Estados Unidos, donde los críticos le premiaron con puntuaciones altísimas. Si hablamos de grandes vinos- -explica Álvaro Palacios- Estados Unidos es el país considerado hoy en día como el espejo de mercado mundial, como en su día lo fue el Reino Unido o en tiempos anteriores ser proveedor de la realeza europea o rusa. Nosotros estamos representados directamente en unos sesenta países Hay quien, no obstante, sitúa en 1989 el primer vino moderno del Bierzo, el Valdeobispo de la familia Álvarez de Toledo. La enóloga era Alicia Eyaralar, ovetense, que empezó su carrera según recuerda a menudo en una pequeña bodega de Villafranca del Bierzo donde se elaboraba el vino de forma rudimentaria