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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA La radio Mónica FernándezAceytuno Bargueño de nogal tallado con motivos de Enrique II y Catalina de Medicis (1550) en el stand de L. Codesero Tabaquera en forma de cómoda, del XVIII, en plata, de François Duval Péndulo de oficial en bronce dorado (1775) obra de Musy padre e hijos la relojería real de Turín (Italia) Adrian Van Utrech, Louis de Canllery... Lorenzo Martínez, cuya especialidad es lo medieval y renacentista, piensa que es el primer Salón de Anticuarios que se adapta a las nuevas necesidades de un mundo más global y especializado y recorrer cada estand supone una maravillosa aventura por el mundo del arte Lleva al Salón una talla románica de una virgen sedante del siglo XII, otra, en madera policromada del XIII; un San Juan Bautista, también del XIII y un relieve Adoración de los Magos del finales del XV entre otras piezas. María Elizari y Pedro Ramón Jiménez, que están al frente de Theotokópoulos cuya especialidad es la obra pictórica europea de los siglos XV XVI y XVII, repi, ten convocatoria tras el éxito de su edición anterior. Llevan como joya un cuadro de Blasco de Grelen de principios del siglo XV Y en la galería de arte antiguo Codosero especializada en esculturas y arte decorativas tienen un curioso repertorio de objetos que incluyen desde un bargueño tallado en nogal (1550) un tintero con tapa o un plato de Talavera (XVII) París bien vale una antigüedad. ace tanto calor que me despierto a eso de las cuatro de la noche. Abro la ventana y es como si la abriera a una habitación cerrada pues el viento respira tan quieto como si lo hubieran encerrado entre cuatro paredes. Y el cielo es tan oscuro, y a la vez tan claro, que todas las estrellas se ven como si estuvieran sumergidas en las profundidades marinas de un mar muy transparente. Es un poco el cielo de la infancia, con toda la Vía Láctea encima, y una luna creciente baja, pequeña y tierna pues acaba de nacer por el Este y lleva, fiel como un acento, una de esas estrellas que la acompañan. Y en esta oscuridad, claridad y quietud, de pronto, las voces de una radio. A esas horas, en el campo, no tendría que oírse más que el ladrido de los perros. Pero había voces en el campo. Voces de radio. Una de esas conversaciones que sostiene la gente que no puede dormir en las madrugadas. Entonces pensé que tenían que venir de algún coche que, con las ventanillas abiertas, estaba en algún camino cercano a mi casa, o quizás, peor aún, dentro de la finca, pues se distinguía con claridad cada palabra del aire, y por vez primera en muchos años, tuve miedo. Me recordó a una noche que también pasé en blanco porque un juguete de mis hijos empezó a sonar afuera con todas sus musiquillas como si alguien estuviera tocando bajo mi ventana las teclas, pero con la luz del día me di cuenta de que fueron tan sólo los dedos de la lluvia los que hicieron al juguete cantar toda la noche por el contacto con el agua. No dormí hasta que la radio se calló al amanecer y al indagar al día siguiente me entero de que se trata de la mala idea que han tenido unos vecinos a los que el jabalí les tumba los maizales y han decidido que un transistor puesto a todo volumen, acabará con su problema. Pero el problema ha empezado porque, a partir de ahora, nuestra voz ya no será nuestro escudo pues le traerá al jabalí el recuerdo de las noches cuajadas de estrellas en las que entraba a saco en los maizales mientras volaban por el valle unas voces que no hacían nada más que quitar el sueño a los que duermen de noche. H