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ABC VIERNES 14 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA EDUCACIÓN, ESTÚPIDOS UIZÁ no sirva para ganar unas elecciones, como la economía o el terrorismo, pero es la clave del progreso de un país. Por eso no conviene disiparse en debates superficiales y batallitas tácticas, tan propios del arranque del curso; se puede ser o no partidario del uniforme en la escuela- -yo lo soy- o de la Educación para la Ciudadanía- -apúntenme entre los detractores, aunque no entre los objetores- o de la mano blanda en el Bachillerato- -otro error grave- pero los verdaderos problemas de la enseñanza en España son distintos. Dos fundamentalmente, que engloIGNACIO ban, enmarcan y definen CAMACHO nuestro desastre educativo: la falta de rigor y conocimientos en el sistema de aprendizaje y la ausencia de un consenso básico nacional que estabilice los planes de estudio y dé sentido de continuidad a sus reformas más allá de los cambios de Gobierno. El primer problema, que se suele identificar bajo las recurrentes siglas de la LOGSE, está deshabitando de sensatez los programas, y ha instalado en la escuela una perversa trivialidad. Está muy dicho, aunque el discurso se pierde en el desierto de la dominante pedagogía autollamada progresista: se ha perdido el concepto de esfuerzo, de tenacidad, de perseverancia; se ha diluido la jerarquía intelectual y se ha desprotegido de autoridad a la figura sagrada del maestro, del enseñante, del profesor. Además, la regionalización de los contenidos ha devastado la necesaria universalidad del conocimiento transmitido, deformando gravemente la panorámica mental del alumnado. Ello es posible porque hace años, décadas, que falta en España un consenso esencial, mucho más imprescindible que en cualquier otro aspecto de la política. Hace mucho tiempo que dos generaciones de españoles no estudian bajo el mismo proyecto porque cada Gobierno trae su ley bajo el brazo, sin que a veces le dé tiempo siquiera a aplicarla. El pulso ideológico que divide al país ha construido una trinchera en la enseñanza, que vive entre bandazos sin que nadie acierte a proponer- -ni desee hacerlo- -un pacto estable de mínimos comunes. Cuando se trata del futuro no vale siquiera con la mayoría de la mitad más uno: se necesita una alianza de gran amplitud, como un acuerdo constitucional de bases que defina el sentido de la educación de los españoles bajo unos principios que no caduquen con cada mandato electoral. Las reformas sin consenso están condenadas, y el resultado es un carajal de planes y leyes que se suceden tras cada relevo ministerial ante el desconcierto de educadores y educados. Mientras ese compromiso elemental no se aborde, todo lo demás será un tira y afloja sometido a la coyuntura política. Ya puede este Gobierno rebajar aún más la exigencia académica de los bachilleres, o tratar de imponer un adoctrinamiento político como el antiguo régimen; eso es como fijar carteles en el aire. Durará lo que aguanten en el poder sus mentores. Y mientras tanto, en la asignatura- llave de articular una enseñanza sólida y competitiva, seguimos suspensos convocatoria tras convocatoria. Aunque algunos se crean que han aprobado el curso con sus propias normas de promoción automática. Q EL BURLADERO EL TIGRE Y LAS BUENAS INTENCIONES UPONGÁMOSLE al presidente del Gobierno la mejor de las intenciones, la más absoluta de las noblezas, el sincero deseo de confeccionar, sin otros intereses que los del pueblo español, el futuro más estable posible para la ciudadanía. Supongámosle una audacia a prueba de asesores timoratos, una visión clarividente y un tesón inquebrantable en la puesta en práctica de sus convicciones. Supongámosle un forro de titanio aislante de la corrosión que producen los contratiempos y un apoyo firme de sus seres más próximos. Supongámoselo todo. En su día, ZP debió de pensar que lo mejor era amortiguar el metálico tacleteo de las reivindicaciones nacionalistas con una propuesta novedosa y valiente: reformemos la Constitución sin tocarla, por la puerta de atrás, conseguid vosotros el puñetero autogobierno, jugad a la soberanía menuda y mientras tanto dejadme que yo convenza a ETA de que puede dedicarse a la política. Por demás, dejadme que pacte en Galicia y Cataluña con los independentistas y ayudadme a arrinconar al PP en toda España mediante el Tinell y lo que se tercie. Perfecto sobre el papel; ni CARLOS una sola pega. El único problema es HERRERA que la realidad no es un dictado, la realidad es un capricho, y Rodríguez Zapatero se ha topado con la crudeza de las cosas, no siempre adecuadas a su voluntad. Los estatutos han fracasado desde el momento en que han sido recortados por la sensatez de las leyes- -sin que aún el lento e irresponsable Tribunal Constitucional haya dicho esta boca es mía- -y los nacionalistas que en el mundo han sido se han sentido traicionados: los convergentes no han raspado poder en Cataluña y el PNV ha visto cómo el proceso de negociación con ETA, sus niños díscolos, lo ha protagonizado el partido socialista vasco. Nada hay peor que un nacionalista traicionado en sus pretensiones más elementales. El enfado les ha llevado a querer ser más independentistas que el inventor del independentismo y mostrar su rostro más furioso. Pujol, esa gran mentira de la política de estado, ha acabado en abuelo cebolleta S instando a la insumisión fiscal, y Maragall, la cabeza que no acaba de rodar por la ladera del Tibidabo, reclama a estas alturas un estado propio para Cataluña después de muchos años de engañarnos a todos haciéndose pasar por un catalanista comprometido con la España común. Los independentistas del PNV por su parte, no contentos con el disparatado Plan Ibarreche, dedican su tiempo a preparar un fantasmagórico referéndum en cajas de colacao, y, para un nacionalista que les había salido dialogante y educado- -que no te escupe trozos de bacalao al pil pil mientras te habla- van y se lo pulen. En resumen, al supuestamente bienintencionado Rodríguez Zapatero le ha salido la apuesta absolutamente al revés: se le encabrona el nacionalismo, ETA no le cree, le rompe la tregua y los supuestos amigos con los que ha afrontado la legislatura se le suben a la chepa. A los gobiernos de Aznar les reprocharon no entender a los nacionalistas con sus posturas rígidas y displicentes, pero lo cierto es que los que ahora gobiernan, con sus maneras cercanas a la servidumbre, no han conseguido más que elevar sus reivindicaciones al máximo nivel conocido. Un desastre en la práctica. Sin Imaz en la dirección del partido del nazi Arana todo va a ser más difícil, porque Imaz, aunque independentista por igual que sus compañeros de taller, manejaba otros plazos de ejecución y otro discurso, otras maneras y otro sistema de cautivación colectiva. Ahora es cuando quiero ver yo al bueno del presidente y al menos bueno de Pachi López negociando con los eguíbares el futuro de la cosa. En Cataluña le pide la independencia hasta Artur Mas, el socio del Pacto del Tabaco, y en Galicia, sus socios del BNG, quieren criar bebés soberanistas desde la guardería. Menudo panorama. El mundo está lleno de buenas intenciones, pero también está lleno de políticos excesivamente ambiciosos que nunca acaban de comprender que dar de comer a los tigres tiene un único problema: que si les parece poca carne la ración diaria, acaban comiéndote el brazo. Y ahora, el bienintencionado Rodríguez Zapatero busca uno ortopédico. Desgraciadamente, no es fácil encontrarlo. www. carlosherrera. com