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ABC VIERNES 14 s 9 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA EL CORTAFUEGO (I) Alguien me ha reprochado ya utilizar contra el NP la misma acusación que los nacionalistas catalanes lanzan contra Ciutadans, o sea, la de lerrouxismo Pues sí, no tengo inconveniente en admitirlo. Algo hay de ello: frente a los nacionalismos y al PP, la posición del NP huele a lerrouxismo clásico, de la época de la Rosa de Fuego (no es una alusión malévola a Rosa Díez) pero, en lo que concierne a su posición frente al PSOE, se me ocurre un símil mucho más evidente: trosquismo... A editora Ana Nuño me sugiere unas siglas para la criatura política a la que todo el mundo se refiere como el partido de Rosa Díez Con apresuramiento, la calificaba yo el otro día de neonata Sus promotores sostienen que aún no ha concluido la gestación, pero, por si acaso, ya han propuesto algún nombre- -abstruso y difícilmente memorizable- -para el bautizo. Ana piensa que lo más sensato sería referirnos a dicho proyecto como NP, que lo mismo podría corresponder a Nuevo Partido que a No- Partido, habida cuenta de que no acaba de nacer y se anuncia además como superación hegeliana de los partidos realmente existentes. Me parece útil su propuesta, y la adopto sin más dilación en la siguiente tentativa de análisis, que trata de ceñirse estrictamente a los datos conocidos. El primero, la personalidad de los que aparecen como principales impulsores del NP; es decir, Díez, Savater, Martínez Gorriarán y, desde el jueves pasado, Mikel Buesa. ¿Qué tienen en común? Yo diría que unas cuantas cosas: son vascos, de izquierda y pertenecen a una misma generación. A pesar de la diferencia de edad entre el senior Savater y el junior Martínez Gorriarán, caen todos dentro de los límites orteguianos de lo que puede llamarse generación del 68, de la que representan, sin duda, la parte más limpia, porque jamás se dejaron tentar por sirenas totalitarias, ya fueran comunistas o abertzales. Díez y Buesa vienen del socialismo democrático, y Savater fue algo así como el Cohn- Bendit español. Martínez Gorriarán, más joven, se inició en política enfrentándose al terrorismo etarra. No tienen, por tanto, un pasado del que avergonzarse, lo que está muy bien, pero, en cierto sentido, supone una desventaja respecto a quienes probamos el veneno: si nunca te has emborrachado, te costará reconocer los síntomas de la embriaguez. l segundo dato corrobora el romance de la inocencia: no sabemos aún qué será el NP, pero sí que se enfrentará por igual al desmadre confederal de la izquierda y al clericalismo de la derecha. Yo decía que la fórmula me sonaba a tradición republicana y ahora añado dos adjetivos más: ateneísta e intelectual, con la connotación compartida de política de casino y velador. Me recuerda, en efecto, a la larga procesión de partidos republicanos que va de Pi y Margall a Azaña y que cifraron los males de la patria en la Iglesia y el espíritu de campanario, a los que aplicaron siempre la misma receta: anticlericalismo (el anticatalanismo republicano- -y nada digamos del antibizkaitarrismo- -fue siempre inseparable del anticlericalismo; no eran manías independientes) Alguien me ha reprochado ya utilizar contra el NP la misma acusación que los nacionalistas catalanes lanzan contra Ciutadans, o sea, la de lerrouxismo Pues sí, no tengo inconveniente en admitirlo. Algo hay de ello: frente a los nacionalismos y al PP, la posición del NP huele a lerrouxis- L mo clásico, de la época de la Rosa de Fuego (no es una alusión malévola a Rosa Díez) pero, en lo que concierne a su posición frente al PSOE, se me ocurre un símil mucho más evidente: trosquismo. propósito del trosquismo del 68, observa Paul Berman (Power and the idealists) que los trosquistas nunca han destacado en nada, salvo en su habilidad para dividir al electorado de izquierdas y favorecer las victorias conservadoras en los comicios lo que podrá parecer una reedición de las viejas acusaciones estalinistas, pero no por eso deja de ser una apreciación bastante exacta. Pero, paradójicamente, no parece que la irrupción del NP en la escena electoral vaya a ser más perjudicial para la izquierda que para el PP Es difícil prever sus resultados- -aunque Martínez Gorriarán haya especulado con la perspectiva de dos o tres diputados- pero no creo aventurado suponer, con el propio Martínez Gorriarán, que buscarán sus votos en un electorado urbano de izquierda, desilusionado por las concesiones del PSOE a los nacionalismos y la chapuza del proceso de paz Está claro que nadie sabe todavía si tal electorado existe, pero pongámonos en la hipótesis de que hay, en efecto, una cantidad de votantes del PSOE descontentos de la gestión del Gobierno, suficiente para sacar dos o tres representantes en las próximas legislativas. A la cuestión de dónde iría su voto en el caso de que no se presentase el NP caben varias respuestas, todas hipotéticas, pero algunas más probables que otras. Por supuesto, los promotores del NP ni se plantean que pueda ir a la derecha, pero sospecho que en esta hipótesis- -que implica la abstención como destino mayoritario de dicho voto- -influye un doble prejuicio: la suposición de que ese electorado es homogéneamente de izquierda y la suposi- A ción de que un votante de izquierda nunca dará su voto al PP (que es, por cierto, lo que Savater afirma de sí mismo) Las cosas no me parecen tan claras. En primer lugar, no todos los votantes de izquierda son como Savater: algunos no tienen tantos escrúpulos. Pero, además, parece lógico pensar que buena parte de esos votantes desengañados no son de izquierda, sino de ese centro más o menos oscilante que en 2004, conmocionado por el 11- M, dio su voto a Rodríguez Zapatero y que, en 2008, podría muy bien dárselo a Rajoy. En tal supuesto, el NP actuaría como un cortafuego para impedir que ese voto llegase al PP. Como es obvio, los partidarios del NP arguyen que, previsiblemente, sus votos procederán de la izquierda y que, por tanto, no perjudicará al PP en su zócalo electoral. El argumento es engañoso, porque se trataría de un voto ya definitivamente perdido para el PSOE y cuyo destino natural sería la abstención. O no. Es cierto que el voto adscriptivo del PP no se moverá hacia el NP pero este partido será, sin duda, el más perjudi, cado por la aparición de la nueva opción política. ay tres factores que favorecen el desplazamiento del voto oscilante hacia el NP. En primer lugar, el atractivo personal de sus promotores, verdaderos símbolos de la resistencia cívica al terrorismo nacionalista. Los otros dos son falaces: el espantajo del clericalismo de la derecha, presentado subrepticiamente como amenaza de mangoneo político de la Iglesia, no se sostiene al contrastarlo con la realidad. Sería estúpido pretender que el PP está totalmente exento de excrecencias clericales, pero aquí se juega con la ecuación catolicismo igual a clericalismo, lo que me parece deshonesto. Indudablemente, el NP puede inclinar de este modo a su favor la opinión de un sector del electorado, no estrictamente laicista pero radicalmente secularizado. El tercero de estos factores tiene que ver con el objetivo expreso de regeneración de la democracia (se me ha reprochado atribuirles un objetivo distinto, la regeneración de la izquierda lo cierto es que los promotores han hablado indistintamente de uno y de otro) Es posible que esta consigna encuentre eco en quienes se sienten legítimamente angustiados por una serie de problemas que van desde el terrorismo hasta la subida de las hipotecas, pero nada de esto tiene que ver con degeneración alguna de la democracia debida a la perversión de los grandes partidos, y pretenderlo es sencillamente demagógico. Seguramente, nuestro sistema político necesita reformas y retoques, pero no porque la democracia haya degenerado. El problema está en otra parte: los frentes partitocráticos nacionalistas y la desastrosa política del gobierno de Rodríguez Zapatero, pero para enmendarlo está la alternancia, a la que no va a contribuir precisamente el NP. H E JON JUARISTI