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ABC JUEVES 13 s 9 s 2007 INTERNACIONAL 37 Usted ganó, general Cuando el narco Diego León Montoya fue capturado en un hoyo tapado con hojas en la selva, se limitó a pedir medicinas para la tensión. Estaba casi solo, con su anciana madre y una modelo de 27 años, pero se había fugado 11 veces en 18 meses POR ALEJANDRA DE VENGOECHEA CORRESPONSAL BOGOTÁ. Las Fuerzas Especiales del Ejército colombiano no se cansan de repetirlo: Nada más frágil que un mafioso acorralado en la madrugada Por eso, la operación durante la que se capturó esta semana a Diego León Montoya, de 49 años, que junto con Osama Bin Laden era uno de los diez fugitivos más buscados del mundo por el FBI, sólo la conocían cuatro personas: el presidente Álvaro Uribe, su ministro de Defensa, un alto oficial y el informador, que recibirá parte de los cinco millones de dólares de recompensa. Sabíamos que era un hombre muy poderoso y que había sufrido un accidente. Pero jamás que estuviera tan imposibilitado confesaría Mario Montoya, comandante del Ejército. Y es que el operativo se sorprendió por lo fácil que cayó el dueño del 70 de la coca que se envía a Estados Unidos y Europa. Sólo tenía dos guardaespaldas contra los cientos de soldados que cayeron desde el aire a las cuatro de la mañana en las ruinas en que se refugiaba. Tampoco le sirvió vivir con lo justo para pasar desapercibido. Cuando fue capturado. Montoya tenía un huevo podrido en la nevera, una madre que temblaba, una modelo de 27 años y un colchón manchado. En su huida, el capo además cometió dos errores: se dejó su cartera con los documentos que lo identificaban como el Señor de la Guerra sobre el que pesan acusaciones de 1.500 asesinatos, y se escondió en un hueco disimulado con hojas sin pensar que la pierna enferma que arrastraba tras un accidente, dejaría huellas imborrables en el lodo. Se nos había fugado once veces en los últimos 18 meses contaría el comandante del Ejército tras explicar que Don Diego era de alguna manera la joya de la Corona pues se trataba del capo más importante después de Pablo Escobar- -líder del cartel de Medellín, asesinado en 1993- -y los Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali, extraditados a EE. UU. Usted ganó general, usted ganó cuentan que dijo cuando quitaron las hojas y lo vieron arrinconado en su madriguera pidiendo un remedio para la tensión alta. Luego guardó silencio- -sólo ha dicho que no delatará a nadie y que se someterá al juez- -y se sumergió en una resignación total. Pero los colombianos son poco optimistas frente al narcotráfico, pues saben que la captura de peces gordos no es el fin de la historia. Pese a que con la muerte de Escobar y el arresto de los Rodríguez en 1995, Colombia sintió que al fin se vengaba a los muertos, la consecuencia de tanta persecución fue peor que la enfermedad. El negocio de la droga se atomizó y se especializó en un país que lleva más de cuatro décadas de conflicto armado. Según explicaba hace unos meses el general Óscar Naranjo, director de la Policía, la droga hoy está en tres manos. Primero, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- -primera guerrilla del país- que La droga, en tres manos financia su guerra con la droga, vigila los arbustos y contrata campesinos para procesarla. También, los herederos de los paramilitares de extrema derecha, que surgieron en los 90 para combatir a la guerrilla y que hoy están desmovilizados y se encargan de buscar los proveedores. Y en la cúspide de la pirámide, los baby- cartels grupos de entre 5 y 25 personas especializadas en áreas de trabajo: unos consiguen aviones y las lanchas, otros manejan la química para fabricarla y los demás lavan dólares. Según inteligencia militar, hay 180 baby- cartels identificados.