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ABC JUEVES 13 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ORGÍA DE TALIBANES ES está hirviendo el radiador. Toda la política apaciguadora de Chamberlain Zapatero frente a la crecida del nacionalismo ha desembocado en una escalada de exigencias que no sólo recalienta la tensión frente al Estado, sino que se lleva por delante a los moderados en medio de una orgía de talibanes en trance de iluminada excitación. Cuando Pujol y Maragall compiten a ver quién llega antes a la montaña sagrada del soberanismo, adelantando a Carod Rovira por el camino, es que la temperatura ambiental ha alcanIGNACIO zado el grado rojo de fuCAMACHO sión de los materiales de la sensatez. Cómo estaría el patio que hasta Duran Lleida prefirió quedarse en casa para no participar del akelarre de la Diada, o acaso para preservar su imagen razonable por si llega el momento de muñir un pacto. Pero esto fue el martes, y los acontecimientos se precipitan en un vértigo inquietante; ayer la manada de lobos del PNV se comió por los pies a Josu Jon Imaz, que tampoco es que sea un españolazo: simplemente discrepaba en el manejo de los tiempos y proponía dejar la autodeterminación para pasado mañana. Eso es muy tarde para los fundamentalistas de la secesión, que quieren apretarle las tuercas a Zapatero el Pacificador al verlo parapetarse tras el logotipo del Gobierno de España A ver si el Gobierno de España se comporta como tal cuando Ibarretxe, Egibar y su enloquecida tribu de fanáticos abertzales saquen a la calle las urnas de cartón para celebrar la farsa del referéndum. Imaz, que gastaba fama de comedido porque hablaba bajito y sin decir barbaridades, ha tirado la toalla al verse en minoría y desprotegido ante el tsunami levantisco, sin fuerzas para ejercer de amortiguador de la presión soberanista. Lo han arrollado por ponerle reparos estéticos a la idea de celebrar la consulta con ETA haciendo campaña a bombazos; no es que no le pareciese bien el fondo del asunto, sino que repugnaba a su talante atemperado la manera tan zafia de abordarlo y trataba de mitigar siquiera un poco el frenesí de la secesión. Pero ya no hay sitio para escrupulosos; los jerarcas de la nomenclatura jeltzale la cúpula de poder del nacionalismo vasco, temen precisamente que si ETA mengua decaigan los argumentos chantajistas con que sostienen su huida hacia delante. Así que he aquí el fruto del imaginativo hechizo del Gran Mago de Moncloa, que con sus caricias y arrumacos iba a amansar a las fieras como San Francisco de Asís, en contraposición a aquel arisco Aznar que les quería arañar el hocico con su áspero bigote. Quizá creía que los mantras de la y la nación de naciones iban a adormecer a las bestias, pero éstas lejos de narcotizarse con la retórica se meriendan a los colegas más apacibles de la manada, y con sus despojos entre los dientes desafían al presunto hipnotizador retándole a desplegar otro sortilegio más eficaz. Y sin embargo, él sonríe. L DAVID MILIBAND, FOREIGN OFFICE EXTERIOR E L nuevo secretario del Foreign Office David Miliband, es una fuerza de la naturaleza. Desde Anthony Eden hasta Margaret Beckett, hemos conocido antecesores suyos. Eden, luego primer ministro, dimitido a raíz de Suez, 1956, no era un superdotado. Pero Miliband es estelar: lo demostró en el desayuno del viernes, Instituto Elcano (conducido por Charles Powell, y no era fácil de hacer) Lo de menos es que Miliband sea de ascendencia judía, o que tenga una gran carrera académica: grado B en Ciencias Físicas; Corpus Christi College de Oxford (cum laude en Filosofía, Ciencias Económicas y Ciencia Política) de nuevo Ciencia Política en el MIT, Estados Unidos; luego alumno de la Kennedy School en Harvard. Los curricula, a veces, son útiles. Además, los genes marcan: Ralph Miliband, padre de David, refugiado polaco en Reino Unido, fue fundador de dos prestigiosas revistas de la izquierda británica; fue alumno y después competidor de Harold Laski. Ebanista de afición, reparador de muebles dañados por los bombardeos de 1940, Miliband fue uno de los primeros en condenar la invasión de Hungría por los soviéticos en 1956. DARÍO Miliband hijo entró en política en VALCÁRCEL 1994, a los 29 años. Al ganar Blair las elecciones, se convirtió en jefe de facto del equipo del nuevo primer ministro. Ya por entonces Alastair Campbell le puso un mote, el Cerebro. Elegido en la Cámara de los Comunes en 2001, fue designado en 2006 para un puesto de relieve, ministro de Medio Ambiente. En esta columna no se publican cvs: pero nada se entiende sin estos datos. Demuestran cómo un país de 60 millones de habitantes (300 EE. UU. 1150 India; 1300 China) puede mantenerse en lo alto gracias a ese triple compuesto, inteligencia, libertad, voluntad. Reino Unido, atentísimo siempre a las corrientes, internas y externas, supo atraer al belgapolaco Miliband. De sus 40 minutos, utilizados al límite, David Miliband lanzó tres cables de gran alcance: a Europa, al mundo y... a Turquía. Primera botella con mensaje, el Reino Unido, pieza clave para la trayectoria del nuevo tratado de la UE, se presenta, con los nórdicos, como inflexible defensor de una política del Cambio Climático. El informe Stern, que Blair adoptó, ha revolucionado las relaciones con Estados Unidos. Pero hay 26 estados en Norteamérica- -ventajas del sistema federal- -tan exigentes o más que los británicos en Medio Ambiente. El progreso de los occidentales, cree Miliband, hace imposible vivir en estado de equilibrio con la Naturaleza. Esta cuestión será decisiva para el primer gobierno de Gordon Brown. Segunda botella: Los británicos no estuvimos en el grupo fundador de la UE, tampoco los españoles En el origen de la Unión hay un equívoco: ampliar la UE no equivale a debilitarla. La Unión es más fuerte, sostiene Miliband, a medida que se amplía. La seguridad de Europa no es posible sin una Unión extensa. Esto lleva a pensar en una Europa en la que Turquía pueda pactar su difícil integración (Nicolas Sarkozy, ha vuelto sobre algunos obstáculos puestos a Ankara) Es la tercera botella lanzada al océano: una parte, quizá mínima, de Turquía es europea e incluye Estambul, Constantinopla durante veinte siglos. ¿Podemos olvidarlo? La seguridad europea depende de sus fronteras. Somos la generación de la post guerra fría, repitió Miliband, también del 11 de septiembre. El peligro de Al Qaeda puede ser conjurado por una Europa rigurosamente integrada, no por una Europa pequeña. El mundo musulmán se ha sentido humillado durante los últimos 500 años. Hay un difícil choque de civilizaciones. Somos una civilización superior, añadió Miliband con no poco valor. La distancia que separa a Montreal, Los Ángeles o Berlín, añadimos nosotros, de Jartum, Riad o Teherán, es de 500 años. Hoy el gobierno de los antiguos persas se escuda en una aburrida tentativa nuclear para esconder algunas incapacidades: son grandes productores de petróleo pero no refinan bastante gasolina y han de importarla. Una de las bases de la distancia tomada por los occidentales se funda en la secularización del estado. La igualdad entre naciones avanza estadísticamente. La desigualdad entre individuos empeora realmente. Apenas hemos entrado en nuestro asunto y no hay espacio. Volveremos. Perdonen.