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ABC JUEVES 13 s 9 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA EL ERROR KOSOVO Por razones torcidas, Rusia ha impuesto su voluntad en el Consejo de Seguridad y obtenido un aplazamiento en la decisión de Naciones Unidas. Sería imprescindible el aprovechamiento del tiempo ganado para replantear toda la cuestión de Kosovo en términos acordes con las necesidades y las sensibilidades del tiempo presente. Ahtisaari no es la solución... ESDE el 23 de marzo hasta el 10 de junio de 1999, setenta y ocho días que parecieron interminables, la OTAN intervino militarmente en Kosovo. Era la primera vez que en toda su historia la Alianza desencadenaba una acción militar. Era también la primera vez que lo hacía en un espacio geográfico ajeno al originalmente descrito en el Tratado de Washington, circunscrito al territorio de los Estados miembros en el área del Atlántico Norte. La acción bélica emprendida no era estrictamente una acción defensiva, única contemplada en el Tratado, ibadirigida contra un Estadosoberano miembro de las Naciones Unidas y se realizó sin autorización del Consejo de Seguridad. La acción militar, de una extraordinaria contundencia, tuvo un componente básicamente aéreo, registrando un total de 38.000 vuelos, de los cuales 10.484 fueron de bombardeo. Los objetivos eran primordialmente de orden militar y concentrados en las Fuerzas Armadas yugoeslavas pero a medida que la resistencia encontrada se revelaba mayor de la prevista, los bombardeos incluyeron infraestructuras civiles, que quedaron gravemente dañadas, y los eufemísticamente calificados como daños colaterales -víctimas civiles- -hicieron desgraciadamente su no corta aparición. Entre ellos cabe recordar el bombardeo de la sede de la Embajada china en Belgrado, origen de un agrio y grave conflicto diplomático. La conducción del conflicto no estuvo ausente de tensiones en el seno de la Alianza, cuyos componentes habían decidido actuar en las difíciles condiciones en que lo hacían, y a pesar de ellas, animados por la loable convicción de que las acciones de Slodoban Milosevic en el territorio, practicando una política brutal de limpieza étnica en contra de la mayoritaria población de origen albanés, conducían a una catástrofe humana que era necesario evitar a cualquier precio. La operación se saldó con un claro éxito militar y político para la OTAN. Los Gobiernos aliados supieron mantener la cohesión hasta el final del proceso y las disidencias existentes en las opiniones públicas respectivas o en la oposición de Rusia a la intervención no alcanzaron nunca nivel significativo. La OTAN sabía hacer la guerra y sabía hacerla bien. ntes, durante y después del conflicto los portavoces de la Alianza y de sus miembros se esforzaron en recalcar que la acción bélica tenía como finalidad la de impedir el aniquilamiento de un grupo humano, apoyando el retorno a la estabilidad en los Balcanes, nunca la de favorecer la independencia de Kosovo. En realidad la garantía de la integridad territorial de Yugoeslavia- -tal como había quedado después de las independencias de las restantes Repúblicas de la antigua Federación- -constituía la mejor prenda, en realidad la única, de los aliados frente a Belgrado: la seguridad de que la guerra no se había hecho para alterar sus fronteras. El mismo día en que la OTAN da por finalizadas las operaciones militares, el 11 de junio de 1999, el Consejo de Seguridad recupera su capacidad de actuación para recordar en la Resolución 1244, que la D solución política a la crisis de Kosovo debe tener en cuenta, entre otros extremos, el respeto a los principios de soberanía e integridad territorial de la República Federal de Yugoeslavia La misma Resolución había reafirmado el respeto de todos los Estados miembros a la soberanía y a la integridad territorial de la República Federal de Yugoeslavia... en los términos del Acta Final de Helsinki En ese sentido el Consejo se hace eco de la declaración sobre Kosovo que pocas semanas antes, el 6 de mayo, habían firmado los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros del G- 8 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón) Según unos y otros, pues, el futuro de Kosovo debía canalizarse a través de una autonomía substancial en el marco de la Federación Yugoeslava- -hoy, tras la independencia de Montenegro, reducida a Serbia- o que en este momento está proponiendo la ONU para el territorio a través del dictamen elaborado por el ex presidente de Finlandia Martti Ahtisaari desemboca pura y simplemente en la independencia kosovar, desoyendo las reiteradas llamadas que el mismo Consejo de Seguridad había realizado en sentido contrario. Y forzoso es constatar que, salvo vigorosa reacción de la comunidad internacional, Kosovo será independiente en plazo no demasiado lejano. No era ese el objetivo por el que lucharon los aviones de la OTAN. No era ese el objetivo que el Consejo de Seguridad se había marcado tras la intervención humanitaria En realidad el informe Ahtisaari, seguramente de manera involuntaria, endosa la política contra la que se produjo la acción militar aliada, sólo que cambiando los elementos de la ecuación: allí donde antes se luchó para que los albaneses no fueran desplazados por los serbios hoy se da razón a la predominancia albanesa, incluso a costa de la desaparición L de los pocos serbios que todavía pueblan el territorio. Y la razón ofrecida no es otra que la constatación de un fracaso: es difícil, dicen, imaginar la coexistencia entre serbios y albaneses. Eso ya se sabía antes de comenzar la guerra, concebida como un elemento de fuerza en la solución del conflicto. Que desde entonces hayan transcurrido ocho años de intensiva presencia internacional en el territorio- -ONU, OTAN, UE- -para concluir que la única solución consiste en violar algunos de los más elementales principios de la vida internacional, tal y como los recoge la Carta de las Naciones Unidas, es ciertamente descorazonador. En esta historia de Kosovo nadie es por completo inocente. Fue siempre absurdo y potencialmente sangriento el fervor nacionalista depositado por los serbios en el antiguo campo de batallas perdidas, torpe y criminal el tratamiento de la población albanesa, insuficiente la actitud de la Serbia post- Milosevic para encarar la gravedad del problema. Como también poseen importante cuota de culpa los albaneses, que han dilapidado la razón que les da el número en la práctica de una política tantas veces reflejada en la de los serbios- -grupos terroristas armados, exclusión absoluta del diferente, satanización del contrario- Y equivocadas las razones de la Federación Rusa- -el único miembro permanente del Consejo de Seguridad opuesto al plan Ahtisaari- -al tomar partido por los serbios: no está en juego la parroquial solidaridad nacional- cultural- religiosa, sino la posibilidad de hacer posible unos Balcanes postyugoeslavos cimentados en la convivencia democrática y respetuosa de los diversos en raza, religión o cultura. Sin por ello olvidar a los países occidentales, a lo que parece embarcados sin remedio en una política guiada por el deseo de castigar a los serbios. ero un Kosovo independiente no sólo vulnera el principio de derecho internacional que reclama respeto a la integridad territorial de los Estados. Concede alas, desde la cúspide de la comunidad internacional, a todos los irredentismos separatistas que quieren abolirlo. Apuesta por una sociedad sin matices, compuesta exclusivamente por los de un mismo color, una misma lengua, una misma raza o una misma religión. Crea inevitablemente una nueva inestabilidad regional, que acabará por afectar de manera grave a todos los vecinos. Y constituye claramente un gigantesco paso atrás en todos los esfuerzos de la humanidad para construir comunidades de ciudadanos diferentes y libres, capaces de convivir pacíficamente a pesar de sus diferencias. Por razones torcidas, Rusia ha impuesto su voluntad en el Consejo de Seguridad y obtenido un aplazamiento en la decisión de Naciones Unidas. Sería imprescindible el aprovechamiento del tiempo ganado para replantear toda la cuestión de Kosovo en términos acordes con las necesidades y las sensibilidades del tiempo presente. Ahtisaari no es la solución. P A JAVIER RUPÉREZ Embajador de España