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Miércoles 12 de Septiembre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.509. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany LA SECESIÓN E Maggie Bartram, empleada de Harrods, observa a Cedric, la cobra encargada de vigilar una sandalia de René Caovilla REUTERS Picadura con diamantes En una mezcla de búsqueda de seguridad y de notoriedad, los almacenes Harrods de Londres han decidido utilizar una serpiente venenosa para custodiar unas sandalias que cuestan 90.000 euros FEDERICO MARÍN BELLÓN arrods ha encontrado la manera de hacer sombra a los Manolos de nuestro compatriota Blahnik, que se hicieron aún más famosos gracias a la serie de televisión Sexo en Nueva York Los almacenes londinenses han contratado a una cobra para vigilar su producto más caro, un par de sandalias de lujo, como mínimo asiático, que tienen el escurridizo precio de 62.000 libras esterlinas, lo que al cambio actual equivale a poco más de 90.000 euros (y menos mal que las pesetas se nos han quedado antiguas) Algún comprador despistado podría pensar que el animalito es falso, pero el ofidio que vigila desde el lunes los zapatos del diseñador René Caovilla es una auténtica cobra egipcia (por algo posa de perfil) El bicho no sólo esta allí como compatriota del multimillonario dueño del centro comercial, Mohamed Al- Fayed, sino que tiene la fundamental misión de ahuyentar tentaciones y atraer miradas (o bifiversa El elevado coste de estas sandalias no sólo obedece a la buena mano de Caovilla para vestir los pies de hombres y mujeres, sino al material empleado para rematar estas obras de arte condenadas a ser disfrutadas a ras de suelo: rubíes, zafiros y diamantes. Lo que nadie ha aclarado es cuánto ha costado la cobra, cuya piel no es menos auténtica que la del mejor calzado, ni si aterrizó en la capital británica tan estresada como nuestros flamantes osos panda en Madrid. No es la primera vez que el italiano incluye piedras preciosas en sus creaciones, que en las últimas décadas han engrosado los catálogos de Valentino, Cristhian Dior, Chanel y Karl Lagerfeld. En esta ocasión, las ha adornado con una pequeña serpiente cuyo cuerpo está confeccionado con numerosos zafiros, que suman un total de 20,6 quilates. Los ojos son sendos rubíes, que diría el poeta, y en la cabeza lleva una pequeña corona cortada a partir de un diamante de 3,5 quilates. Jennifer Aniston, Heidi Klum, Diane Kruger, Carmen Electra y, cómo no, Paris Hilton son algunas de las afortunadas que han puesto suela de por medio bajo la firma del cotizado diseñador, quien de momento ha conseguido con una sola de sus piezas- -no se deben de fiar demasiado de la eficacia protectora de la cobra, porque de momento sólo exhiben el pie derecho- -que el escaparate de un centro comercial se ponga a la altura de la joyería Tiffany s de Nueva York. Esperemos que la cobra no se coma los zapatos y termine como la boa del Principito. En cualquier caso, como serpiente de verano (tardío) su participación ha sido más que digna. H n Europa, las reivindicaciones independentistas son el pan nuestro de cada día. Bélgica, que es donde vivo mientras medie un guión- -o un rey- -entre los belgas, se pasea estos días por el filo de la secesión. En muchos comercios se están recogiendo firmas en defensa de una unidad que, en el fondo, todos salvo los políticos desean. Pero hay quien vive de tensar la cuerda y, mientras ésa sea una dolce vita será casi imposible que avancemos. Ocurre lo de siempre: por cada Calatrava que te construye un puente, hay un hermano tonto que lo cierra. También los españoles, tan dados a matarnos sin razón aparente, andamos en debates rupturistas y en pleno subebaja de banderas. Dice Pujol, que como buen tendero suele tener trucada la balanza, que está creciendo el mutuo hartazgo entre España y Cataluña. Ignoro en qué consiste su rampante fatiga, pero sé ya hace tiempo que la mía nace en la imposición del sectarismo, espuma en la ovación a la estulticia, bebe en una política excluyente, se nutre de recelos y desplantes, aumenta cuatro tallas por propuesta demente y hace pesas en tanta hipocresía. Separar de un Estado un territorio tiene un precio muy alto, casi, casi invisible. Las rosas de un divorcio al alba son espinas. ¿Qué haremos con la casa? ¿Quién se queda los muebles? Yo, cuando me imagino a un compatriota- -pongamos a algún miembro de mi familia catalana- -aterrizando en Madrid con pasaporte, o a mí misma pidiendo a glass of water en el hermoso pueblo de Gerona donde brotó mi sangre como el agua, siento un indescriptible desaliento. Si siente usted lo mismo, no se me haga el inerte cuando llegue el momento. Salga, mire, compare, piense y vote.