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ABC MIÉRCOLES 12- -9- -2007 Mercedes Cabrera, ministra de Educación Se podrá pasar de curso en bachillerato hasta con cuatro materias suspensas 11 Agotados de Diada El acto de entrega de las medallas de oro de la Generalitat simbolizó el carácter de una jornada del todo política y nada civil s Ante tanta convocatoria oficial, la ciudadanía desertó de forma masiva s Tarradellas, sin medalla, también será homenajeado POR ÀLEX GUBERN BARCELONA. La conmemoración de la Diada ha sufrido tantas modificaciones en los últimos años y la oferta de citas institucionales es tan variada que ese magma indefinible que se conoce como sociedad civil en un baile sincopado, ya no sabe adónde acudir: a la recepción del lunes por la noche en el Parlament, al acto institucional en la Ciudadela de ayer por la mañana, a las sucesivas ofrendas a Rafael Casanova... La consecuencia es que al final, la sociedad civil brilla por su ausencia y en la Diada acaba por predominar el gris de la clase política, en contraste con la otra Diada, esta sí decididamente civil, que es Sant Jordi. La demostración de ello pudo comprobarse ayer en el Palau de la Generalitat, donde por primera vez, y con ánimo de dar realce a la ceremonia, se hizo entrega de las medallas de oro que otorga el Gobierno catalán, y que ayer se colgaron a los ex Jordi Pujol y Pasqual Maragall. Aparte del tono y fondo de los discursos de ambos, la cosa resultó algo deslucida, quizás ya por el agotamiento ante tanta convocatoria oficial. Como sucedió en una Diada mucho más política que civil, en palau la deserción de personalidades sin cargo fue masiva: algún representante empresarial, unos pocos del mundo de la cultura y el presidente del Barça, Joan Laporta, que entre políticos está como en su salsa. Al final se contaron unos 300 asistentes, muchos menos de los esperados. La política catalana, eso sí, se reunió al completo, con el acompañamiento también del presidente balear, Francesc Antich, y la ya casi nostálgica presencia de numerosos ex consejeros de los gobiernos Pujol, los otrora poderosos Macià Alavedra o Josep Maria Cullell. Entre los corrillos, claro, no se hablaba de otra cosa que del discurso de un Maragall echado al monte y de la insulsa intervención de José Montilla, un orador que empequeñece al lado de sus predecesores. La solemnidad que se quiso dar al acto quedó en nada, y ello pese a tratarse del reconocimiento más alto que concede el Gobierno catalán: 45 gramos de oro macizo con el nombre del homenajeado grabado, lo único material de una medalla sin dotación económica. A quienes se distingue con este honor tienen el derecho a ser tratados de excelentísimo señor, o excelentísima señora si se da el caso, aunque la paridad, claramente, no ha cuajado en el caso del medio centenar de medallas de oro. Creadas en 1978 como reconocimiento a aquellos catalanes que hayan destacado en el campo del arte, en los últimos años la Generalitat ha procedido a una reordenación de sus distinciones, dándoles un carácter más selectivo y acabando con la barra libre en la que se había convertido, por ejemplo, la concesión de las creus de Sant Jordi por debajo del escalafón de las medallas de honor. Ayer, entre los corrillos que se formaron tras la concesión, también se comentó el olvido del gobierno Montilla, que se dejó por el camino la medalla a Josep Tarradellas, el primer presidente de la Generalitat tras la dictadura, y a quien no se quiso dar el reconocimiento a título póstumo, algo, por contra, que sí se hizo en 2006 con el histórico dirigente del PSUC Antoni Gutiérrez Díaz, El Guti Tarradellas, cuyo recuerdo sigue siendo un trasto incómodo en el desván de palau no fue elegido en las urnas, justifican ahora desde la Generalitat, sino designado directamente por Adolfo Suárez, en una jugada relámpago que descolocó a la oposición democrática. Luego, el primer presidente de la Generalitat en la democracia sería reconocido por el Rey como marqués de Tarradellas demasiado para el gusto de la actual Generalitat tripartita. Con todo, quien fuera consejero de la Generalitat republicana y luego presidente en el exilio recibirá un homenaje a finales del próximo mes, en conmemoración de los 30 años de su regreso del exilio y su célebre ja sóc aquí 45 gramos de oro ELENA CARRERAS esta cascada victimista y tremendista lo puso el líder de Unió. Josep Duran Lleida, que se borró de la Diada para no participar de este enfervorizado ambiente, dijo desde Chile que los catalanes no tienen derecho a quejarse ni a sentirse y comportarse como un pueblo derrotado No tenemos derecho solamente a transferir y traspasar responsabilidades a los de fuera apuntó. Duran, que desenmascaró a la clase política catalana, fue tajante: No podemos poner siempre excusas Desde la Casa de Cataluña en Santiago, reconoció que la Diada se ha celebrado en un clima de desilusión y desánimo por el síndrome post- estatutario y el, a su juicio, trato injusto del Estado en materia de infraestructuras. ABC. es Más información y vídeos sobre la Diada en abc. es Maragall y Pujol reciben una distinción que no se da a Tarradellas, a los 30 años del ja sóc aquí