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ABC MIÉRCOLES 12 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CATALUÑA, ESPEJO ROTO RES años, un Estatuto y un Maragall después de que Zapatero decidiese impulsar una nueva etapa autonómica en Cataluña como escaparate de su proyecto territorial, el independentismo ha crecido allí de manera sustantiva, los nacionalistas moderados se han radicalizado hasta pedir la insumisión fiscal, el Estado se ha hecho el harakiri, los vínculos sentimentales se han aflojado, el anclaje catalán en la conciencia española se ha debilitado en medio de una progresiva y antipática fatiga mutua y, para colmo, se ha desatado un efecto de rebote que ha convertido el modelo IGNACIO constitucional en una subasCAMACHO ta de taifas. Como balance de la faena es para dar la vuelta al ruedo, siempre que no sea precisamente el ibérico. El gran estadista puede sentirse plenamente satisfecho: realmente es difícil cabrear a más gente al mismo tiempo. El único argumento con que los arúspices gubernamentales resumen el balance de la magistral intervención zapateril en el problema catalán es el de que España no se ha roto tras la aprobación del Estatuto. Amén de que cabría añadir a la proposición el adverbio todavía la realidad es que se han roto, o se están rompiendo, algunos de los hilos invisibles que hasta ahora han cosido el delicado tejido de encaje bajo el que lo español y lo catalán han convivido en una Historia llena de desencuentros, pero también de ricas dependencias mutuas. Y que los más afanosos rupturistas, los más alborotados y rampantes pescadores en el río revuelto de este fracaso no son ya un grupo de folclóricos marginales ni pintorescos radicales antisistema, sino aliados parlamentarios con quienes nuestro autosatisfecho presidente malgobierna España mientras su partido comparte con ellos más de un tercio del autogobierno de Cataluña haciendo la vista gorda a su manifiesta deslealtad. Nuncadesde laTransición sehabía exteriorizado un malestar mutuo tan evidente, ni eran tan graves los reproches, ni tan extendido el desaliento, ni tan palmaria la crisis. Hay en la Cataluña actual una innegable decepción, un ostensible descontento y una inquietante radicalización verbal y sentimental, correspondida en España con un perplejo desafecto de ida y vuelta ante la crecida, objetivamente desaforada, de la queja victimista. Lejos de aplacaresteánimoconfrontado, elEstatuto soberanista sólo ha servido para dar alas de ruptura a un independentismo en el que se escuchan ya voces de una arrogancia ignominiosa, chulesca y retadora a las que Zapatero no opone sino su ortopédica sonrisa de cartón y su discurso triunfal del país de las maravillas. Jordi Pujol, cuyo prudente moderantismo parece haber hervido de radicalidad en medio del recalentamiento colectivo, solía decir que en este turbulento proceso de disparates y enredos los catalanes no hemos gustado ni nos hemos gustado Quizá su autocrítica mereciese una recíproca revisión de actitudes viscerales en las queel resto de los españoles tampoco hayamos tenido muchos motivos deorgullo. Pero el problema es queel primer responsablede todo este monumental desatino sísegusta con tanta complacencia y arrobo que ni siquiera ve las grietas abiertas en el espejo sin azogue en el que se contempla a sí mismo. T EL RECUADRO ZP, DE BELINDA L cine entonces sí que era la fábrica de sueños y no una maquinilla de dar subvenciones a paniaguados del régimen. Con razón dice Arturo Pérez Reverte que nuestras madres, en las fotos de solteras donde están tan guapas, parecen artistas de cine. Y no como ahora, que las fotos de las artistas parecen de comandos desarticulados. Las estrellas de cine tenían encanto, mitología, no como la cochambrosa partida que ahora ves desfilar por la alfombra roja de los Goya (sin premio) que cuando los retratan parecen que están en busca y captura. Del cine, entonces, nos quedaban mitos. Palabras mágicas que enriquecían nuestro universo de fantasías. Arquetipos. La maldad de la madrastra de Blancanieves como segundo término de comparación nos quedó de una película de Walt Disney. De Rebeca de Alfred Hitchcock, el nombre de los chalequitos de punto de las muchachas. En Rebeca Jean Fontaine no salía con un chalequito de punto, no: sacaba una rebeca. Y ahí la tienen, en el DRAE: Rebeca. (Del n. p. Rebeca título de un filme de A. Hitchcock, basado en una novela de D. du Maurier, cuya actriz principal usaba prendas de este tiANTONIO po) 1. f. Chaqueta femenina de punto, sin BURGOS cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta. Rebeca maravillosa que tiene un diminutivo que hasta te abriga los costados cuando lo pronuncias, rebequita: Niña, ponte una rebequita, que hace frío Del cine, entonces, nos quedó la tragedia sentimental, de hartarse de llorar, de la niña sordomuda de la película Belinda de Jean Negulescu. Rebeca y Belinda llenan los recuerdos del cine de mi infancia. Infancia que todos los días se nos muere un poco. Ahora se nos ha muerto Belinda. Por el rito de Hollywood. Lo explico: ha muerto nonagenaria, riquísima, en un casoplón de Palm con el recuerdo del Oscar que ganó precisamente por Belinda Y sin que una partida de actores casposos vayan a su entierro en La Almudena buscando salir en el Tomate, que es nuestro rito Cifesa de la muerte de los actores. Lo E bueno que tiene la muerte de los grandes de Hollywood es que no va al entierro Sara Montiel a contar mentiras. Aunque casi nadie lo ha recordado, Belinda era la mala de Falcon Crest esta Angela Channing, digo, esta Jane Wyman, la que fue mujer de Ronald Reagan, que ha muerto como dicho queda, en los lujeríos funerarios de Los Ángeles. En Los Ángeles son tan ricos que hasta tienen colocados en la plantilla de un estudio y en el nombre de la ciudad alosángelesquellevan alcielo alos actoresveteranos cuando les ofician el gorigori en esos entierros elegantes, como recepciones de gente bien que llega en limusina con las pamelas negras, donde el malo, el asesino, está siempre en las pelis escondido detrás de una tumba, jamando partía. Como Rebeca Belinda también enriqueció la lengua española. Sería por la gracia repajolera de un mariquita azúcar, a quien primero se le ocurrió. Otra loquita, en una Andalucía de canciones por las azoteas, peinadores de seda y cines de verano, le diría a un sarasón: ¡Qué callada estás! Y saltaría la gracia, fresca y recién importada de la fábrica americana de sueños de programa doble y sesión continua: -Hija, yo, de Belinda. Y deBelinda sequedó como expresión deestar máscallado que en misa, pase lo que pase. Si al pronunciar el yo, deBelinda haces además con tu mano derecha un gesto como si echaras una cremallera a tu boca, queda más resultón: ¿Pero tú no dices nada? -Yo, de Belinda. Lo malo es que aunque Belinda haya muerto en Palm a los practicantes de su cobardón silente rito los tenemos aquí en las más altas instancias. En Cataluña y Vascongadas se incumple la ley de honores a la bandera nacionaly selimpian en ella: y ZP Belinda. La economía como de unos zorros, el euríbor por las nubes, el IPC disparado: y ZP de Belinda. La ETA cada día con mayor fuerza: y ZP de Be, linda. Belinda quedó olvidadapor AngelaChanning, la mala de Falcon Crest. Lo peor es que aquí el malo de nuestro Falcon Crest de las uvas de la ira va de Belinda por la vida. Gobierno de España