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ABC MARTES 11 s 9 s 2007 Sexto aniversario del 11- S INTERNACIONAL 33 La zona cero empantanada Sexto aniversario del 11- S, y en el lugar de la tragedia no despunta todavía nada de lo laboriosamente aprobado. Nueva York vuelve a homenajear a las víctimas, con Giuliani en el disparadero POR ALFONSO ARMADA MADRID. El atasco de las tropas estadounidenses en el sangriento arenal iraquí parece un espejo cóncavo del pantano de hormigón de la zona cero de Manhattan. Cerca de 3.000 personas murieron en los atentados que un martes como hoy de hace seis años convulsionaron a la única superpotencia. Son ya 3.000 los estadounidenses muertos en una guerra decidida en la Casa Blanca tras inferir- -erróneamente- -que Sadam Husein estaba detrás de la voladura de las Torres Gemelas y disponía de un arsenal de armas de destrucción masiva. Seis años después, la especulación y las discrepancias estéticas y políticas han propiciado que la zona cero siga siendo un mecano de hierro y cemento donde no despunta nada de lo laboriosamente aprobado: los dos estanques negros que deben recordar el perímetro que ocupaban los dos edificios idénticos ni la Torre de la Libertad, que pretende superar con creces los 110 pisos del arrasado Centro Mundial del Comercio. La tradicional ceremonia en recuerdo de las víctimas, que todos años se celebra en esa herida abierta al sur de Manhattan, se ha visto enturbiada este año por las críticas de una parte de los familiares de los muertos por la presencia del alcalde que pastoreó las angustias de aquellos días funestos: Rudolph Giuliani. Desde que Rudy saltara a primera línea política como aspirante a ser el candidato republicano en las presidenciales del año que viene algunas familias consideran que no puede seguir sirviéndose del púlpito de la zona cero como trampolín. El viejo adagio de E. B. White, uno de los mejores exégetas de Manhattan, como demuestra su inmortal Esto es Nueva York volvió a confirmarse el pasado 18 de agosto. Según White, Nueva York está peculiarmente construido para absorber prácticamente cualquier cosa que ocurra sin que el suceso afecte a sus habitantes, de tal modo que pequeños o grandes acontecimientos sean en cierto sentido, opcionales, y el habitante está en la feliz posición de formar parte del espectáculo de su elección y al mismo tiempo conservar su alma La carga del 11- S, y su inmediata conversión en acontecimiento mediático, dejó esa observación en entredicho. Pero la vida sigue. El 18 de agosto se desató un incendio en la negra mole del Deutsche Bank, el vestigio más sombrío de la destrucción de las Gemelas. La humareda que coronó el ya carcomido edificio del Deutsche Bank pasó en gran medida inadvertida no sólo a cuatro manzanas, sino a un tiro de piedra de la misma torre, a las puertas de templos del comercio como Century 21, y en el gran bazar de vendedores callejeros, sirenas, descuideros, turistas de toda condición (con notoria presencia española) y el habitual cafarnaum neoyorquino que tanto divirtió a Julio Camba. Florentino Portero AFORTUNADA COINCIDENCIA n estos días los norteamericanos reflexionan sobre lo que significaron los atentados del 11 de septiembre y las medidas tomadas desde entonces. Se preguntan si disfrutan de una mayor seguridad, si algo semejante puede volver a ocurrir. La casualidad ha hecho que coincida el aniversario de los atentados con la presentación en el Congreso de los preceptivos informes del general Petreaus y del embajador Crocker sobre la evolución de la crisis de Irak. Los demócratas han repetido que la Guerra de Irak fue un error, porque la amenaza real está en Afganistán. Cuanto antes las tropas abandonen la mítica Mesopotamia para concentrarse en la destrucción de los reductos talibanes y en localizar a la cúpula de Al Qaida, mejor que mejor. Desde su perspectiva, George W. Bush erró en la dirección de la Guerra contra el Terror, lo que ha acabado beneficiando a los islamistas seguidores de Bin Laden. Todo el mundo sabe lo que Petreaus y Crocker van a decir: la seguridad en Irak ha aumentado y Al Qaida está perdiendo terreno, aunque la descomposición política sigue su curso con el agravante de la emergencia de guerrillas y grupos mafiosos que se están haciendo con el control de las administraciones locales. El éxito del general Petreaus no estaba en la agenda demócrata, y por eso supone para ellos un claro contratiempo. Ahora Estados Unidos sabe que la victoria es posible, aunque no segura. Tampoco estaba en la agenda el último vídeo de Bin Laden que, involuntariamente, sale en defensa de Bush. El líder de Al Qaida no deja lugar a dudas de que hoy por hoy Irak es el campo de batalla principal entre su organización y Occidente y que sólo uno de los dos bandos puede salir vencedor. Osama adelanta su victoria, un aviso que ya ha llegado hasta los confines más remotos de la América profunda y que pesará como una losa para el Partido Demócrata, que, ya en campaña electoral, dudará si asumir también, junto a la de Vietnam, la responsabilidad de la derrota en Irak. E La mole del Deutsche Bank vigila el mecano de la zona cero no, que ha entregado su óbolo a la ciudad en forma de novela con Llámame Brooklyn algo ha cambiado para siempre. Estos días se vuelven a ver los rayos láser que se clavan en el cielo, recordando una pérdida definitiva. Es la pérdida también de una inocencia irrecuperable. Pero Nueva York ha logrado emerger de sus cenizas La ciudad, con el skyline decapitado y el miedo instalado en la psique colectiva (que la presencia de soldados en uniforme de camuflaje y armas largas en el metro no hace sino reactivar constantemente) ha vuelto en gran medida a ser lo que era. De la crisis de confian- AP La inmensa caja negra lleva siendo desmantelada con tan fatigosa lentitud como el rediseño de la propia zona cero Se volvieron a cometer los mismos errores del 11 de septiembre: demasiados bomberos acudieron a apagar las llamas, y dos de ellos no vivieron para contarlo. Para colmo, los sistemas de extinción no habían sido revisados y los bomberos inundaron el sótano. A raíz del incidente, tres jefes fueron destituidos y se descubrió que la empresa concesionaria tenía vínculos con la mafia y carecía de experiencia en demoliciones de altura. La descoordinación en el seno del cuerpo de bomberos y de éste con la policía volvió a salir a relucir. Un legado del 11- S que ha enturbiado el historial heroico que el duro Giuliani exhibe como credenciales para ocupar el despacho de George W. Bush en la Casa Blanca. Para Eduardo Lago, director del Cervantes neoyorqui- Los mismos errores za en el mercado inmobiliario parece sustraerse no Wall Street, pero sí el metro cuadrado y cúbico manhattanita: los precios suben mientras bajan en el resto del país, se siguen levantando rascacielos y la distancia entre ricos y pobres se agranda exponencialmente. Según el último censo, en el año 2005 los más ricos de Nueva York ganaron 40 veces más que los más pobres, con una media de 351.000 dólares de renta anual en el segmento que reside en los apartamentos más aireados y soleados frente a los 8.855 dólares anuales de los que ingresan menos y viven a la sombra de las torres. Algo ha cambiado para siempre. Estos días se vuelven a ver los rayos láser que se clavan en el cielo