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ABC LUNES 10- -9- -2007 MADRID 49 Los psicólogos del centro intentan poner luz en la pesadilla miento, en la que el que fue agresor ya no acude a terapia. Se contacta con sus familiares para conocer si el antiguo agresor sigue sin reincidir. Esta supervisión está presente desde el inicio del tratamiento. Si, en cualquier momento, los psicólogos detectan peligro para las víctimas, informan a las autoridades. Su primer maltratador lleva un mes en esta fase y aún habrá que esperar casi otro año para que su alta sea definitiva. Su antigua pareja ha confirmado al equipo de Quintero que no ha vuelto a intentar agredirla. Como este primer maltratador, más del 70 por ciento de los agresores que han pasado por La terapia individual es uno de los tratamientos utilizados vínculo con Leganés, Getafe, Alcorcón y Fuenlabrada. No queremos atender a más personas a costa de perder eficacia A Quintero le gustaría que el proyecto, cofinanciado por el Ayuntamiento de Leganés y la Comunidad contara, al menos, con un psicólogo más. También querría ampliar el servicio y dedicar un tiempo a prevención en los colegios... Creen que se puede hacer más para librar a muchas familias de una amenaza. Tina Alarcón desconfía, pero se mantiene a la espera: Eso tendríamos que verlo en el tiempo. Ojalá dé resultado. Cuando se reincorporen a la vida en pareja, a ver qué pasa El reto es hacer que el maltratador se responsabilice de un sufrimiento que no considera culpa suya Todos los agresores en tratamiento, salvo dos, progresan. No ejercen violencia física y reducen la psicológica El equipo de Quintero tiene una lista de espera de once personas, que no pueden aguardar más el centro se cebaban con sus parejas. Eran hombres, de 19 a 73 años. Del resto, el 15 por ciento eran jóvenes que agredían a sus padres. En este grupo, aunque son mayoría los chicos, hay en torno a un 30 por ciento de chicas. Las víctimas tienen, casi siempre, rostro de mujer. La más castigada es la madre. Los abuelos maternos son más maltratados que los paternos. Las víctimas de sus propios hijos o nietos sienten culpa y vergüenza por no saber enfrentarse a su agresor. No piden ayuda y la solución es más difícil. El resto de los agresores lo son de sus hijos o sus hermanos. El equipo de Quintero no da abasto. Ya tienen una lista de espera de once personas y Quintero advierte de que se trata de gente que no puede esperar Afirma que tardarán algunos meses en atender al último de la lista, pero que a esta se le añaden más miembros que los que se van tratando. Y sólo tratan casos que tienen un