Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 9- -9- -2007 El ácido, crueldad extrema en la violencia de género ESPAÑA 23 ROSA, TREINTA OPERACIONES Rosa, en 2004, cuando se celebró el juicio contra el hombre que la desfiguró Rosa, esta semana en Alicante, después de treinta operaciones y de momento no quiero pensar en ello Su madre, sentada a su lado, apostilla que ese no es su caso, que hay noches que no duermo de pensar cuando salga a la calle Tengo miedo asegura. Marcada de por vida Rosa es otra persona desde que su ex pareja le roció con ácido el día de San Valentín de 2002. Le abrasó la cara, el pecho, espalda y extremidades. Ha sufrido treinta operaciones y ahora habla con ABC POR ANA ANTOLÍN FOTOS JUAN CARLOS SOLER ALICANTE. Sus gestos transmiten dolor cuando recuerda a esa fatídica fecha: 14 de febrero de 2002. Ese día, San Valentín, su ex pareja, con la que había roto la relación de tres años, se acercó a ella mientras cerraba la puerta del colegio de Alicante donde se empleaba como bedel. Tras escuchar un gélido Feliz Día de los Enamorados sintió cómo un globo que contenía ácido estallaba en su cabeza y el líquido corrosivo corría por su cuerpo- -rostro, cuero cabelludo, espalda, pecho, piernas y manos- El caso de Rosa Aragoneses, similar al que sufrió esta semana una mujer rumana en Madrid- lo sufrí en carne propia dice la alicantina- -se convirtió hace cinco años en un revulsivo social, sobre todo por la repercusión mediática que tuvo gracias a la actitud de Maruja, su madre. Una mujer, ama de casa, separada y con 64 años, que se convirtió en su tabla de salvación, pero también en su mejor portavoz y defensora. No podía dejar que lo sucedido a mi hija se olvidara en dos días Juntas prosiguen esta batalla. Tras lo sucedido el pasado lunes en Madrid, Rosa Aragoneses saca fuerzas para revivir su tragedia con el único deseo de que se endurezcan las penas para estos agresores, que cumplan su condena de forma íntegra y que las administraciones pongan mejores y mayores medidas tanto de prevención como de atención a estas víctimas de la violencia de género. No puedo dar la espalda, hacer como si no hubiera pasado nada dice oculta bajo unas oscuras gafas de sol, que la acompañan desde que hace dos años comenzó a salir de casa. Todavía tiene que someterse a varias operaciones de cirugía plástica reparadora, pero, a sus 41 años, asegura que se siente contenta consigo misma Esa experiencia también me ha enseñado cosas positivas. Ahora veo la vida de otro modo, tengo otros valores Al recordar los 78 días que pasó hospitalizada reconoce que fueron los peores momentos aunque luego en casa te comes más la cabeza Lo que más lamenta es que perdí el contacto con mi hijo por mis constantes operaciones Sigue bajo tratamiento psiquiátrico desde aquel día, aunque he superado lo que me sucedió Afirma que no siente miedo, ni rechazo al género masculino, aunque no ha vuelto a tener pareja. Ahora prefiero otras cosas. Tengo otra vida confiesa. De su agresor, Pedro Ruiz, natural de Madrid, que cumple en la prisión alicantina de Fontcalent la pena máxima de doce años, tiene claro que con No quiero pensarlo Sigue en lista de espera tras haber sido intervenida en más de treinta ocasiones, pero lo que más lamenta de todo los sucedido es que perdí la cercanía con mi hijo por mi constante paso por el hospital No quiere pensar qué sucederá cuando dentro de siete años su agresor quede en libertad. Lanza una petición, a modo de súplica, para que no se acerque a mí Me imagino que cuando salga las autoridades lo tendrán controlado Sin indemnización Pido a las mujeres que cuando vean una sospecha o un comportamiento raro estén en alerta gente que hace esto, no puede haber segundas oportunidades Prefiere no acordarse de su ex compañero sentimental, hasta el punto de que evita pensar qué sucederá cuando salga de la cárcel. Faltan siete años Rosa Aragoneses sigue viviendo en Alicante, aunque no en su casa, que abandonó porque con la pensión de invalidez de 500 euros no la hubiera podido mantener. Volvió junto a su hijo, que entonces tenía 16 años, a casa de su madre. No sé que hubiera sido de mi y de mi hijo sin mi madre La Seguridad Social recurrió la decisión de la Generalitat de considerar lo sucedido como accidente laboral, por lo que se quedó con ese sueldo mínimo y sin cobrar ni un duro de la indemnización de 300.000 euros que le impuso el juez. Aunque el caso de Rosa, que se reúne con otras víctimas como ella para darnos fuerza sigue repitiéndose en España, sólo el Samur de Madrid está preparado para poder socorrer a las víctimas de los ataques con ácido. En el resto de territorios, estos efectivos sólo pueden administrar morfina, ya que a las víctimas no se les puede manipular con guantes de látex.