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12 ESPAÑA www. abc. es DOMINGO 9- -9- -2007 ABC El presidente argelino, Albelaziz Buteflika, da una gélida bienvenida a Zapatero en Argel el pasado 12 de diciembre REUTERS Zapatero trata ahora de restaurar la relación con Argel tras hacer a Rabat socio preferente La ruptura del contrato de Repsol y Gas Natural precipita la visita de Bernardino León s España quiere evitar el colapso bilateral ALFONSO ARMADA MADRID. El Gobierno intenta que el conjunto de las maltrechas relaciones con Argelia no se vean aún más afectadas por la rescisión del contrato con Repsol YPF y Gas Natural para el proyecto gasístico de Gassi Touil. Ayer, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, llegó a Argel para hablar con las autoridades argelinas. Las relaciones con el gigante magrebí, vital para el equilibrio geoestratégico en la región y por múltiples intereses, energéticos sobre todo, se deterioraron de forma decisiva con la llegada de Zapatero a la Moncloa. Un alto diplomático español desveló a ABC esta semana cómo a partir de marzo de 2004 se ordena desde Moncloa aparcar el Plan Baker para el Sahara y primar las relaciones con Marruecos, dando así un giro de 180 grados en las relaciones con los vecinos del sur. Marruecos, tras la crisis de Perejil, pasó así a ser socio de referencia en detrimento de Argelia, principal suministrador de gas a España. El giro, añade este diplomático, no fue fruto de la inercia política, sino una decisión de Moncloa en los albores del Gobierno Zapatero. Bernardino León es uno de los miembros del Ejecutivo que más ha viajado a Argelia desde que comenzara a dar signos externos de su malestar por la política española en el Sahara, que considera próxima a Marruecos. Uno de los asuntos pendientes en las relaciones entre los dos países y que podría estar en la agenda del secretario de Estado es la negociación sobre nuevos suministros y precios del gas, después de que la pasada primavera, en vísperas de la visita de los Reyes a Argelia, el ministro argelino de Energía apuntara un posible aumento del 20 por ciento en el precio de esa materia prima con destino a España. Las relaciones con Argel no están resultando nada fáciles. Dejar morir el Plan Baker para solucionar el contencioso del Sáhara forjó una nueva complicidad con Rabat, pero indignó al Frente Polisario y a su principal valedor, Argelia. Rastreando en los antecedentes cabe recordar que Inocencio Arias, que aguantó un tiempo como embajador ante la ONU tras el cambio de Gobierno, tuvo que lidiar con el embolado. A la pregunta de si puede establecerse un vínculo entre ese cambio de tercio y la decisión de Argel de romper el contrato millonario de las empresas españolas Repsol y Gas Natural habían firmado para explotar el en Argelia, Arias no quiere en absoluto opinar. Al preguntarle por sus recuerdos de aquellas fechas que cambiaron una política aquilatada, sí recuerda, como recoge en su libro Confesiones de un diplomático. Del 11- S al 11- M que durante su estancia en la ONU, y cuando España apoyaba el Plan Baker, oyó de los argelinos y del propio presidente Abdelaziz Buteflika comentarios muy elogiosos hacia el Gobierno del PP y hacia Aznar, y agrega: Los polisarios, al poco de nuestras últimas elecciones, comentaron que echaban de menos ya la política del anterior Gobierno español hacia ellos, que estaban preocupados con los nuevos derroteros Un analista internacional que confiesa intereses tanto en Argelia como en Marruecos, por lo que no desea ser citado, comenta que es evidente el enfado de Buteflika, que las posiciones están muy enconadas ante la decisión de Zapatero de ponerse casi incondicionalmente del lado de Marruecos y no descarta que aunque el asunto de la ruptura del contrato tiene muchas ramificaciones el mal viento desatado por una política que un diplomático califica de ingenua y mesiánica puede haber tenido algo que ver. Algunos medios argelinos han relacionado la decisión de Sonatrach al Enfado de Buteflika El Ejecutivo ha pecado de voluntarismo o de ingenuidad El arabista Pedro Rojo no cree que la inclinación de Zapatero hacia Rabat- -algo que ha causado indignación en Argelia, donde una periodista española recogió calificativos tan poco gratos hacia él como traidor -haya sido el desencadenante de la rescisión del contrato por Sonatrach, pero desde luego no ha ayudado a buscar una solución que podía haber sido más amistosa o con menos confrontación Y se muestra convencido de que el Gobierno de Zapatero ha pecado de voluntarismo o de ingenuidad al pensar que su estilo iba a facilitar un acercamiento entre el Polisario y Marruecos: No sé si de verdad se lo creían o era simplemente parte de la retórica contradictoria que han mantenido los responsables españoles dependiendo si estaban en Rabat o en Argel. Pero sus declaraciones públicas sobre el Sáhara son inaceptables en Argel. Ahí se ve el poco peso de la política española en la zona