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4 OPINIÓN DOMINGO 9 s 9 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL FRACASO DEL GOBIERNO EN EL MAGREB l ejercicio de la política exterior está muchas veces constreñido por la evolución de acontecimientos que un país determinado no puede controlar ni prevenir en solitario. Otras veces, sin embargo, son los gobiernos los que eligen cuál es el camino a seguir entre las opciones posibles. En este caso, la decisión de abandonar el equilibrio histórico que España había mantenido en el Magreb fue una decisión unilateral del Gobierno socialista, al que sólo empujaban su propio voluntarismo e ingenuidad, los mismos que José Luis Rodríguez Zapatero ha aplicado en tantos campos. El resultado es que aquella estrategia no ha contribuido en nada a la solución del conflicto del Sahara, sino todo lo contrario, puesto que supuso la destrucción del Plan Baker y, a la vez, que la diplomacia española esté, tres años después, trabajando a toda máquina para intentar resolver los desaguisados que su política ha causado a nuestros intereses, desde ruptura de contratos- -aunque en el último caso del gas argelino pueda haber razones superpuestas- -a la pérdida de toda capacidad de influencia en la zona, consecuencia de haber dejado de ser imparciales. A cambio de tan generosa intervención a favor de Marruecos, sin embargo, España sólo ha recibido cierto aumento de la eficacia en el control de la emigración, lo que sólo demuestra- -si la prueba hubiera sido necesaria- -que cuando las autoridades de Rabat no controlaban este flujo era también una decisión deliberada por su parte. Y de todos modos, el éxodo migratorio continúa, ahora a través del mar y hacia Canarias, de modo que para nosotros el problema sigue siendo el mismo, si no peor. Se podría decir que se ha preferido defender las preocupaciones del régimen marroquí- -al que sus propios súbditos acaban de enviar una señal inequívoca, ignorando los llamamientos oficiales a las urnas- -que la posición tradicional de la diplomacia española. En el Magreb, el Gobierno eligió seguir la estela de Francia, cuyos intereses son claramente distintos a los nuestros en la zona, lo que hecho que el gran beneficiado de este cambio de rumbo diplomático sea precisamente el Gobierno de París. Este es el triste resumen de lo que ha sido la política del Gobierno socialista en el Norte de África desde su llegada al poder. Igual que su extravagante propuesta de la Alianza de Civilizaciones ha terminado en los archivos de la ONU y en las papeleras de muchas capitales, la inocente presunción de que el Gobierno socialista podría resolver el conflicto del Sahara en cuestión de meses solamente demuestra su inexplicable desconocimiento de la extrema complejidad del asunto. Costará mucho tiempo recuperar el terreno perdido, pero no hay más remedio que empezar cuanto antes, aunque, seguramente, en lo que queda de legislatura resulte ya muy difícil que nadie en el Magreb se tome en serio las promesas de un Gobierno cuya gestión ha pasado por la región como un elefante por una cacharrería. E LA ETERNA CRISIS CATALANA A Cataluña neoestatutaria está atravesando un tiempo de crisis política y discordias sociales que son incompatibles con los efectos taumatúrgicos que se le atribuían al nuevo estatuto soberanista, contra el que aún penden numerosos recursos en el Tribunal Constitucional. El nuevo tiempo prometido para Cataluña es una reedición de escenarios pasados, marcados por el victimismo nacionalista, la confrontación artificial con Madrid, la ineficacia en la gestión de los recursos públicos y el hartazgo de una parte importante de la sociedad, cuya constante y desmesurada abstención electoral merma legitimidad a las instituciones y gobiernos de la comunidad. La única diferencia con la era pujolista es que el nuevo proceso de frustración se está desarrollando bajo un gobierno autonómico socialista desde 2003, con un Estatuto que no es de autonomía, sino confederal, y con un PSC transferido al nacionalismo. En manos de la misma clase dirigente de siempre, Cataluña transmite la imagen de que cualquier cambio político envejece de forma inmediata. De hecho, nadie con criterio objetivo puede esperar que el desarrollo del nuevo estatuto vaya a mejorar la situación. Más bien, cabe lo contrario. Las fórmulas de apaciguamiento y cesión hacia el nacionalismo empleadas por José Luis Rodríguez Zapatero en Cataluña han sido un fracaso. La coalición de Convergencia y Unió Democrática camina por el filo de la navaja, tras la deriva soberanista de Artur Mas y la decisión de Durán Lleida de no secundarla. Es más: Durán no asistirá a los actos de la Diada, el próximo martes, haciendo públicas, de manera explícita, unas diferencias que o bien se reconducen para no perder más cuotas de poder o bien pueden provocar un cisma en el nacionalismo realmente inédito. Por su parte, Jordi Pujol lanza la idea de una huelga fiscal de Cataluña frente al Estado que es apoyada por el socialista Pasqual Maragall y, como si no hubiera nada más importante, la Generalidad presidida por el también socialista Montilla anima a la selección catalana a jugar un partido L de fútbol con el equipo nacional de Estados Unidos en lo que consideran un acto de soberanía extradeportivo. Al mismo tiempo, Esquerra Republicana de Cataluña pone fechas al referéndum por la independencia, y lo hace desde su condición de miembro del Gobierno catalán y de socio preferente de Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados. El debate catalán, lógicamente, hastía a la mayoría de los catalanes y confirma que hay espacio para un proyecto político no nacionalista y moderado. Ahora bien, esta Cataluña oficial que se enreda en selecciones, desafíos e independencias tiene su punto de apoyo inmediato en la política territorial de Rodríguez Zapatero, quien reprochó a Aznar aquello de que era una fábrica de nacionalistas y cuyas decisiones han povocado que hoy los nacionalistas sean más radicales, los socialistas se comporten como nacionalistas en Cataluña, Galicia y País Vasco y el Estado tenga menos fuerza sin recibir a cambio lealtad y respeto por parte de los nacionalismos. España, como Estado y como nación, no es más fuerte hoy que en 2004, sino más vulnerable, porque el nacionalismo tiene más poder- -pese a no tener en conjunto más votos que años atrás- -y porque el PSOE ha suministrado a las fuerzas nacionalistas más radicales instrumentos de control y de decisión- -el nuevo estatuto catalán, por ejemplo- -cuyos primeros efectos confirman los peores temores. Todo esto se concentra en un contexto de carencia de políticas dignas de ser llamadas nacionales, es decir, comprensivas de una visión de conjunto de España como una unidad, pues no son tales las leyes destinadas a satisfacer minorías, a provocar el enfrentamiento ciudadano por la enseñanza, o a dar propaganda sin soluciones efectivas. Exhibir apresuradamente y a última hora la marca Gobierno de España como señuelo de distracción sólo está consiguiendo remarcar el más grave problema de esta legislatura: la ausencia de un gobierno realmente dedicado a España. UNA PATRIOTA EN LIZARZA N estos tiempos pusilánimes, cuando todo son excusas para no dar un paso al frente, para esconderse frente a la adversidad o para justificar lo que es, pura y simplemente, el complejo y la sumisión ante el nacionalismo, la alcaldesa de la localidad guipuzcoana de Lizarza, Regina Otaola, del Partido Popular, ha encarnado la valentía que se necesita para demostrar que cuando se quiere, se puede llevar la bandera de España al corazón mismo del País Vasco. A pesar de los insultos y las amenazas de muerte directas recibidas por parte de los proetarras que impunemente se exhibían como matones de los terroristas, Otaola izó la bandera nacional en el balcón del consistorio, haciendo noticia lo que, en realidad, es un drama: el heroísmo que demanda defender la bandera española en el País Vasco. Lo que otros, incluidos los socialistas, han evitado con la perversa excusa de no encrespar los ánimos -los ánimos de los proetarras- Regina Otaola lo ha hecho para demostrar, por un lado, que la enseña nacional sólo encrespa a los que están acostumbrados a imponer su dictadura en los pueblos vascos con coacción y amenazas y a los que llevan treinta años aprovechándose de esta situación, aunque se autodenominen nacionalistas democráticos; y, por otro, que tanto ella como sus compañeros y el partido en el que militan representan en el País Vascola la opción E política de la España constitucional, que es aquella en la que se aplica la ley en todo el territorio nacional y a todos por igual, y en donde los símbolos nacionales no deben pedir permiso a nadie para ser expuestos en los edificios oficiales. No es este un patriotismo de hojalata frase que el presidente del Gobierno usa a menudo para criticar a Mariano Rajoy por decir lo que Otaola ha hecho en el balcón del Ayuntamiento, sino un patriotismo que conmueve, de carne y hueso, hecho con los mejores sentimientos de quienes aman a España sin reservas y sólo se defienden de la violencia con la palabra y la ley en la mano. Eso sí, un patriotismo que exige, literalmente, arriesgar la vida cada minuto del día. Mientras el alcalde socialista de Lérida ha anunciado que no izará la bandera nacional durante la Diada del próximo martes, el gesto valiente y generoso de la alcaldesa de Lizarza es un argumento irrebatible para desnudar la falacia de los que siempre proponen la tolerancia como coartada para no molestar a los violentos y a los extremistas. Trabajar por la libertad, la legalidad, la democracia y la Constitución en el País Vasco es hacer lo que ha hecho Otaola, porque ese es el significado de la bandera nacional, más aún allí donde se la desprecia por ser el símbolo de la España que quieren destruir.