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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE Con otros ojos LUIS PANCORBO La mirada de los otros sobre nuestra piel, no necesariamente de toro, es siempre instructiva, tenga aspectos críticos o elogios sentidos, aunque eso no es lo crucial. Lo que importa, al menos en el terreno viajero, es que con los ojos de los otros mirándonos se quiebra el punto de vista, aumenta la perspectiva y a veces la perplejidad. Ya no somos nosotros quienes salimos al mundo con nuestro sujeto por bandera, armados de una lupa, de una cámara o de una pluma, sino quienes con nuestros monumentos, paisajes y pulsiones constituimos el objeto. Somos objeto de atención, de un recorrido, de un estudio, de unas imágenes en las que a veces no habíamos reparado por estar tan encima de ellas. O que nos sorprenden precisamente por ser elegidas por otros. Ese es el fértil juego de la alteridad y sus muchos flecos. Por eso creo que un español, tanto si viaja con las piernas como con la cabeza, y lo mejor es hacerlo con ambas cosas, puede disfrutar lo suyo comprobando lo que ven en España los viajeros extranjeros con su distinto cargamento de palabras e imágenes. El tema de la mirada ajena sobre lo nuestro, mirada geográfica, histórica, estética, incluso ética, tiene además una gran solera. Sin remontarnos a Estrabón convendría recordar el interés que siempre suscitó esa casi isla que es España en el confín suroccidental de Europa. Ya en el siglo XIX un viajero como el inglés Richard Ford se esforzaba por los caminos más esporádicos de la península y retrataba Orduña o Manresa, y tantos otros lugares, con breves líneas que no han perdido su amenidad y precisión. Hasta aportaba análisis certeros de lo que pasaba por la cabeza de la gente en la España romántica si es que se puede tildar así a la que estaba desgarrada por la invasión napoleónica, y asombrada por la ayuda de los ingleses, sin dejar por eso de incubar sus próximas guerras intestinas. Pues bien, todo esto sirvió a Ford para componer su Manual para viajeros por España y lectores en casa libro que, para ser publicado en 1845, es de una modernidad pasmosa. En este punto tampoco olvidaría uno la mirada clásica, sensible pero no lastimera, de George Sand sobre Mallorca, su color y su pan, pero el catálogo es muy amplio hasta llegar a nuestros días y a los nuevos medios y adelantos capaces de hacer conocer y reconocer un país donde no hay ñúes, ni orangutanes, sino una compleja y estimulante variedad. Periodista, antropólogo y director de Otros pueblos (TVE) Los fotógrafos trabajan varios años y captan miles de imágenes para cada trabajo de National Geographic ABC John Fahey, de National Geographic, recogió el Premio Príncipe de Asturias el año pasado les correspondían. Las acusaciones de racismo, colonialismo y misoginia dieron paso desde los años sesenta a rápidos cambios, la apertura hacia autores y asuntos distintos- -vida cotidiana, pobreza, discriminación, deterioro ecológico- De la misma manera, la patente mirada romántica hacia España, heredera de un trasnochado orientalismo, dio paso a un asombrado interés por la exitosa normalización en tiempos recientes de la vida, costumbres y logros de los españoles. De ahí que, por esta y otras razones, la trayectoria de National Geographic fuera galardonada en 2006 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.