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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE IDEAS Un llamativo diseño de sortija montada en oro, de Belén Bajo. Collar de piezas irregulares, de Osete 2 Collar de bisutería, muy versátil, de Gloria Hernansaez Mónica FernándezAceytuno LUGAR DE LA VIDA Las urracas Máscara de Marco Polo, con interés por lo étnico, pero también por lo más vanguardista A la izquierda, propuestas de Becara. Arriba, sillón de piel y estructura de metal, de Sol y Luna Tres Ferias en Madrid El curso arranca fuerte en Ifema con la Semana Internacional del Regalo, Joyería y Bisutería, en 53 edición, del 13 al 17 de septiembre. Participan 2.200 empresas- -casi todas pymes, casi todas exportadoras- -y se espera la asistencia de 85.000 visitantes profesionales: el público normal tendrá que esperar a ver los productos en los escaparates. Y es que en esta Semana, Intergift, Iberjoya y Bisutex, darán a conocer, en sus respectivos espacios, novedades y tendencias. En decoración, por ejemplo, todo se lleva y todo se combina: diseños artesanales, muebles reinventados, vajillas ergonómicas... La idea de regalo que tiene Intergift es muy amplia y deja claro que, además de pensar en los demás, hay que pensar en uno mismo y de paso mejorar el ambiente familiar creando ambientes agradables. Bisutex, por su parte, apuesta por adornos asimétricos, osados en tamaño y forma, pero también vuelve la vista al eterno cristal, al latón con baño de plata, a la mejor marroquinería. En cuanto a Iberyoja, tanto en joyería como en relojería, la calidad del material no obliga a limitarse y se buscan líneas elegantes, pero que nos acompañen en nuestro actual estilo de vida. Juego de sábanas de un novedoso algodón elástico, de Mikmax. Jarrones de laca negra, de Marco Polo. Distintos tipos de velas, de Ceras Roura, realizadas en tonos blancos y negros sto sí que no lo esperaba yo: tener urracas al final de la vida. Es la consecuencia lo que busco cuando planto algo, o cuando no quito las ortigas para que se alimente la mariposa pavo real. Los robles los planté para que los arrendajos escondieran sus bellotas y para que vinieran, como así ha sido, los últimos carpinteros blancos y rojos. La madreselva está en la valla para que aniden todos los mirlos, y ahora quiero rodear lo que falta con el saúco que tiene las varas huecas de las hadas y que da una flor blanca que no se come el ganado, y unos frutos a los que acuden, en bandadas, los fringílidos en otoño. Los manzanos se plantaron para los erizos y los cerezos son todos de aves. Esta casa no es un bosque, es un granero. Y la higuera no está para hacer el postre de El Refugio con vinagre dulce y rayadura de naranja, sino para que vengan los papafigos, las doradas oropéndolas, a comerse los higos. Todo ha sido pensado antes de ser puesto, y hasta los aleros de la casa están pidiendo a los aviones comunes que aniden con sus nidos de barro en ellos. Pero no esperaba a las urracas. No podía ni imaginar que, ahora que ya está todo hecho, y es todo tal y como yo lo había soñado, aparecen las urracas, a las que detesto. Prefiero con mucho a los cuervos, esos señores de los campos. Pero, ay, las urracas, qué feas, blancas y negras, y qué mal cantan, con esa voz que no me deja escribir, que es como de carraca y me persigue a todas partes y hasta cuando le quito la vaina a las judías verdes, que se han secado en su mata por el calor que ha venido de pronto, me parece que el ruido es como el de una urraca. Las oigo en todas partes, y se han escondido en mi bosque, donde sólo quería cantos de pájaros y no estos graznidos de vieja de la urraca. Más que mi propia vejez, me duele que el bosque haya envejecido de esta manera y le hayan salido estas arrugas que son las pegas, las picarazas: las urracas. Lo curioso es que justo hoy que escribo de ellas, están calladas, como si supieran que, peor que un perdigón o un chinazo de tirachinas, son las palabras. E