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4 OPINIÓN SÁBADO 8 s 9 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL PÁNICO VUELVE A LOS MERCADOS OS inversores dan más crédito a las cautelas de Solbes que al entusiasmo de Zapatero y de su vicepresidenta primera. Ha bastado un dato desfavorable en los Estados Unidos para inducir una corriente vendedora en todos los mercados, que acerca los índices bursátiles a mínimos anuales y a zona de pérdidas en varias de los grandes mercados. Únicamente la Bolsa alemana, que partía de una base más débil, ofrece revalorizaciones apreciables. En el Gobierno, y en el partido que le sustenta, critican a Solbes por su franqueza al pretender que el responsable de la economía debe vender optimismo, aunque sepa que yerra en el juicio. Toman a los inversores por menores de edad que se dejan llevar por voluntarismos infundados y poco creíbles. Que hay incertidumbres en los mercados financieros es tan evidente como que la noche sigue al día; que esas incertidumbres aumentan el listón del riesgo y frenan el crédito es tan claro como lo anterior, y que en ese entorno, empresarios y familias reducen sus expectativas y aplazan decisiones de inversión y gasto es una consecuencia automática. Eso es lo que ha puesto en evidencia el dato del empleo en los Estados Unidos dado a conocer por el departamento de Trabajo, un dato que lleva el mismo sesgo que el español que conocimos el pasado lunes: el peor agosto para el empleo en España y el peor agosto en los Estados Unidos, donde esperaban un aumento de 100.000 empleos y han tenido una caída de 5.000. Cuando el empleo se enfría, retrocede, y cuando los empleadores deciden esperar porque no esperan crecer, la situación entra en crisis. Y las inversiones reaccionan de forman instantánea por instinto de conservación. Incluso la decisión del Banco Central Europeo de no elevar los tipos- -tal y como adelantó un mes antes- -y esperar hasta tener más información, se interpreta como señal de peligro, de incertidumbre ante la que hay que prevenirse. De los responsables políticos, que disponen de escaso margen ante estos fenómenos globales, hay que esperar buen juicio y dosis mínimas de realismo. No se trata de desplegar el optimismo de la voluntad infundada, sino la inteligencia de explicar a la sociedad lo que puede ocurrir y cómo mitigarlo. Tanto el precio del dinero como el comportamiento de las Bolsas están más allá de la influencia de los Gobiernos nacionales, pero a estos hay que pedirles que no confundan y que pongan en juego las herramientas de que disponen, especialmente la presupuestaria- -gastar con mesura sin prometer lo que no pueden dar, ni estirar más el brazo que la manga- -y la institucional: introducir flexibilidad y dar más espacio a la creatividad y la competencia. Pero no es eso lo que piensan Zapatero y su equipo de cabecera, que tienen los ojos puestos en el espejo retrovisor mirando al pasado, sin darse cuenta de que el camino está hoy más nublado y oscuro que un mes atrás. L CAMBIOS POSITIVOS EN CULTURA AS cosas han cambiado mucho en el Ministerio de Cultura desde el nombramiento de César Antonio Molina. Aunque todavía sea pronto para hacer valoraciones, todo apunta a que esos cambios están bien orientados. El sectarismo y la ineficacia de Rosa Regàs llevaron a la Biblioteca Nacional a uno de los momentos más bajos de su brillante historia, hasta desembocar en un expolio patrimonial que aceleró el cese anunciado de la veterana escritora catalana. La designación de Milagros del Corral, una profesional de prestigio ajena a partidismos políticos, ha sido bien recibida en el sector bibliotecario y, aunque falten pocos meses para el final de la legislatura, es deseable que la nueva directora consiga enderezar el rumbo de una institución marcada en los últimos años por una gestión caótica. Los cambios alcanzan ahora al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Era fácil suponer que Ana Martínez de Aguilar no lograría subsistir a los aires reformadores. Nombrada como solución de emergencia ante el rechazo de otros candidatos de mayor enjundia, nunca logró hacerse con los mandos de nuestro principal centro de arte contemporáneo. Carmen Calvo actuó de forma sectaria al cesar de malos modos y sin razón objetiva a Juan Manuel Bonet. Ahora las consecuencias saltan a la vista: una legislatura perdida para el CARS, que sólo ha sido noticia por causa de incidentes, algunos de extrema gravedad, y sonados conflictos internos. La dimisión forzada de Martínez de Aguilar viene a completar la renovación de los agujeros negros heredados por Molina. Su gestión está plagada de desencuentros con el mundo del arte, que nunca aceptó el nombramiento de una persona que carecía del perfil adecuado. El plan museográfico fue objeto de todo género de críticas, multiplicadas por incidentes insólitos como la pérdida de una escultura de Richard Serra que pesa 38 toneladas o las goteras en una exposición de Juan Gris. Ya la anterior ministra tuvo que dar explicaciones- -poco convincentes- -sobre un plan de buenas prácticas que incluye la convocato- L ria de un concurso internacional para nombrar nuevo director del CARS. Ahora se ha consumado el fracaso en toda regla de una directora a la que le venía muy grande su responsabilidad. De hecho, no le ha servido de nada el apoyo de un sector muy concreto del ámbito académico, porque la realidad de los hechos hacía ya insostenible su continuidad. La política cultural establecida por Rodríguez Zapatero ha sido un completo fracaso, con la excepción de la continuidad sustancial en el Museo del Prado. Tampoco se ha hecho gran cosa en el sector del libro o en la protección del patrimonio histórico. El presidente del Gobierno ha rectificado para evitar el coste de imagen en un sector que la izquierda considera como un voto exclusivo. La mezcla de dogmatismo ideológico con ineficacia en el día a día ha producido resultados demoledores. En este contexto, Molina tiene mucha tarea por delante en los pocos meses que faltan para las elecciones. Cuenta a su favor con que, a diferencia de su antecesora, conoce bien el mundo de la cultura y goza de buena fama como gestor por su etapa en el Instituto Cervantes. Sin embargo, no lo tendrá fácil porque debe lidiar con una pésima herencia. Convendría de una vez por todas convertir a las grandes instituciones culturales en ámbitos exentos del debate partidista y situar a su frente a profesionales reconocidos. Ese debe ser el espíritu del Plan de Modernización de Instituciones Culturales, aprobado ayer. Zapatero pretendió hacer todo lo contrario, tal vez con la intención de agradecer a los más fieles el apoyo a la postura del PSOE sobre la guerra de Irak, pero ya se ha visto que la anterior ministra consiguió incluso chocar con el sector del cine, con el que el nuevo ministro tendrá que demostrar su habilidad negociadora para encauzar la cuestión antes del debate parlamentario de la nueva ley. El presidente ha dado un nuevo bandazo, aunque al menos hay que felicitarse de que en esta ocasión sirva para que la cultura española se libre de algunos personajes que dejan muy mal recuerdo tras su paso por las instituciones de cabecera. ¿QUÉ PASÓ CON MADELEINE? A triste historia de Madeleine McCann ha dado un giro espectacular con la imputación por la Policía a los padres de la niña como presuntos autores de un homicidio accidental. El largo interrogatorio ha desembocado en la confirmación aparente de la sombra de una sospecha levantada hace ya unas semanas. A salvo, por supuesto, las garantías jurídicas y la presunción de inocencia mientras no se confirmen los indicios, resulta inevitable reflexionar sobre la distancia que separa la realidad de unas especulaciones mediáticas que han mantenido en vilo a medio mundo. En efecto, se ha dado por seguro todo género de explicaciones peregrinas y de hipótesis extravagantes, generando una lógica corriente de simpatía hacia unos padres destrozados por la tragedia. Si las cosas son como ahora parece, el matrimonio McCann habría adoptado una arriesgada estrategia de defensa ante un probable descuido de fatales consecuencias, difícil de sostener en el marco del despliegue informativo provocado por un asunto de interés internacional. Las vacaciones en Portugal de esta familia británica de clase media se han convertido paradójicamente en un drama que refleja las contradicciones de la condición humana y los extravíos de la conciencia colectiva. El protagonismo de los medios de comunicación en la sociedad de masas es un fenómeno, insoslayable, que necesi- L ta ser encauzado con prudencia y buen sentido. La pregunta que se hace el mundo entero en estos momentos es qué pasó con Madeleine, justo ahora, cuando los padres de la pequeña ya no son percibidos como víctimas, sino como culpables. De repente se produce un punto de inflexión en el curso de las investigaciones que altera súbitamente los sentimientos colectivos, que pasan en cuestión de segundos de la conmiseración al asombro y, finalmente, al reproche de la conducta de unos padres sobre los que se estrecha el cerco, primero de la duda y después de la certeza de que algo extraño se cierne sobre un caso que ha despertado una expectación universal. Y los medios de comunicación, en su afán por transmitir los acontecimientos en tiempo real, corren el riesgo de caer en el sensacionalismo, aventurando hipótesis o estableciendo peligrosos juicios paralelos. Es preciso respetar el trabajo de la Policía y, con posterioridad, la independencia de los tribunales en los países democráticos, sin crear historias de buenos y malos o imaginar fábulas que la realidad se encarga siempre de desmentir. Habrá que seguir con todo interés la evolución de los hechos, procurando transmitir información veraz y objetiva, acompañada de análisis que permitan matizar los diversos enfoques de esta lamentable historia, fiel reflejo de las contradicciones en las que se debate la sociedad de nuestro tiempo.