Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 7 s 9 s 2007 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Ignacio Buqueras y Bach Presidente de la Comisión Nacional para Racionalizar los Horarios La Comisión Nacional para la Racionalización de los horarios españoles y su normalización con los de los demás países de la Unión Europea fue constituida en mayo de 2003. En esa fecha se inició el complejo camino para sensibilizar a la sociedad española de que nuestros horarios no son los más adecuados para mejorar nuestra calidad de vida ENTRO de unas semanas nos harán cambiar de nuevo las manecillas de nuestro reloj. Algo más de 45 millones de españoles tendremos que ajustar nuestros medidores del tiempo- -relojes de pulsera, pared, bolsillo, coche, despertadores, móviles... -a la que nos marcan como hora oficial. A una media, baja, de tres relojes por español nos vamos a más de cien millones los cambios efectuados. La pregunta que me hago, y que posiblemente se hagan muchos conciudadanos, ¿es esto necesario? o, mejor dicho, ¿la hora que nos marcan es la adecuada, la más conveniente para todos? Para empezar debemos ser conscientes de que nuestros horarios son una singularidad, una anomalía, en Europa y en los países occidentales. Para constatarlo sólo es preciso hacer unos kilómetros: viajemos a nuestros países vecinos, Portugal, Francia o Marruecos, y lo comprobaremos. HORARIOS ANACRÓNICOS D Por ubicación deberíamos tener la hora de Londres, que es lo mismo que decir la de Canarias, Marruecos, Portugal, Irlanda, Islandia y, por supuesto, Gran Bretaña Debemos ser conscientes de que nuestros horarios son una singularidad, una anomalía, en Europa y en los países occidentales que más horas dedicamos al trabajo. Por ejemplo, los holandeses finalizan su jornada alrededor de las 5 de la tarde y su productividad es 1,5 veces la nuestra. a Comisión Nacional para la Racionalización de los horarios españoles y su normalización con los de los demás países de la Unión Europea, que presido, está integrada por más de un centenar de personas representativas de otras tantas instituciones y entidades, y fue constituida en mayo de 2003. En esa fecha inició el largo, difícil y complejo camino para sensibilizar a la sociedad española de que nuestros horarios no son los más adecuados para mejorar nuestra calidad de vida y posibilitar una mejor conciliación de la vida personal, familiar y laboral. La hora oficial española está desfasada: en invierno, en una hora con el horario solar; en verano, dos. Nos levantamos con la hora oficial y seguimos con la hora solar, lo que hace que nuestra jornada laboral, por la mañana, sea más larga. Por la tarde, regresamos al trabajo entre las 4 y las 5, lo que imposibilita que terminemos, como en los demás países europeos, entre las 5 y las 6. Nuestros actuales horarios prolongan excesivamente nuestras jornadas laborales, haciendo prácticamente imposible que podamos conciliar nuestra vida personal, familiar y laboral; además, reducen nuestra libertad y nos privan de unas merecidas horas para disfrutar, como mejor consideremos, de nuestro ocio; en definitiva, suponen un freno para mejorar nuestra calidad de vida. L ace menos de cien años nuestros horarios no eran los actuales. Eran similares a los europeos. ¿Qué ocurrió? En octubre de 1884 se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano con la presencia de veinticinco países, entre ellos España. Hasta entonces nuestros horarios los marcaba el campanario de cada pueblo, el reloj solar más cercano, o, por ejemplo, en Barcelona, el reloj ubicado en la Real Academia de Ciencias. A partir de la citada Conferencia, el meridiano de Greenwich quedó como referente mundial, y se establecieron veinticuatro husos horarios, alrededor de cada meridiano múltiplo de 15 Sus límites, como era de prever, tuvieron en cuenta fronteras, costas, montañas o ríos. n nuestra área europea se fijaron dos horas: la de Londres y la de Berlín. A España le correspondía la de Londres, al igual que a Francia, Luxemburgo, Holanda y Bélgica. Sin embargo, estos países escogieron la hora de Berlín. España hizo lo mismo y así tenemos la misma hora que ciudades de centroeuropa que se encuentran distanciadas de nosotros hasta 25 al este. Por ubicación deberíamos tener la hora de Londres, que es lo mismo que decir la de Canarias, Marruecos, Portugal, Irlanda, Islandia y, por supuesto, Gran Bretaña. H E CARLOS KILLIAN a decisión adoptada en 1884 se vio agravada por determinadas costumbres generadas por el hambre de la posguerra, la necesidad del pluriempleo, el deseo de presumir comiendo tarde, la implantación de horarios laborales de 9 a 2, que prácticamente no existían en ningún otro país... Además, si dedicamos al almuerzo un mínimo de dos horas cuando en los demás países se emplea menos de una; si prestigiamos al pro- L fesional que dedica muchas horas a permanecer en el lugar de trabajo cuando en otros países sería motivo de crítica por no alcanzar el rendimiento previsto en el horario normal, por no respetar el tiempo de sus colaboradores, por no saber conciliar la vida personal, familiar y laboral, por hacer méritos de cara al estrés... Y todo ello, para que estemos en el furgón de cola de la productividad, cuando somos los europeos