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82 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 5 s 9 s 2007 ABC La sociedad necesita otro empujón como el que personajes como Dylan dieron a los años sesenta Todd Haynes s Director de cine El realizador, fascinado durante años por el cantante, ha presentado en la Mostra I m not there una especie de biografía en la que no aparece el músico. Haynes aborda todas sus etapas y asegura que el auténtico Dylan es una suma de todas ellas TONI GARCÍA VENECIA. Con una sólida filmografía a sus espaldas, el norteamericano Todd Haynes ha pasado de ser un realizador muy conocido en los ambientes underground a receptor prioritario de las alabanzas cinéfilas. Lo fue con Lejos del cielo (nominada a cuatro Oscar en 2002) y parece empeñado en repetir la historia con la gigantesca I m not there una suerte de biografía autorizada de Dylan en la que Dylan no aparece por ninguna parte. Cosas de genios. proyecto empezó a dar vueltas en mi cabeza sobre todo por la escucha obsesiva de algunos discos de Dylan. Así que en 2002, después de hacer Lejos del cielo empecé a leer todo lo que caía en mis manos sobre él o sobre su época, y decidimos- -junto a Oren Moverman- -empezar a escribir un guión sobre el tema. Hicimos un millón de versiones diferentes siempre buscando evitar la estructura lineal típica de las películas biográficas, básicamente porque no me gusta que él espectador tenga claro que preste atención o no a lo que está pasando en pantalla al final le darán el mensaje que estaba esperando y se irá a casa con él. Quería ser más exigente con el espectador y no dárselo todo hecho. les, viendo la guerra de Irak en la CNN mientras escribía el guión y en cierto modo me identifico con el personaje de Charlotte Gainsbourg en la película, sola en casa, enrabietada, viendo cómo la guerra de Vietnam lo fagocita todo. Creo que la sociedad necesita otro empujón como el que personajes como Dylan dieron a los años 60, y quizás pongamos nuestro granito de arena. Piensa en aquella época, con algo tan fuerte y tan bien organizado como el movimiento por los derechos civiles, donde millones de personas se organizaron en cuestión de meses para protestar contra aquello que no les gustaba. Ahora, al final de la era Bush Cheney, creo que nos aproximamos a un cambio total en la sociedad americana, quizás no tan fuerte como el que vimos durante los 60 pero, seguramente, igual de significativo. No sé si esa es la mejor razón (o la auténtica) para hacer esta película, pero es lo que pienso en este momento. -Es la primera vez que Bob Dylan autoriza un proyecto sobre su persona. ¿Cómo le convenció? Todd Haynes (en el centro) con Richard Gere y Heath Ledger haberme quedado completamente alucinado. De todas formas, mi experiencia más profunda con Dylan tiene que ver con una depresión que pasé hace unos años. Una de esas épocas en que no sabes qué quieres hacer con tu vida. Recuerdo haber pasado días enteros en casa escuchando sus discos y encontrando en ellos mil fuentes de inspiración. Es algo que me he encontrado en muchas conversaciones hablando de -Lo cierto es que ni antes, ni durante, ni después de la producción de este proyecto hablé con Dylan ni una vez. Sin embargo, su manager durante muchos años, Jeff Rosen, fue un colaborador inestimable. Con su ayuda y la de Jessie (el hijo mayor de Dylan) que es un hombre metido en el mundo del cine independiente, conseguí que le entregaran una hoja de papel escrito a mano donde yo explicaba que significaba el proyecto para mí. Me aconsejaron que obviara los términos comunes como genio o la voz de una generación y que me limitara a explicar lo que quería contar. Incluí la carta en un paquete con algunas de mis películas anteriores como Velvet Goldmine o Lejos del cielo y al cabo de unos meses me dijeron que Dylan había dicho que sí. ¿Cuál fue su primera experiencia con Dylan como músico? ¿Por qué hacer esta película justamente ahora? -Bueno, han sido años difíci- -Bueno, tendría que remontarme a la escuela, cuando era estudiante. Recuerdo haber oído algunas de sus canciones y Seis brochazos para un retrato abstracto de Bob Dylan E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL VENECIA. No habrá en el mundo ni un centenar de personas que no conozcan a Bob Dylan. Vale. Y al mismo tiempo, seguro que no llega a la docena los que lo conocen. Un tipo diverso, huidizo, cambiante, difícil de atrapar con otra cosa que no sea el oído o el sentimiento. En esta película, I m not there Todd Haynes (al que tal vez recuerden de aquella espléndida y genuina imitación del melodrama a lo Sirk titulada Lejos del cielo intenta la difícil empresa de enjaular a Dylan en una imagen, una definición o una biografía sin ni siquiera mencionarlo, sin que aparezca nada más que un refilón de su cara y de un par de canciones cantadas por él. El resultado es una película o un lienzo tan extraño como genial, tan abstracto como concreto, tan disperso como elocuente, tan entretenido como a veces incomprensible o soporífero. Dice el título: Yo no estoy ahí pero el título miente, ya lo creo que miente. Para hacerse una idea de hasta qué punto hay que abrirle la puerta de la imaginación al experimento de Haynes, diremos que uno de los que interpreta a Bob Dylan, a algún aspecto de su vida o de su arte, es la actriz Cate Blanchett, y otro, un niño negro que dice llamarse Woody Guthrie y vagabundea por los trenes como Huckleberry Fynn. Media docena de personajes y de peripecias vitales se cruzan sin semáforos en el intento de que todo ello exhale el alma de Dylan. Christian Bale interpreta a Jack Rollins, cantautor, prototipo de la conciencia americana, reconvertido en los ochenta en pastor y cantor de salmos. Preciosa historia la que se nos cuenta de una estrella del cine, que interpreta Heath Ledger, y de su caída en picado en el dinero, en el éxito, en la infelicidad y en la ruptura con su familia. La psicodelia. El blues. Nixon. Vietnam. El poder negro. Cristo. La poesía (uno de los personajes se llama Rimbaud y lo interpreta con cara de loco Ben Whishaw) Y finalmente el país, los tiempos que están cambiando, el olor a la nostalgia del western en un tramo que interpreta Richard Gere unido genética y geográficamente a ese Huck Fynn... Tod Haynes hace, pues, más que una película: compone un lienzo, con el que se podrá o no estar de acuerdo, pero que es sin duda un retrato de un tipo que ni aparece por allí, que es el todo pero ninguna de las partes. Podría haberlo hecho de otro modo, con otros materiales más reconocibles o próximos, con otra música y otra letra, pero dudo de que lo que hubiera conseguido se asemejara -Bueno, deberíamos remontarnos a 1999 cuando dejé Nueva York para irme a Portland. Allí iba a escribir un guión. Lo que en aquel momento no podía saber es que no iba a volver a Nueva York, y en cierto modo aquella fue una etapa donde el ¿En qué momento pensó que sería una buena idea hacer una película sobre el cantautor más famoso de todos los tiempos? Cate Blanchett, Richard Gere, Heath Ledger... son algunos de los colores que usa Todd Haynes para atrapar al cantautor