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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 5 s 9 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ACCIDENTES DE TRÁFICO: OTRO AGOSTO NEGRO VIENTOS DE CAMBIO EN LA ECONOMÍA I el mes de julio el mercado de trabajo daba síntomas de agotamiento, en agosto se ha confirmado el peor de los escenarios; el crecimiento de los inscritos en las oficinas de empleo y la sustancial disminución del censo de afiliados a la Seguridad Social ofrecen datos preocupantes. Tanto, que en esta ocasión el ministro de Trabajo decidió ahorrarse el mal trago de comparecer para explicar las cifras. Aún aceptando que agosto es un mes peculiar, que los empleadores se comportan de manera distinta y que hay factores estacionales que recomiendan prudencia a la hora de analizar y enjuiciar, parece obvio que estamos ante el umbral de un nuevo y complicado período que podría derivar en un cambio de ciclo económico. En cualquier caso, se impone una reflexión crítica. En las oficinas de empleo hubo en agosto otros 60.000 demandantes de una oportunidad de trabajo. Una cifra que dobla la del mismo mes del año anterior y que vuelve a situar por encima de dos millones el censo de parados. El pasado julio también conoció un aumento del paro registrado- -cinco mil personas- al que contribuyó el sector de la construcción, con doce mil desempleados inscritos. Pero este último mes han sido todos los sectores los que engordan el registro. Además, disminuye el ritmo de los contratos indefinidos, una de las apuestas del Gobierno a la que dedicó la última reforma del mercado laboral, pero que fue demasiado tibia y que no está dando los resultados esperados, pese a las campanas lanzadas prematuramente al vuelo por un optimista Jesús Caldera. Así, agosto presenta un cuadro de más desempleo y más precariedad. Más relevantes e indicativas son las cifras de afiliación a la Seguridad Social, que venían acreditando fatiga desde hace meses y que en agosto muestran algo más grave que cansancio. La afiliación media del mes desciende en 207.000 personas, casi 40.000 más de las registradas el agosto anterior. Y si reparamos en las cifras con detalle, se observan datos negativos desde el día 10, sin que se consiga remontar en la última semana, un da- S to indiciario de que la afiliación parece haber emprendido un paulatino retroceso. Hay que esperar a conocer los datos de septiembre para establecer conclusiones más definitivas, pero los síntomas son altamente preocupantes, tal vez porque los empleadores perciben nubarrones que les aconsejan no contratar más o incluso no sustituir las bajas que se produzcan. El sentimiento de los agentes económicos, según la encuesta conocida ayer, pone de manifiesto que la desconfianza parece extenderse sin remedio a pocos meses de las elecciones generales. El idílico paisaje que vendió el presidente del Gobierno en el último debate sobre el estado de la nación choca con la realidad de las cifras y, lo que es más grave, con el bolsillo de las familias, que tienen que ajustar su patrón de consumo por el efecto del aumento de los tipos de interés, por mucho que la ministra de la Vivienda insista en minimizar los efectos de la subida de las hipotecas. Y no hay que olvidar que estos procesos se retroalimentan, pues a la menor percepción de una apreciable pérdida del nivel de ocupación- -y por tanto de ingresos familiares- el consumo se resiente, lo que desalentará a los empleadores que pospondrán su oferta de trabajo hasta que el panorama se despeje. Las dos últimas ocasiones en las que se produjo algo semejante fue en el trienio 2002 2004- -cuando el crecimiento del PIB bajó del 3 por ciento y el empleo creció por debajo del medio millón de nuevos puestos de trabajo al año- -y el de 1992 94- -cuando la economía española padeció una de las crisis más agudas de la historia reciente, con PIB negativo durante un ejercicio y pérdida de casi 600.000 empleos en el trienio- Estamos en una fase de desaceleración evidente y queda por ver la profundidad de la misma. Las luces rojas de la economía se encienden justo cuando se acerca la recta final de la legislatura. En lugar de sacar pecho, bien haría Zapatero en tomar medidas eficaces para evitar males mayores. VÍCTIMAS DE LA POLÍTICA EXTERIOR A decisión de la empresa estatal argelina Sonatrach de cancelar unilateralmente el contrato previamente firmado con Repsol y Gas Natural representa un claro abuso que probablemente no pueda ser justificado desde el punto de vista legal. El Gobierno argelino- -situado a todas luces detrás de la decisión- -está molesto con la Unión Europea, entre otras cuestiones por ciertos desajustes en agricultura y política industrial, derivadas de su acuerdo de cooperación con Bruselas, pero la razón por la que Argel ha escogido a España para escenificar este enfado sólo se explica por el hecho de que el Gobierno socialista ha roto el equilibrio histórico que España había mantenido en el Magreb- -y no solamente en relación al conflicto del Sahara- -y por haberse convertido en un interlocutor del que, en estas circunstancias, no es previsible esperar reacción alguna. No es la primera vez en esta legislatura- -ya ocurrió en Argentina o en Bolivia- -en que las empresas españolas se ven perjudicadas por este tipo de decisiones hostiles, y es de temer que la situación pueda volver a repetirse, porque es evidente que a España le han tomado la medida. Éste es uno de los efectos palpables de la extraordinaria debilidad de la actual política exterior de España, aunque lo más sorprendente del caso sea que los países que castigan nuestros intereses son tanto aquéllos con los que el Gobierno de Rodríguez Zapa- L tero quiso entablar relaciones privilegiadas como los que- -es el caso de Argelia- -se han sentido menospreciados por las decisiones del Ministerio de Asuntos Exteriores durante esta legislatura. La política exterior socialista ha estado mal orientada desde el principio y ha debilitado enormemente nuestras posiciones, sin ninguna contrapartida. Tampoco ha contribuido a mejorar la situación la naturaleza de los ministros que han pasado por la cartera de Industria, simples ocupantes de cuota política en un Gobierno en el que no han estado a la altura de sus responsabilidades. En el campo energético, todo el mundo nos ha rebasado: no hay más que comparar lo que acaba de hacer Sarkozy en la opa de Gaz de France sobre Suez con el espectáculo en torno a las acciones de Endesa, episodio del que a España sólo le queda la desconfianza que ha sembrado en Alemania. Repsol y Gas Natural han perdido un contrato millonario, las relaciones con Argelia no pueden ser peores y el próximo viernes se celebran unas elecciones parlamentarias en Marruecos sobre las que gravita el espectro de la inestabilidad por una victoria de los integristas islámicos, mientras la población saharaui sigue languideciendo, abandonada por primera vez por un Gobierno español que debería preguntarse si, ante estos hechos, ha valido la pena tanta gesticulación irreflexiva. OS datos sobre accidentes de tráfico en el mes de agosto echan por tierra cualquier triunfalismo: 267 muertos (diecinueve más que en 2006) treinta de ellos en la operación retorno (uno más que el año pasado) son cifras inaceptables desde cualquier punto de vista. Las declaraciones optimistas del ministro del Interior y los elogios desmesurados a la eficacia del carné por puntos no resisten la prueba de los hechos. Quedan demasiadas cosas por hacer en este terreno. Ante todo, una política seria de educación vial desde la familia y la escuela, sin confiarlo todo a esos anuncios tremendistas que nadie termina de tomarse en serio. Las administraciones públicas tienen que asumir su cuota de responsabilidad. Las carreteras españolas- -en especial, muchas de las red secundaria- -necesitan una puesta al día, eliminando puntos negros y realizando labores de mantenimiento, poco lucidas para los políticos pero imprescindibles para los usuarios. La psicología colectiva considera los vehículos potentes como prueba de éxito social, sin que los límites de velocidad supongan un freno eficaz para las conductas temerarias. La combinación de éstos y otros factores provoca una tragedia en vidas humanas a la que nadie logra poner remedio. Son indudables los esfuerzos de la DGT, pero es evidente que no basta con la buena voluntad cuando los datos confirman de forma rotunda el fracaso de los responsables. La sociedad desconfía por definición de las medidas punitivas. La mayoría de los ciudadanos estima que Tráfico actúa con afán recaudatorio, y de ahí que exista una cierta indulgencia hacia los infractores. La DGT ni siquiera ha sabido ganarse la confianza de las asociaciones del sector. Por supuesto, cuando los ministros- -como ha sido el caso de Pérez Rubalcaba- -tratan de ponerse medallas que no les corresponden, esa desconfianza está más que justificada. Es imprescindible que los ciudadanos vean a los agentes como garantes de la seguridad de todos, y no como enemigos a los que hay que eludir. La eficacia es un arma convincente: un paso importante consiste en que la sociedad perciba la cercanía de los agentes a la hora de los atascos o accidentes y que se eviten en cambio los controles rutinarios y burocráticos. En todo caso, la confianza se genera por convicción y no puede imponerse a golpe de sanciones. Bien está la reforma del Código Penal para castigar la temeridad en casos de muy alto riesgo, pero la amenaza de la cárcel tampoco frena unos hábitos muy arraigados. La mezcla de alcohol y la velocidad es otro frente abierto en el que falta mucho por hacer y, en especial, los jóvenes son un sector al que hay que dirigir campañas específicas. Conviene también abrir una colaboración fructífera con la industria del automóvil, dejando a un lado tópicos e incomprensiones recíprocas. El carné por puntos puede ser un paso en la buena dirección pero, como confirman por desgracia los datos de agosto, no es en absoluto la panacea de todos los males. L