Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
52 AGENDA Necrológicas LUNES 3 s 9 s 2007 ABC Mauricio Sartorius s Escritor Sobre lo importante Sólo diferenciaba y esmeraba su trato con los más débiles, con los más aislados... ANTONIO GARRIGUES WALKER Hablando en términos convencionales nadie diría de él, nadie podría decir de él, que era un hombre importante. No tenía poder alguno. Ni político, ni económico, ni de ningún otro género. No buscaba ni necesitaba poderes. Conoció sin duda a gente poderosa pero jamás pretendió manipular esa relación en su propio beneficio. Trataba a esa gente además, con el mismo afecto, con la misma finura que a todos sus otros amigos, sin establecer la menor diferencia. Sólo diferenciaba y esmeraba su trato con los más débiles, con los más aislados, con los más indefensos. No lo hacía impulsado por sentimientos religiosos dogmáticos, sino simplemente porque era lo que había que hacer y no buscaba ciertamente halagos o reconocimientos, y aun menos compensaciones. De hecho los rechazaba categóricamente porque le ofendían. No mercantilizaba, en modo alguno, sus amores. Es siempre malo exagerar las virtudes de una persona y es tarea muy fácil, demasiado fácil, derramar e incluso despilfarrar elogios cuando se trata de personas que ya no están entre nosotros. Pero quienes le conocieron darán testimonio de que este no es el caso. No hay ni un gramo de exceso en estas palabras. Quizás- -casi seguro- -es lo contrario. Es muy difícil descubrir con acierto y con exactitud las calidades de una persona que tenía, afortunadamente, todos los defectos que hay que tener para ser un ser humano, pero en el terreno de la convivencialidad -que diría Illich- -es decir, en el terreno más difícil, en el juego más difícil y complicado, alcanzó niveles de auténtica maravilla y excelencia. Su técnica era muy simple: sólo gozaba si los demás lo hacían, sólo era feliz si los demás lo eran. Tenía por encima de todo un sentido del humor invencible que desbordaba y diluía, con toda facilidad, cualquier actitud negativa por firme y profunda que fuera. Y además del sentido del humor, tenía humor a palo seco, un humor que hacía reir bien, de verdad. No hay dinero- -él nunca utilizaría esta expresión- -para pagar tantas horas, tan completas, tan positivas, tan confortables. No quiso funeral, ni esquelas. Y lo pidió expresamente. No los tendrá. Pero algo habrá que hacer para que personas como Mauricio Sartorius nos Mauricio Sartorius el día de su boda ABC ayuden a recordar, al menos de vez en cuando, que vivir alegrando y ayudando a los demás, -aún a costa de perjudicar lo que pensamos que son nuestros intereses- -merece de verdad la pena. Ese sí que es un tema importante. Lamari, hombre clave que negoció directamente con los integristas MANUEL OSTOS El general Smain Lamari, número dos de los servicios secretos de Argelia, fue un hombre clave en las negociaciones con los grupos integristas de Argelia y siempre se mantuvo en la sombra. Lamari falleció en la madrugada del martes pasado en el hospital militar de Argel a causa de una crisis cardíaca, según informaron fuentes hospitalarias. El número dos de los ser- vicios secretos argelinos siempre se mantuvo en la sombra; su imagen nunca apareció en los medios informativos y rara vez fue citado en los comunicados oficiales, como corresponde a uno de los artífices de los servicios secretos. Lamari, de 66 años, dirigía la rama del contraespionaje secundando a otro general, Mohamed Mediene, más conocido como Taufik director de los servicios de seguridad y el militar con mayor influencia en estos momentos en Argelia, posiblemente más que el actual jefe de Estado Mayor, el general Ahmed Gaid Salah. Según la biografía dada a conocer por la televisión argelina al informar de su muerte, el fallecido procedía de una familia humilde asentada en el barrio de Beni Sliman, en la periferia de Argel, donde su padre ejerció como chófer de taxi. En 1961 se alistó en las filas de los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional (FLN) y, tras la independencia del país un año más tarde, se enroló en las filas de la policía, siendo enviado a Egipto para seguir los cursos de una academia militar, de donde salió con el grado de subteniente. En 1969 pasó a los servicios secretos, donde realizó toda su carrera hasta ser nombrado director de la Seguridad Interior, una de las dos ramas de la seguridad militar. Como tal, se le encargó la coordinación, entre 1992 y 2000, de los servicios de seguridad responsabilizados de la lucha contra el terrorismo islamista. Aunque nunca salió de la sombra, al punto de que no se le ha visto en ninguna fotografía con los invitados oficiales extranjeros, su nombre salió a relucir a principios del año 2000, en el marco de la negociación con los grupos integristas en armas. Lamari fue, en cierto sentido, el hombre clave de la negociación entre el Ejército y la rama armada del proscrito Frente Islámico de Salvación (FIS) que concluiría con la rendición voluntaria de este último, dirigido por el cabecilla Madani Mezrag. En mayo de 2002 la oposición argelina en el exilio habló de un atentado contra Lamari, que habría sido organizado dentro de la propia estructura militar y del que pudo salir ileso a pesar del ametrallamiento de su coche. Sus interlocutores extranjeros invitados en el contexto de reuniones de trabajo, entre ellos el director de la guardia civil española o el director general de los carabineros italianos, hablaron de Lamari como un hombre de acción, que desentonaba en un despacho. Sus enemigos le tildaron de todos los vicios, llegando a acusarlo de haber manipulado a varios cabecillas del Grupo Islámico Armado (GIA) En el delicado puesto que ocupaba era natural que fuera detestado o adulado por unos u otros, aunque no se le puede quitar el mérito de haber asumido personalmente negociaciones con los terroristas afirmó a Efe uno de los agregados militares occidentales en Argel, quien solicitó el anonimato. En el haber del fallecido hay que añadir el reforzamiento de los lazos existentes entre servicios secretos argelinos y occidentales, una tarea que Lamari llevó a cabo hasta tal punto que sus críticos le reprocharon una relación excesiva con la dirección general de la seguridad exterior de Francia. En memoria de Mariano Encomienda MANUEL PECELLÍN LANCHARRO En el corazón geográfico de la provincia pacense, capital de su rica comarca Tierra de Barros Almendralejo luce una extraordinaria personalidad. El mísero entorno donde Cela sitúa al violentísimo Pascual Duarte, en quien con toda justicia no se reconocen por aquí, se percibe una población orgullosa de múltiples logros. Es verdad que su equipo de fútbol, el animoso Extremadura, ya no cuenta entre los grandes, tras haber logrado por dos veces casi consecutivas el ascenso a primera división. Sin embargo, la pujanza de viñas y olivares, el creciente desarrollo de las industrias transformadoras, el dinamismo de tan- tas cooperativas, la atinada comercialización de los productos agrícolas, el carácter emprendedor de sus habitantes (por lo demás, extraodinariamente simpáticos) proporcionan a Almendralejo un sólido presente y muy prometedoras perspectivas. Asentada sobre la antigua Plata- -hoy, ruta económica y cultural de primer orden dicen que es la ciudad española con más coches por vecino. Mayor aún es la relación de libros por residentes, índice formidable que se alcanza merced a la biblioteca del Centro Cultural Santa Ana (con casi 120.000 títulos) sede de diferentes instancias educativas, entre ellas tres departamentos univesitarios: Ingeniería Técnica Agrícola, Trabajo Social y Magisterio (esta última fue la primera Escuela española privada entre las de su clase) Mucho ha tenido que ver en este resurgir la figura de Mariano Fernández- Daza, IX Marqués de la Encomienda, alentador de innumerables gestiones, cuando no protagonista directo más de una vez, único y hasta contra corriente de las más fructíferas, tachadas acaso a priori como quijotescas. ¿Cómo no habrían de parecerlo empeñarse en erigir una institución donde se estudiase desde las primeras letras a la diplomatura, establecer unas Jornadas Internacionales sobre el vino y la aceituna, que van ya por la 28 edición, levantar viviendas sociales, mantener en funcionamiento un hospital privado, meter más allá del Telón de acero los productos locales o reeditar facsímiles todos los volúmenes del Diccionario Geográfico de Madoz? Aunque nada atraería tanto al ilustre hombre como la bibliofilia. Digno émulo de aquel Marqués de Jerez de los Caballeros, cuya bibioteca, lamentablemente vendida, constituye la base de la Hispanic Society de Nueva York, discípulo y amigo del inolvidable Antonio Rodríguez- Moñino, realizó esfuerzos ímprobos para reunir toda la documentación relacionada con Extremadura, alcanzando a allegar más de 30.000 piezas (originales, fotocopiadas, microfilmadas o reproducidas por cualquier medio, en ocasiones manuscritas por él con su inconfudible letra) Tampoco anduvo remiso a la hora de poner nuevamente en circulación obras antiguas, joyas bibliográficas que pasaban así al alcance de los lectores contemporáneos. Y, sin duda, fue pieza fundamental de la ya sólida UBEx (Unión de Bibliófilos Extremeños) que hoy preside su hija Carmen, cómplice y seguidora de Don Mariano, que también tuvo a su cargo la biblioteca de la Real Academia de Extremadura. Se comprenderá así cuánto han perdido los de Almendralejo con la muerte, recién acaecida, de tan generoso e ilustrado prócer. Sin esta región, famosa por impenitentes Jarrapellejos hubiera tenido en cada ciudad hombres como Mariano Encomienda, Extremadura no habría figurado a la cola de las Comunidades de la Península. Se marchó, sí, sin la Medalla que cada año concede la nuestra a sus personajes más distinguidos. Poco importa: se fue el hombre, queda la obra. Desde las latitudes que ahora pueble, nos recordará con la Oda III de Horacio: Exegi monumentum aere perennius regalique situ pyramidum altius (Alcé un monumento más perenne que el bronce, que supera a las pirámides en altura) Y lo dirá con toda justicia.