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44 MADRID Veinte años del incendio de Almacenes Arias LUNES 3 s 9 s 2007 ABC No somos héroes, pasamos miedo Los bomberos que sobrevivieron a la tragedia de Almacenes Arias superaron sus propios temores para sacar de entre los escombros los cadáveres de sus compañeros fallecidos. Veinte años más tarde, recuerdan para ABC sus vivencias POR LETICIA TOSCANO FOTO ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Aunque ya han pasado veinte años, en la memoria de los bomberos que sobrevivieron a la tragedia de Almacenes Arias no se ha borrado ni un detalle de lo que ocurrió el día 4 de septiembre de 1987. Lo que comenzó como un incendio en un centro comercial se acabó convirtiendo en la mayor catástrofe que ha sufrido el Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid en su historia. Y los que estuvieron allí, ahora veteranos profesionales, recuerdan con semblante serio lo que ocurrió en el edificio de la calle de la Montera. Para ellos, para los que el incendio es un recuerdo grabado a fuego en su memoria y no sólo un hecho histórico, hablar sobre el suceso continúa siendo doloroso dos décadas después. Los bomberos, hombres acostumbrados a vencer las llamas durante años, todavía no han superado la pérdida de diez compañeros de una forma tan angustiosa e inesperada. En el Parque de Bomberos de Usera, en Santa María de la Cabeza, todavía están de servicio algunos de los hombres que hace veinte años ayudaron, piedra a piedra, a sacar los cuerpos de los que perecieron en la calle de la Montera. Allí, Emeterio García, con 28 años de carrera a sus espaldas, recuerda que salvó la vida de milagro, gracias a la advertencia de uno de sus compañeros, Francisco las siete y media de la tarde. Cuando ya tenían controlado el fuego del edificio comercial, intentaban desde allí apagar las llamas del almacén, porque los materiales guardados en él les impedían el acceso. Allí, hubo un momento en el que su compañero, Madueño, que acababa de terminar la carrera de Arquitectura Técnica, se percató de que el inmueble podía venirse abajo porque la pared medianera se había caído y el fuego estaba arremetiendo directamente contra las vigas maestras y los soportes Cuando supieron que la estructura podría ceder, lo comunicaron a sus superiores. Emeterio salió a beber leche para combatir la intoxicación por inhalación de humos y a cambiarse las botas, llenas de agua después de varias horas intentando extinguir el fuego. Mientras, Madueño acompañó a uno de los jefes, el también fallecido Escalera a sacar a la gente y asegurarse de que todo estaba bien. En el transcurso de cinco o seis minutos, cuando Terín se disponía a volver a entrar, cedieron las crujías y el edificio se cayó, como una exhalación Se ha venido abajo, se ha venido abajo era lo único que repetía una y otra vez mientras lloraba agazapado junto a uno de los camiones. El paso de los años no evita que su voz se quiebre y sus ojos comiencen a brillar amenazando lágrimas. Su amigo y compañero, Madueño, estaba dentro, junto a otros nueve bomberos, y Emeterio era uno de los pocos que sabían dónde podrían estar los cuerpos, por lo que su ayuda en las labores de desescombro fue determinante. No fui capaz de hacer el parte ni nada recuerda Emeterio. Mientras Terín cuenta sus vivencias, le escuchan otros tres bomberos veteranos. Cuando ellos llegaron, ya se había caído el edificio y la situación era desalentadora. Marcelino Sierra recuerda que se subió a un coche para poner orden entre los cientos de compañeros que se habían desplazado hasta allí para ayudar. Todos querían entrar y no era operativo, había que organizarse indica Marcelino. Llegaron bomberos de toda España que perdieron sus vacaciones, sus días libres y se arriesgaron a ser sancionados por ayudar a quitar los cascotes que aplastaban los cadáveres. A pesar de que fueron momentos duros, ambos confir- Actos conmemorativos -Martes 4 de septiembre: 10.30 horas, ofrenda floral en el lugar del siniestro (Montera, 31) -Miércoles 5: 18.00, Misa en la Parroquia de la Virgen de la Paloma. 19.00, maniobra de Exhibición. -Sábado 8: 09.00, carrera Vertical en la Torre Espacio. 11.30, carrera Vertical Popular en Torre Espacio. -Domingo 9: 10.00, Carrera de 8,5 kilómetros por Madrid. Cayó como una exhalación Madueño, que fue sepultado bajo toneladas de escombros. Vete de aquí, enano le dijo su compañero minutos antes de que se desatase la tragedia. A sus 53 años, la memoria de Emeterio, conocido como Terín por el resto de bomberos, no falla y sabe que nunca olvidará lo que vivió durante las más de cien horas que duró la búsqueda de los cuerpos. Sin embargo, en su despacho, dos cuadros le recuerdan permanentemente lo ocurrido en Almacenes Arias. Junto a ellos, una gran fotografía de los atentados del 11- M en Madrid completa una pinacoteca tétrica, testigo de lo que espera no volver a vivir jamás. Su discurso sereno sobre lo ocurrido es escalofriante. Emeterio se desplazó a Montera a Cambios en la estructura, una catástrofe que podría haberse evitado Entre los que estuvieron allí pesa aún la rabia de intuir que, tal vez, la tragedia podría haberse evitado. Según cuentan los bomberos, los edificios siniestrados habían sido reconstruidos después de otro gran incendio que vivieron en 1964. Al parecer, durante las obras y en los años posteriores se realizaron algunos cambios en la estructura de los inmuebles que no estaban autorizados. Así, en la terraza del edificio comercial, en teoría transitable, se instaló una torre de refrigeración que pesaba más de 5.000 kilos. Se colocaron también tres tramos de escaleras mecánicas que pesaban tres toneladas y media cada uno y se conectó el edificio comercial con el que hacía de almacén. Además, según comprobaron ellos mismos, la estructura estaba mal soldada, lo que contribuyó, sin duda, a que se viniera abajo. man que se sintieron muy orgullosos de su profesión cuando observaron la solidaridad y el altruismo que movía a los compañeros. Sin embargo, reconocen que en el solar lleno de escombros las ganas de sacar los cadáveres se mezclaban con el miedo. Hoy en día, con la experiencia que tengo y lo poco o lo mucho que he estudiado, sé que había un riesgo potencial de pérdida de vidas humanas enorme admite Terín cuando explica que las labores de rescate fueron lentas debido al peligro. Había hombres quitando escombros y otros sólo pendientes de que no se derrumbase la parte de la estructura que se mantenía en pie a duras penas sobre sus cabezas. La valentía del Cuerpo de Bomberos salió a relucir durante los cinco días de búsqueda. Lejos de la imagen estereo- tipada de los bomberos, ellos saben que no son superhéroes ni seres de otro planeta y aunque procuran que el dolor, el miedo y la rabia no traspasen el uniforme, a veces es inevitable que los sentimientos lo inunden todo, como ocurrió aquel mes de septiembre, en el que pasaron mucho miedo. Cuando transcurrió el tiempo, no todos fueron capaces de pasar página y seguir adelante. Yo lo he superado profesionalmente, porque me gusta mi trabajo, pero como persona no, todavía lo paso mal cuando hablo de ello admite Terín José Gómez también estuvo allí y sabe que es muy duro salir adelante. No vio cómo se derrumbó el edificio, pero en su memoria se mantiene una imagen que compite en dureza con Un cadáver en brazos