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ABC DOMINGO 2 s 9 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 87 La música entra por primera vez en el Irán de los ayatolás La Orquesta de Osnabrück ofreció en Teherán el primer concierto de una sinfónica occidental en treinta años, aunque a sus mujeres les impusieron llevar velo RAMIRO VILLAPADIERNA BERLIN. De 1979 aquí, cuando una sinfónica acaba por fin de tocar en Teherán, la música en general y la occidental en particular no ha tenido buena fama en Irán, y las intérpretes alemanas tuvieron que calzarse en la noche del miércoles un velo para tocar. Líderes revolucionarios islamistas coincidieron en estas décadas en ver lo de Beethoven y los suyos desde un raro ángulo blasfemo y, aunque parece que el ayatollah Jomeini no habría sido tan adverso a la música, pecó de no ser claro al respecto. De tal modo que sus apóstoles prefirieron la opción radical, presumieron que la melodía habría de distanciar al hombre de Dios, y no sólo no había vuelto a asomar por allí el arco una gran orquesta sino que, incluso, si la televisión está autorizada a emitir música, los instrumentos no deben ser nunca mostrados. Y aún así, admite al Financial Times el director de la sinfónica local, Nader Mashayekhi, hay gente que no ve la televisión para evitar escuchar música En estas condiciones, incluido el velo, ha llevado su embajada musical a Teherán la primera gran sinfónica occidental que interpreta en la vieja Persia desde la revolución. El director de la Orquesta Sinfónica de Osnabrück, Hermann Bäumer, armado con un programa de Beethoven, Brahms y Elgar y sus 63 músicos, considera lo suyo una misión diplomática que no le va a la zaga a las de la Agencia de la Energía Tres violinistas de la Orquesta de Osnabrück, con el obligado hijab Atómica. Del agravio del hijab obligado para sus intépretes dice que lo importante era la música Por si acaso, el presidente no ha asistido y, entre los 900 selectos invitados, envió al ministro de Cultura, cuyo director general para música y poesía defiende una música culta que si bien tiene raíces en la tierra, mira al cielo en pro de la responsabilidad humana de alcanzar a Dios Para que nadie interpretase agresivamente sus pentagramas como premonición de ulteriores asaltos norteamericanos, el fundador del Morgenland Festival Osnabrück, Michael Dreyer, ha sido claro en su parecer de que las guerras no son buenas, que su música está allí para evitar toda opción militar y que un ataque a Irán supondría el mayor desastre imaginable para el mundo Un concierto de estas carac- REUTERS terísticas, por primera vez en la tierra del belicoso presidente Ahmadineyad, debía mostrar que en Irán hay lugar para la vida, más allá de la imagen habitualmente mostrada La agencia alemana reporta un enorme entusiasmo y expectación, especialmente juvenil, pero Dreyer confesó lo cargante de los servicios secretos para evitar que ningún músico iraní entrara en contacto con los alemanes.