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84 CULTURAyESPECTÁCULOS Mostra de Venecia DOMINGO 2 s 9 s 2007 ABC Haggis revela la auténtica madre de todas las batallas en In the Valle of Elah Una impresionante película que tapó por completo a Eric Rohmer y en parte a Ken Loach E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL VENECIA. Hay películas que se te vienen encima como un tsunami, imparables, incontenibles, que mientras las estás viendo sabes que aquello no dejará de subir, de crecer, de anegarte. No son muchas, pero de vez en cuando uno tiene el privilegio de ser arrastrado por una de ellas, y ayer ocurrió tal cosa con In the Valley of Elah de Paul Haggis, aquel que llegaba aquí con algunas cartas de presentación como Crash o el guión de Million dollar baby para Clint Eastwood. Y hay rostros, primeros planos, que son la orografía y la cronología de la conciencia del ser humano, como la cara de lagarto de Tommy Lee Jones, que protagoniza esta terrible historia sujetada por apenas un hilo a la guerra de Irak y por otro a la cuerda que iza o abate (arría) la bandera de un país. La trama podría considerarse policíaca si no estuviera en su fondo tan ensopada de tragedia: un padre, un viejo policía, busca a su hijo, soldado, que ha vuelto de Irak y ha desaparecido sin dejar rastro, algunas imágenes de su vida en Irak recogidas chapuceramente en un teléfono móvil, algún mensaje de teléfono, algún correo electrónico... La película de Haggis obliga a sus personajes (el minucioso y terco ex policía que encarna Tommy Lee Jones y una agente local que interpreta muy bien Charlize Theron) a llegar al fondo de la investigación, pero en ese fondo lo que hay es un pozo sin fondo, o al menos la oscurísima visión de un agujero negro en nosotros mismos. No necesita Haggis de diatribas ni apologías, de suposiciones ni hechos sobre lo que es evidente que separa el bien del mal, la humanidad de la crueldad, la sensibilidad de lo yermo: en una escena irrepetible define el dolor con sólo mostrar los andares de Lee Jones y su demolida esposa, Susan Sarandon; en una escena increíble define el horror en el gesto tranquilo, risueño, sin remordimiento, de un criminal que ignora por completo que lo es, que lo son... In the Valley of Elah es mucho más que una metáfora sobre David y Goliat o sobre el sí o el no, el vamos o volvemos... Es un vistazo a la bacteria, a nuestro pecado de origen, heredado, y lo trata con una sencillez que acongoja en una simple escena: el hijo, el soldado, llora al otro lado del teléfono y pide árnica al padre, pero el padre, o los padres, le preguntan que si hay alguien cerca que lo puede ver llorar... Que no te vean llorar, hijo. No es fácil poner detrás de ésta ninguna otra película, pero menos aún como la que pusieron, la de Eric Rohmer Les amours d Astrée et de Céeladon una comedieta sobre los tontorrones amores y reacciones de un par de tortolos como sacados de un pasaje pastoril del Quijote y vestidos de cualquier manera, con gasas blancas y enaguas y refajos que, francamente, tal vez tenga algo de gracia o pertinencia en otra ocasión. Ken Loach también entraba ayer en la competición, y lo hizo a su modo, como mejor sabe, con un drama social y obrero con sus habituales limaduras de buen humor y vinagre fermentado. La película se titula It s a free world o sea que lo del mundo libre va con segundas, y se centra en la contratación ilegal, el abuso laboral y los diversos modos de humillación de los inmigrantes en Londres. Está hecha con ese toque Loach que parece dejarle una puerta abierta a lo real para que entre como pueda en su ficción: mucho exterior, actores no profesionales pero eficacísimos, jerga, frío y vaho... en fin, clima Loach. No es difícil que el espectador se vaya permeabilizando a la historia, a los problemas de los protagonistas (nos proporciona el punto de vista de la que en teoría es la mala la que contrata y manipula a los inmigrantes... y que tenga al final la sensación de haber visto una película digna y útil de ver. Como guinda, se ofrecía el definitivo, ahora sí, lo juro que ya no habra más, montaje de Blade runner que tiene alguna escena nueva, unos retoques en el final y una evidente traza de querer poner en onda algo que no va a pasar nunca de moda. En pantalla gigantesca, con un sonido impresionante, Blade runner era ayer una película tan excelente, innovadora, sugerente y profética como hace veinticinco años. Se entiende que Ridley Scott juegue con ella, quiera hacerla, rehacerla, aunque sepa que ha de dejarla ya, como a la rosa. Que no la toque más. AP Más información sobre la Mostra: http: www. labiennale. org Charlize Theron declaró ayer en Venecia que no visitará a las tropas en Irak como su colega Scarlett Johansson. Ella prefiere que vuelvan los soldados