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12- 13 S 6 LOS SÁBADOS DE cardiaco. Pero cuando existe una displasia, el músculo es sustituido por tejido adiposo. La corriente eléctrica no se transmite bien y se desencadenan las arritmias que ponen en peligro la vida. Los corazones de estos pacientes son sanos, pero sólo en apariencia. Muy raramente se trata de enfermedades indetectables. Como tampoco lo era el problema de Antonio Puerta. Lo que es indetectable es lo que nunca se llega a sospechar asegura Julián Villacastín, director de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínico de Madrid. La única oportunidad para estos enfermos es hacer un diagnóstico correcto lo antes posible. Una de las señales que avisan de un riesgo de muerte súbita son los mareos y desmayos, como los que sufrió el jugador del Sevilla en varias ocasiones. Las pérdidas de conocimiento coincidiendo o inmediatamente después de Julián Villacastín: La enfermedad de Antonio Puerta raramente es una patología indetectable. Lo que es indetectable es lo que nunca se llega a sospechar La muerte súbita no es un problema exclusivo de los deportistas profesionales. Puede aparecer en cualquier edad y en personas aparentemente sanas un ejercicio físico o una situación de estrés emocional no ocurren sin ningún motivo. Es muy importante descartar que se trate de muertes transitorias y siempre debe buscarse la causa explica el doctor Villacastín. En el Consejo Superior de Deportes (CSD) están acostumbados a escrutar corazones a prueba de esfuerzos. Si hay algún síntoma o alteración que nos haga sospechar no nos podemos con- formar con un examen que diga que todo está bien. Debemos insistir, insistir hasta el final para hallar la causa indica Araceli Boraita, jefa de Cardiología del CSD. La muerte súbita no es exclusiva de los deportistas profesionales. Puede aparecer a cualquier edad y en personas en apariencia sanas. Un historial de desfallecimientos o la existencia de casos previos en la familia debe ser consulta obligada en el médico aconseja el director de la Unidad de Arritmias. En este centro madrileño se creó la primera unidad de diagnóstico genético cardiovascular. Desde su inauguración el pasado mes de noviembre se han estudiado 64 pacientes con riesgo de muerte súbita Allí se observa a pacientes con síntomas o familiares que han visto cómo una enfermedad hereditaria del corazón acaba súbitamente con la vida de un ser querido. Hace siete meses llegó a esa unidad un varón de 41 años, era un deportista habitual que nunca había tenido problemas. En el último año había sufrido mareos sin llegar a perder el conocimiento después de hacer ejercicio. No le dio importancia, pero un día a los mareos se sumó una taquicardia y decidió acudir al médico. Tras una batería de pruebas le diagnosticamos una displasia del ventrículo derecho, el mismo problema que sufría Antonio Puerta. Le implantamos un desfibrilador y mantiene una vida normal cuenta Victoria Cañadas, responsable de la consulta de consejo genético. Ese mismo dispositivo, un desfibrilador implantable, probablemente, le habría salvado la vida al jugador del Sevilla. Similar a un marcapasos, el desfibrilador es capaz de detectar y tratar los ritmos cardiacos anormalmente rápidos. Cuando se produce una arritmia, el desfibrilador aplica una descarga eléctrica al corazón y recupera su ritmo normal. A veces ni el paciente se entera de que ha sufrido una arritmia. Estas enfermedades pueden permanecer silenciosas sin llegar a dar la cara o golpear brutalmente antes de alcanzar la segunda década de vida. Uno de los pacientes estudiados del Clínico acabó con un desfibrilador con 63 años. Su señal de aviso fue más cruel que un desmayo. Él se enfrentó a la enfermedad de golpe, con la muerte súbita de su hija cuando contaba sólo con 18 años. Había habido otros fallecimientos repentinos en la familia. Su hermano murió con 24 años, su padre con 40 y un sobrino no cumplió los 35 años. Hasta que llegó el estudio del Clínico nadie había pensado que la causa pudiera ser hereditaria. Pasar una ITV antes de ir al gimnasio Pasar examenes médicos para detectar problemas de corazón no solo salva vidas a atletas y deportistas. En Italia, la ley exige que los deportistas aficionados también pasen reconocimientos médicos. Hasta las personas que se matriculan en un gimnasio deben presentar un reconocimiento médico. En España no existe aún ninguna legislación que regule el tipo de exámenes médicos que debe pasar un deportista, ni profesional ni aficionado. El vacío legal se subsana con recomendaciones de sociedades científicas o de organismos, como el Consejo Superior de Deportes (CSD) Aunque ninguna legislación nacional lo exija, Araceli Boraita, jefa del servicio de Cardiología del Deporte del CSD aconseja a todos los aficionadose que se sometan a un examen en función de su actividad física, incluidos niños. Estos son sus consejos: Para cualquier actividad deportiva. Los niños y menores de 30 años deben pasar un reconocimiento que estudie su historia clínica y haga una exploración cardiológica que incluya un electro con tira de esfuerzo. Entre los 30 y los 40 años si tienen más de dos factores de riesgo cardiaco (hipertensión, tabaquismo, colesterol, obesidad... deben sumar a las pruebas anteriores una prueba de esfuerzo con control electrocardiográfico. Esa batería de pruebas también es aconsejable en mujeres de más de 50 años en tratamiento con terapia hormonal y varones de 40 años, haya o no factores de riesgo. Deportista federados o recreacional intenso (squash, triatlón) Por norma general, historia clínica, ecocardiografía y electro en menores de 30 años sin factores de riesgo. Con más años o a cualquier edad si hay anomalías en el electro en más de dos factores de riesgo se recomienda una prueba de esfuerzo máxima. Deporte de competición. Toda la batería de pruebas básica (electro, historia... más una radiografía de tórax, pruebas de esfuerzo con registro electrocardiográfico, eco doppler en color y estudio con holter (dispositivo que monitoriza el ritmo) si ha habido desvanecimiento previo. Descargas que salvan vidas El director de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínico, Julián Villacastín, muestra uno de los desfibriladores implantables con los que se tratan las arritmias más peligrosas