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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE Las velas plegadas del Orion on the seas un barco británico construido en 1910 Una espartana filosofía deportiva Lo difícil es encontrar locos que quieran meterse en esta historia, que quieran tener estos maravillosos cacharros pero, ¿qué quiere que le diga? Esto tiene un gran componente de locura, de pasión por la vela y por este tipo de barcos, porque yo llevo navegando desde los 12 años, soy un enamorado de la vela y de estos navíos y me leo todo tipo de revistas que hablen de ellos asegura el armador Juan Carlos Eguiagaray, que tiene su barco amarrado en un puerto de la costa alicantina. Siempre fui buscando un William Fife- -continúa- -y nunca podía porque eran muy caros, hasta que un día salió un anuncio y me fui a verlo. Estaba en un estado lamentable, lleno de polvo, desarbolado, con profundas huellas de abandono y maltrato, pero, a pesar de todo, sobresasalía por su elegancia, porque había sido una maravillosa balanda, quizás la más equilibrada y bella que hubiera visto nunca. Juan Sánchez me lo restauró en Málaga y aquí estoy, navegando en este barco rápido que ha sido restaurado respetando fielmente esta espartana filosofía deportiva Un navío diseñado por William Fife conserva todo tipo de detalle al más puro estilo british 1954 y construida por el noruego Bjarne Ass. Hay barcos de este tipo- -señala- pero cada vez es más difícil encontrarlos porque, de repente, se ha despertado una locura por estas embarcaciones, lo cual es de agradecer pues se están recuperando viejas glorias que hubiesen quedado en el olvido. Las regatas han provocado una moda y un interés enorme por estos barcos, pero como la competición es la competición, además de lucir el barco, también nos gusta ganar. ¿Afición cara? Hay otras que son más, y aquí lo que cuenta es la pasión. No sé si dentro de unos años podré regatear, pero por el momento es mi afición, algo que llevo dentro También han cambiado el tipo de velas. Lógicamente, las antiguas telas ni se fabrican ni se encuentran. Ahora son de dacron, un material sintético que no está penalizado, y desde luego las maniobras se hacen a mano, porque todo es cuestión de maña y fuerza. Nada de máquinas. En ésto radica su encanto y, visto desde el mar o la tierra, es un espectáculo y una descarga de adrenalina, según los navegantes. Cuando compré el barco estaba en regular estado- -afirma Javier Pujol, armador del Calima una embarcación de 13, 15 metros de eslora construida en 1970- Había pertenecido, entre otros, a Emilio Ybarra e Ignacio Aznar que, tras regatearlo durante cinco años, lo vendieron a un ingeniero que fue a quien se lo compré yo. Es un barco clásico pero, al ponerlo de última generación, regateo en la categoría de espíritu de tradición Lo más interesante de estas competiciones es que hay que saber navegar muy bien porque los aparejos son difíciles. Por un lado está el espectáculo que se forma en el mar con todas las embarcaciones, algo maravilloso; por otro, el que se organiza en puerto, donde se pueden apreciar de cerca los mil detalles curiosos de las embarcaciones La afición por navegar me entró en el Club Náutico del lugar donde veraneaba de niño, desde entonces me persigue el gusanillo del mar afirma Piti Millet, medalla olímpica en Montreal en 1976, junto con Toño Gorostegui. Millet ha competido con el Cascabel un barco de 1964 de 9,5 metros de eslora. Lo maravilloso de estas regatas es que se pueden ver barcos que ahora están incluso más bonitos que cuando se construyeron porque en su restauración se ha respetado su espíritu. Navegan fabulosamente (en algunos aspectos mejor que los nuevos) porque los cascos antiguos, más estrechos, pero equilibrados, pesan más y se desplazan también más. Es una navegación más placentera, más noble. Lo importante es tener un buen carpintero de ribera, de los que saben restaurar la madera y haga bien la labor del barniz Como en toda regata ha habido piques, pero lo mejor ha sido ver al Mariquita de 31 metros y botado en 1911. Es muy parecido al Hispania -en restauración en Mallorca- En la regata también han participado el Mariette (32 metros, de 1915) el Altair (32 metros, de 1931) el Agneta que fue de Giovanni Agneli, y el Creole el mayor barco de la regata (65 metros y de 1927) Fue en el Creole fondeado en la isla Spetsopula, donde los entonces Príncipes de España pasaron su noche de bodas. Era propiedad del armador Stavros Niarchos quien, tras la muerte de su esposa, Eugenia Livanos, lo vendió y se construyó uno nuevo. Hoy es propiedad de los empresarios Gucci, que tienen a Christopher T. Austin como patrón. Todos, en su conjunto, la mar de bonitos. La expectación del Mariquita Rafael Elcano, un carpintero de ribera, durante la restauración del Eva diseñado por William Fife y botado en 1906