Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 1 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SÍNDROME DE RETORNO E gustaba despedirse del verano dándose un paseo con su mujer por la playa, mientras los niños mayores acababan de empaquetar las cosas del apartamento. Caminaban sin apenas hablarse, con las sandalias en la mano para mojarse los pies en la espuma y la mirada puesta en el horizonte de la aún fresca mañana, como empapándose de la luz marina que tardarían meses en volver a disfrutar, acaparando en esa última caminata al sol las fuerzas para afrontar el momento de la partida, el atasco, la vuelta a la ciudad ya amarga IGNACIO de claxons y de prisas, a CAMACHO la inminencia de la oficina, del traje, de la presión, de los gastos de cada curso que aguardaban al otro lado de un fin de semana entristecido por el espeso síndrome del retorno. Como cada año tomaron un último café en el bar de la entrada de la urbanización, ya menos concurrido y como más amplio, demorando en cada sorbo el momento inexorable de la partida. Les sirvió como de costumbre un mozalbete veinteañero y sonriente que gastaba coleta y un piercing en la oreja, y que no quiso cobrarles- hoy invita la casa -en un gesto de deferencia que se sintieron obligados a devolverle con una breve conversación de despedida. El muchacho tenía ganas de hablar, y se detuvo unos minutos al otro lado de la barra. Qué, de vuelta a casa, ¿eh? Con pocas ganas de trabajar, supongo, ya se sabe. Bueno, si les consuela piensen ustedes en los que nos quedamos, que no está fácil la cosa, no. Mañana mismo acaba mi contrato, y ésta es la hora en que no sé lo que voy a hacer. Antes tiraba el otoño en la construcción, si había suerte, o haciendo suplencias en los hoteles de la zona, pero ahora dicen que hay menos obras porque la gente tiene miedo a la subida de las hipotecas, y también parece que algún que otro hotel va a cerrar de noviembre a marzo. A la vendimia o al verdeo ya no se puede ir, porque casi sólo cogen a inmigrantes, que cobran menos, y en el comercio tampoco están renovando contratos ahora que la costa se queda medio vacía. A mi novia, que está de cajera en un híper, la echan el quince de septiembre y no tiene nada a la vista. ¿Ustedes ven lo animado que está esto en verano? Pues a partir del lunes se queda todo como un erial, que da pena verlo. Nos defendíamos con las obras, pero ya le digo que eso va a menos, fíjense en la de carteles de venta que hay en los pisos y en los chalés. Seguro que algo sale, pero vaya, que ha habido años mejores, más seguros... En fin, buen viaje, y hasta el año que viene, espero. Respondieron con una sonrisa y una frase de afecto que trataba de ser solidario, y cuando se marchaban él se detuvo en la puerta un momento a mirar de nuevo el bar semivacío de sus desayunos veraniegos. Entonces se fijó en un letrero situado junto al bote de las propinas en el que apenas había reparado durante todo el mes. Decía Delphi no se cierra y quién sabía el tiempo estéril que llevaba allí colgado. L ROSA DÍEZ E S menuda y juncal, con algo de búcaro que parece a punto de quebrarse, pero está poseída de una pasión civil incandescente. Nada humano le es ajeno; conversar con ella es como asomarse a un paisaje de incesante amenidad. Irradia ese alborozo que sólo ilumina a los espíritus libres, un alborozo templado en las fraguas del coraje que se alimenta de unas convicciones firmes y discurre por su vida como un río desbordado, codicioso de futuro, rompiendo diques, sublevándose siempre contra los cauces establecidos. La enaltece una vocación insomne de servicio a los demás; y esa vocación de índole humanista le impide traicionarse a sí misma, le impide guarecerse cómodamente detrás de unas siglas que han dejado de defender aquello en lo que cree. Rosa Díez cree en cosas muy sencillas: cree en una libertad sin cortapisas ni contrapartidas, cree en la posibilidad de una regeneración democrática, cree en una nación de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, solidarios frente a quienes pretenden obtener privilegios mediante el chantaje. Se especula si la nueva formación que Rosa Díez encabece restará votos a JUAN MANUEL las facciones políticas en liza. Desde la DE PRADA izquierda se intenta caracterizar a Rosa Díez, que es más roja que las amapolas, como una especie de submarino de la derecha; es un propósito, amén de mezquino, grotesco, que no resiste un análisis mínimamente serio y que sólo satisfará a la militancia más sectaria. Desde la derecha, que tantas veces ha aplaudido las actitudes paladinas de Rosa Díez, se contempla con recelo su decisión y se trata de presentarla como una escisión de la izquierda. A medida que pasen los meses y se aproximen las elecciones generales, unos y otros recrudecerán sus ataques y apelarán al execrable voto útil que como se sabe es sólo útil para quien lo demanda. Pero Rosa Díez no viene a robar votos a nadie; viene a proporcionar una alternativa a quienes se sienten defraudados o lesionados en sus convicciones, también a quienes la política al uso provoca hastío o rechazo y, desde luego, a quienes creen que existen asuntos imperiosos, ineludibles, que están por encima de la bandería política y que exigen soluciones unívocas, no sometidas a la componenda con los nacionalistas. A la postre, el éxito electoral de la formación de Rosa Díez sería el fracaso del nacionalismo: por primera vez en nuestra democracia, los grandes partidos políticos tendrían que pactar con una formación que defiende intereses nacionales comunes, antes que con quienes se aferran a privilegios particulares. ¿Por qué algo que resultaría tan beneficioso para los españoles es contemplado con tanto recelo o inquina por los partidos establecidos? En el fondo de tanto recelo e inquina subyace el miedo. Los partidos establecidos representan un modo de hacer política acechado por la decrepitud: son maquinarias organizadas para la conquista del poder, sometidas a disciplinas ciegas, que fundan su fuerza sobre una visión anquilosada y patrimonialista de la voluntad ciudadana. Y, naturalmente, tienen miedo de que esa voluntad ciudadana se rebele y se sienta atraída por un proyecto nuevo, en el que no importe tanto el apriorismo ideológico como la defensa de principios que aúnen a personas de ideologías diversas, principios en cuya consecución esas personas estén dispuestas a arrimar el hombro y darse la mano. Y es que, sobre todo entre las generaciones últimas, hay muchos españoles a quienes la división tradicional entre derechas e izquierdas les suena a cuento chino, a monserga heredada que no sirve para explicar la realidad y mucho menos para dar respuesta a los retos que la realidad ofrece. Por eso los partidos establecidos tienen miedo: saben que representan una forma de hacer política vetusta, condenada a la extinción, sobre cuyos escombros se erigirá una forma nueva. Y Rosa Díez, poseída por una pasión civil incandescente, anuncia esa novedad codiciosa de futuro. Prepárate, querida amiga, para el vapuleo al que te van a someter tirios y troyanos; y no olvides que cada golpe que te propinen, cada vituperio que te escupan, es el estertor de una bestia decrépita y agonizante. www. juanmanueldeprada. com