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4 OPINIÓN SÁBADO 1 s 9 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL ESPERPENTO DEL SOCIALISMO FRANCÉS OINCIDIENDO con la celebración de sus tradicionales jornadas estivales de reflexión, los socialistas franceses siguen demostrando que el abismo de la crisis en la que se encuentran varados es ya insondable. Después de toda la batería de libros sacando a relucir las vergüenzas en el seno del aparato del PS, las crónicas de la reunión de La Rochelle oscilan entre las dramáticas descripciones de la despiadada lucha de clanes o la crónica frívola de las escabrosas relaciones entre la candidata derrotada en la elección presidencial, Ségolène Royal, y su ex compañero sentimental y secretario general del partido, François Hollande. En cuanto a las ideas para intentar salir a la superficie, ninguno ha pasado de pedir el apoyo de los militantes, pero no han sido capaces de decirles para qué. La crisis del socialismo francés viene de mucho antes de la derrota de la elección presidencial de este año- -hay quien cree, como Guillaume Bachelay, que hay que datarla a partir del primer mandato de François Mitterand- -y no se resolverá con un simple cambio de líderes que, por otro lado, es ya más que inevitable. Tanto Hollande como Royal se comportan como si el partido fuera una propiedad ganancial y mientras ella da por hecho que la candidatura presidencial le pertenece de oficio, su ex compañero sentimental afirma con grandilocuencia que su abandono del cargo será una decisión generosa, el año que viene, y como paso previo a asumir la calidad de aspirante al Eliseo, que ya le arrebató la madre de sus hijos en las elecciones primarias. Sencillamente, si este es todo el proyecto político del socialismo francés, se entiende que las discusiones tampoco conduzcan a nada. Ante tal vacío de ideas, personalidades de la talla de Michel Rocard se están sumando al coro de socialistas que prefieren elogiar la audacia del presidente Nicolas Sarkozy y su política liberalconservadora. Es lo único que se puede considerar que emerge como una especie de fiebre de realismo: al menos quedan algunos viejos militantes del PS que piensan en el bien de Francia, mientras la manada heterogénea de dirigentes actuales solamente se preocupan de cómo destruir a sus rivales- elefantes cocodrilos y demás fauna- -para encaramarse a la cumbre, aunque sea la de la montaña de las ruinas del partido. Francia necesita un partido socialdemócrata moderno que ejerza el sano papel de oposición y garantice la alternancia en el Gobierno. En todos los países grandes de Europa esa es la combinación que con sus variantes locales se ha mostrado más eficiente. Pero si los socialistas franceses continúan esa trayectoria suicida, no solamente se garantizan para ellos mismos un papel perpetuo en la oposición, sino que merecerían que las mentes lúcidas de la izquierda, que asisten con estupor a este estado de cosas, empiecen una eficaz labor de refundación para librar a Francia y a Europa de semejante rémora. C EL GOBIERNO, EN SU OASIS ECONÓMICO L vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, compareció ayer tras el Consejo de Ministros para explicar su tesis oficial sobre las turbulencias financieras de las últimas semanas. Su mensaje pretendía trasladar tranquilidad a los mercados y a los ciudadanos, como restando importancia a la evolución de la crisis. La tesis central del Gobierno es que la economía española sigue creciendo más que la europea, que no tiene problemas específicos y que esas turbulencias no nos afectan directamente, sino sólo ligeramente y de forma indirecta en tanto en cuanto introduce volatilidad en los mercados financieros. El Gobierno argumenta que la estabilidad presupuestaria, con superávit en las cuentas públicas, otorga margen para actuar en defensa del crecimiento si se considerara oportuno; también aduce que la tendencia de la inflación es a converger con la media europea; e insiste en que el sistema financiero español, y especialmente el mercado hipotecario, son sólidos y profesionales. Por tanto, el Gobierno no estima oportuno adoptar medidas concretas preventivas de la crisis, algo que sí ha anunciado en Estados Unidos George Bush con iniciativas que facilitarán a los deudores el cumplimiento de sus compromisos financieros. Sin llegar a parecer un discurso típico de una sociedad alegre y confiada lo cierto es que los análisis de Solbes trasladan la sensación de que el Gobierno vive en el mejor de los mundos y que considera que con sus actos contribuye a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos según palabras de la vicepresidenta Fernández de la Vega. A preguntas de los periodistas sobre la inminente subida de precios de productos básicos como el pan, los huevos o el pollo, Solbes dio una larga cambiada achacándola a las condiciones del mercado y a la mala cosecha europea. En definitiva, la recurrente excusa de la influencia externa y de sus efectos generalizados. Pero este discurso buenista, tan característico del Gobierno de Zapatero, contrasta en realidad con la opinión de los españoles, que perciben a medida que discurren los meses una situación algo dis- E tinta, con otra perspectiva más pesimista. Los millones de familias que tienen viva una hipoteca para financiar su vivienda (más de la mitad de las familias españolas están endeudadas) tienen que dedicar una parte sensiblemente mayor de su renta para atender las cuotas de amortización mensual: algo así como uno o dos vencimientos adicionales a los doce de cada año. Se trata de un esfuerzo añadido que obliga a modificar pautas de consumo y a reducir el gasto familiar para atender la prioridad hipotecaria, dos hechos que el Gobierno haría mal en infravalorar. Todas las encuestas ponen de relieve el deterioro de las expectativas de los agentes económicos. Crecen los porcentajes de los que estiman que tanto su economía como la general se van a deteriorar en breve. Los informes de los organismos internacionales tampoco son favorables porque coinciden en que la economía española va a menos y en que tendrá dificultades para conseguir ese aterrizaje suave que ansía el Gobierno y en el que tanto confía para hacer frente a las próximas elecciones generales. Algunos grupos parlamentarios, empezando por el PP, reclaman desde hace meses medidas fiscales que ayuden a las familias a mitigar la factura hipotecaria. Y la favorable situación presupuestaria de la que tanto presume el Gobierno justifica medidas de ese tipo para llegar algo más lejos de lo que lo ha hecho la pacata reforma fiscal aprobada el pasado ejercicio y en vigor desde enero. Permanecer con los brazos cruzados no es una solución. Es un error. Los datos macroeconómicos son sólidos, pero la aproximación micro a las familias no es tan halagüeña porque es ya una irritante evidencia comprobar cómo se resienten los bolsillos de los españoles. Frente al panorama sereno, de tintes casi narcóticos, que presenta el vicepresidente económico del Gobierno, hay una realidad tangible: en muchas familias se percibe muy lejano el oasis macroeconómico establecido como punto de referencia. Ante la preocupación ciudadana, confiar en la inercia puede ser la mayor de las imprudencias, una más. THE TIMES YERRA EL TIRO PARECE en el diario británico The Times un reportaje en el que se hace eco de modo exagerado y muy poco realista de unas críticas que, según afirma, estarían generalizándose en España sobre la figura de Su Majestad el Rey. Aunque el veterano periódico londinense ha cambiado mucho a partir de su incorporación al imperio Murdoch continúa siendo una referencia importante para la opinión pública. De ahí que convenga rebatir aspectos sustanciales de dicha información, elaborada a partir de fuentes muy sectarias y carentes del mínimo rigor, y de personas abiertamente declaradas antimonárquicas que no representan en absoluto a la mayoría de los españoles. El reportaje de The Times firmado por la misma persona que entrevistó y fotografió al etarra De Juana en el hospital mientras mantenía su huelga de hambre, cita las palabras de un político de ERC, un partido antisistema cuya propia denominación refleja su opción en contra de la forma monárquica de gobierno. Da juego a los comentarios de un senador del PNV personaje marginal desde hace tiempo en su propio partido, que ha encontrado en la desmesura la manera- -más bien anecdótica- -de que alguien recuerde su existencia como político. Se da pábulo también a rumores que en nuestro país sólo fingen tomarse en serio los anti- A monárquicos, y todo ello para llegar a la sorprendente conclusión de que los españoles se sienten muy distanciados respecto de Don Juan Carlos. Es una información perfectamente amparada en el derecho a la libertad de expresión de cuantos emiten sus juicios y conclusiones, pero que sencillamente yerra el tiro. Bastaría para acercarse a la realidad de los hechos con analizar las encuestas que sitúan a la Corona en un lugar de privilegio en la confianza pública o con acudir a los historiadores más relevantes para recordar el papel del Rey en la Transición y su condición de defensor de las libertades de todos. Aunque su eco mediático supera con mucho a su incidencia real, es notorio que en los últimos tiempos se ha desatado una cierta campaña contra la Monarquía, que se explica sobre todo por el hecho irrefutable de que Don Juan Carlos y toda la Familia Real simbolizan esa Transición democrática que algunos pretenden denigrar. Políticos plenamente instalados en el sistema se permiten formular opiniones, a veces de muy mal gusto, sobre la Monarquía parlamentaria que sustenta el régimen constitucional gracias al cual ejercen sus cargos públicos. Se trata de una actitud profundamente desleal, que por supuesto no consigue enturbiar el afecto y el respeto que siente por el Rey la inmensa mayoría de los españoles.