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88 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos VIERNES 31- -8- -2007 ABC MOSTRA DE VENECIA Ang Lee recrea Encadenados en Shangai y Branagh pone el dedo sobre La huella La aparatosa Lust, Caution y la prevista Sleuth oferta del día en la competición E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL VENECIA. Dos directores de prestigio mundial, Ang Lee y Kenneth Branagh, aunque mejor sería definirlos como un director fordiano y otro shakespeariano, ocupaban el centro de la pantalla en la jornada de ayer. Lo gracioso es que sus películas, Lust, Caution (Deseo y Cautela) y Sleuth cambiaban a Ford y a Shakespeare por otros créditos no menos nobles, los de Hitchcock y Manckiewicz. Total, que parece un enigma pero se resuelve al instante: Branagh ha rehecho La huella con Michael Caine en el personaje que interpretó hace 35 años Laurence Olivier y Jude Law en el que entonces hizo Caine... Y Ang Lee intenta que su película de intriga, espías y contraespías esté impregnada no tanto del estilo de Hitchcock como del argumento de algunas de sus obras clave, como Encadenados Dicho lo cual, hay que advertir que las cosas estaban bien antes de que llegara ayer. Pero ayer llegó y, francamente, tampoco hay que lamentar más desperfectos que los de haber perdido, tal vez, unas briznas de tiempo y otras de esperanzas: Ang Lee es un cineasta impecable, que rara vez resuelve mal sus empresas y siempre se espera de él una altura de la que conviene no caerse, porque te estampas. Lo de Branagh es otra cosa, lleva ya mucho tiempo sin ver diana y, aún estando Sleuth por debajo de lo deseable, también es cierto que se sitúa por encima de lo que se podía esperar de este director. No se ha llegado a estampar Ang Lee, aunque Lust, Caution se queda larga y algo fofa por momentos, aunque tiene otros de una tensión, pasión y obsesión que deja en poco aquello de los vaqueros de Brokeback Mountain La trama consiste en que un grupo de la resistencia consigue meter una bomba en forma de mujer en el círculo íntimo de un feroz e influyente colaboracionista (durante la ocupación japonesa en Shanghai a principio de los cuarenta) o sea, como Ingrid Bergman en casa de Claude Rains... Los personajes los encarnan Tony Leung (el de las películas de Wong Kar Wai) y Tang Wei, desconocida pero fácilmente reconocible por algún que otro par de detalles de su anatomía, y entre ellos tienen al menos tres o cuatro escenas de gimnasia sexual no apta para vertebrados y que lo dejan a uno en la duda de donde termina lo implícito y empieza lo explícito. Pero lo más explícito de la película de Lee es que podría haberle quitado minutos y lastre, o haberse centrado algo más en ese personaje que Tony Leung deja implícito, semioculto en la pantalla, una especie de Michael Corleone desconfiado y cauteloso hasta casi el ridículo: hay un par de escenas al borde de lo genial en las que escapa de las emboscadas que le tienden de modo sibilino. Lo que es indudable de ésta y de todas las películas de Ang Lee es que el buen gusto no abandona nunca su estilo haga lo haga y diga lo que diga, sea en las montañas o en los valles, en Estados Unidos o en China. Del Sleuth de Branagh, qué se puede decir. Cualquiera que recuerde La huella se dará cuenta de que lo más fácil es borrarla al intentar rehacerla. No llega a tanto: la película tiene estilo y personalidad, el guión de Harold Pinter le ha puesto algunas gotas de curare al texto original de Shaffer; la puesta en escena de Branagh Jude Law, Kenneth Branagh y Michael Caine, ayer en Venecia en la presentación de la película es engolada pero efectiva, incluso un punto teatral tanto en el modo de enfocarla como en la de interpretarla sus actores, y en eso consiste la función, en un pulso interpretativo: Michael Caine está magnífico en los dos personajes (en el que hizo hace cuatro décadas y en el que hace ahora) Jude Law, en cambio, le proporciona al suyo, al joven Milo Tindle, amante de la mujer del viejo millonario y escritor Andrew Wyke, unos perfiles demasiado afectados, artificiosos. El hecho de que los saltos mortales de la trama se conozcan ya de antemano tampoco le beneficia a ese limitado constructor de climas que es Branagh. Por no ocultarnos tras las ramas: la de Mankiewicz es una obra maestra y la de Branagh es una película que no está mal. Más información sobre el festival: www. labiennale. org it cinema Caine: Esta película no es ningún remake TONI GARCÍA VENECIA. Un atronador aplauso precedió la llegada de Sir Michael Caine al Casino del Lido de Venecia, escenario habitual de las conferencias de prensa del certamen. Caine, acompañado de Jude Law y de Kenneth Brannagh, llegaban a la Mostra para presentar su último trabajo: la revisitación no es ningún remake insistía el actor una y otra vez) de un clásico como La huella (el último filme de Joseph L. Mankiewicz, que dirigió en 1972) Ha sido un placer trabajar con Kenneth Branagh y estoy orgulloso de haber colaborado con él. Muy orgulloso. De hecho me gustaría saber si él está tan orgulloso de haber trabajado conmigo como yo lo estoy de haberlo hecho con él afirmó Caine, con rigurosa flema británica, ante las carcajadas de Brannagh, quien ha ejercido de realizador en el invento. El propio Brannagh declaró haber descubierto el secreto de Law y Caine: Cuando empecé los ensayos con ellos me di cuenta de que en realidad estaba trabajando con dos chavales de veinte años que adoran su profesión hasta límites insospechados Tras La huella Jude Law Jude Law fue el protagonista posterior, en tanto que productor del filme, y se cuestionó la validez de sus últimas decisiones profesionales, incluida la