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82 40 RICOS SOLEMNES VIERNES 31- -8- -2007 ABC Al Fayed MARCELO JUSTO De las armas a Harrods, el corazón del comercio inglés E s el dueño de Harrods y el Ritz de París, de un club de fútbol y de una inmensa fortuna, pero jamás logró cumplir un viejo sueño: ser un súbdito británico. A pesar de sus millones, lo rechazaron la realeza, la clase política y buena parte de la sociedad, con la solitaria excepción de los aficionados del Fulham, que le agradecerán eternamente que el equipo juegue en la Premier League A diez años de la muerte de Lady Di y su hijo Dodi, las cosas no han cambiado: Mohammed Al Fayed realizará una ceremonia privada en el memorial erigido para ambos en Harrods, mientras que la monarquía y unos 500 invitados se congregarán en la Capilla de la Guardia en Wellington Barracks, Londres. El único consuelo para Al Fayed es que sus hijos fueron invitados a la ceremonia principal. La presencia de Al Fayed hubiera despertado casi tanta po- lémica como la de Camilla, la actual esposa del Príncipe Carlos. Enemigo acérrimo de la monarquía, insiste contra viento y marea que el choque del coche en que viajaban Lady Di y Dodi contra una de las columnas del Puente Alma en París fue una conspiración del servicio secreto británico, el MI 5, y la monarquía, para impedir que la pareja se casara y tuviera hijos de ascendencia musulmana, virtuales aspirantes al trono británico. Al Fayed asegura que un pacto de silencio está detrás del informe de la policía francesa y la comisión Stevens, que concluyeron que se había tratado de un accidente, debido a que el conductor, Henri Paul, empleado del Ritz de París, había tomado una explosiva mezcla de alcohol y barbitúricos que le había hecho perder el control del vehículo. Esta perspectiva, que muchos consideran francamente delirante, tiene su lógica subjetiva. La muerte de Dodi y Lady Di es el capítulo más dramático de una larga historia. En 2003 el mismo Al Fayed lo denunció con todas las letras al anunciar que dejaría de residir en el Reino Unido porque no podía soportar más años de persecución La historia de Al Fayed en el Reino Unido es la de un hombre que ha buscado formar parte del establishment por todos los medios desde su llegada a principios de los 70. El paso más audaz fue la adquicisión en 1985 de la Casa de Frazer, un tradicional emporio comercial británico que tenía en su centro una de las joyas de la corona: Harrods. La noticia recorrió el mundo con un espasmo de asombro: la tienda más tradicional británica pertenecía a un egipcio. Lejos de aceptarlo, el establishment olió un prepotente e inescrupuloso rival musulmán dispuesto a todo. El empresario que Al Fayed sacó del medio, Roland Tiny Rowland, lo denunció y el Ministerio de Industria realizó una investigación de la compra. El informe, publicado en 1990, fue devastador. Para hacerse con la compañía, Al Fayed y su hermano Ali habían mentido sobre su historia personal y su fortuna. Estamos seguros de que la imagen que crearon de una línea de ancestros millonarios es totalmente falsa En una sociedad que valora los acuerdos de caballeros, la reputación de Al Fayed cayó en picado. Sucesivos gobiernos conservadores y laboristas le negaron la nacionalidad porque consideraron que no reunía la cualidad moral requerida para hacerse británico. ¿Se puede saber por qué no me dan el pasaporte británico? Soy el dueño de Harrods y empleo a miles de empleados en este país protestó Al Fayed. A esta altura, la biografía del egipcio se había convertido en un asunto nacional y los detalles que surgían de las distintas investigaciones añadían leña a la hoguera. Una revista satírica, Private Eye se burló de las pretensiones faraónicas del Al añadido al nombre Fayed. La infancia pobre en Alejandría, sus trabajos de vendedor callejero de gasesosa y máquinas de coser, su golpe de fortuna al trabajar para el vendedor de armas Adnan Khashoggi, se dieron a conocer como quien saca trapitos al sol. Una biografía no autorizada lo tildó de mentiroso compulsivo e inepto trepador social El romance de Dodi con Diana fue el último dado que echó a rodar el destino. Lady Di en la familia, sabía a venganza y triunfo. Ningún lenguaje conocido tiene una palabra para la pérdida del hijo- -sí la hay para quedar huérfano- -quizá porque es una muerte que traiciona las leyes de la naturaleza, pero sobre este dolor indecible apareció otro: la nueva victoria del establishment Para mejorar su imagen intentó casi todo. Compró el Fulham, creó una fundación caritativa, se convirtió en el gran benefactor del Hospital Osmond, una causa popular de los londinenses, pero no hubo caso. Cada acción era un boomerang. Las donaciones fueron criticadas porque Al Fayed no dio un centavo a ONGs y organizaciones humanitarias de su propio país, Egipto, con necesidades insatisfechas mucho más graves. Su propensión a la fábula tampoco ayudó. Al adquirir el Fulham dijo que era fanático del equipo desde su remota adolescencia en Alejandría en los años 40, algo que no se creen ni los más empedernidos fanáticos del club. Una biografía controvertida El no del establishment El millonario egipcio Mohamed Al Fayed ABC Más información: http: www. forbes. com