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ABC VIERNES 31- -8- -2007 40 77 glaterra reconoció, en la cadena ITV su adulterio con la que hoy es su esposa. En octubre, Jonathan Dimbledy escribió El Príncipe de Gales, una biografía páginas en las que el protagonista admitía no ya su relación con Camilla, sino que nunca estuvo enamorado de Diana y que fue su padre, el duque de Edimburgo, quien le obligó a casarse. Andrew Morton regresó al escándalo con Diana, su nueva vida en la que la protagonista se da al alcohol y los tranquilizantes. El pasado domingo, Inocencio Arias escribía en ABC acerca de Las crónicas de Diana de Tina Brown, un libro en el que se destacan sus facetas como mitómana, fabuladora y manipuladora dotada, no obstante, de extraordinario talento y valentía. Brown destaca su viaje a Angola, a petición de la Cruz Roja, para que concienciara al mundo del horror de las minas antipersona, -70.000 angoleños habían muerto ya- Diana anduvo, por un corredor de seguridad, entre campos minados. Era enero del 97 y el gobierno conservador no dio el visto bueno. La escritora no olvida el amor y habla del cirujano paquistaní Hasnat Khan, como el único en el corazón de la Princesa, que ansiaba un lugar, maravilloso y encantado, llamado extranjero, donde la gente la comprendería y podría llevar una vida normal Pero el médico comprendió que el magnetismo de su novia no podía ocultarse. Eso dio al traste con la relación. Diana fue para muchos una máquina de hacer dinero. A su mayordomo, Paul Burrell, también le llegó su turno. La vida real de la princesa de Gales llamó poderosamente la atención: Lady Di había manifestado que temía por su vida, un miedo que concretaba en una manipulación de su coche. El que fue su secretario en los complicados tiempos del divorcio tampoco perdió su oportunidad en Read all about it algo así como sépalo todo sobre aquello. Los medios de comunicación adelantaban rumores e informaciones. Buckingham desmintió, en 1982, que Diana padeciera anorexia, una enfermedad que andando el tiempo sufrirían Victoria de Suecia y un angustioso número de personas. Pero el caso de Diana era especial convenía presentarla como una inestable mental. Sola y desesperada, la Princesa supo vengarse de una familia a la que no entendía ni la entendió. En 1993, en la BBC, ad- Lady Di afirmó que temía por su vida, un miedo que concretaba en una manipulación de su coche Los temores de Diana Diana, con su compañero Dodi en agosto de 1997 AP mitió la relación con Hewitt, su conocimiento del asunto Camilla y dudó que el padre de sus hijos estuviera preparado para reinar. Fue un escándalo, pero no menor que el proporcionado por la revista Australian que publicó una conversación entre Carlos y su amante en la que un apasionado Príncipe desea ser su támpax. La prensa sensacionalista seguía su acoso y se centraba en la mujer cuya presencia despertaba un clamor de admiración. Cuatro días antes de morir, Lady Di concedió una entrevista a Le Monde La Prensa es feroz, no perdona nada, no busca más que el error. Cada intención es tergiversada, cada gesto, criticado The Sun difundió en 1996 un vídeo del que luego reconoció su falsedad. El mismo diario dio a conocer unas cintas con las voces de Diana y un varón, que fueron supuestamente grabadas por el servicio secreto británico. Pocas personas han merecido como ella un debate sobre el derecho a la intimidad, sobre si utilizó a la Prensa o fue utilizada por ella. Lo que parece claro es que si su vida se hubiese deslizado por los canales de un matrimonio dichoso, nadie habría fijado sus ojos obsesivamente en ella. Entre sus amigos figuraron seres tan dispares como la madre Teresa de Calcuta y Elton John. La máquina seguía siendo rentable. El 10 de agosto de 1997, el Sunday Mirror publicó una foto, El beso de Diana y Dodi al Fayed, con la que su autor ganó 450.000 euros. El 31 de ese mes, el National Enquirer ofreció un millón de dólares por una foto de la Princesa moribunda. Tony Blair percibió la magnitud del duelo e influyó en la Reina para que cambiara su actitud. En efecto, aquel día se decidía una lucha entre la tradición y lo inesperado y obligado. El primer ministro habló con voz quebrada y el talento de un hombre que palpa la realidad: Somos una nación en estado de choque. Ella llevó la alegría y el bienestar a la vida de muchas personas en Gran Bretaña y en el resto del mundo Era la princesa del pueblo y así permanecerá para siempre en nuestro corazón y en nuestra memoria Fue profético.