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76 40 VIERNES 31- -8- -2007 ABC Ríos de tinta Del cuento de hadas a la biografía truculenta La vida de Lady Diana, una de las más retratadas en la Prensa de todo el mundo, ha supuesto un suculento botín para todo tipo de escritores, que no han dudado en hurgar en las heridas menos cicatrizadas de la Princesa para enriquecerse TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO A unque su matrimonio- tres son multitud dijo- no hubiera sido un desastre de dimensiones personales e institucionales, y la muerte no la hubiese atropellado a la velocidad pavorosa con la que se apodera de los más jóvenes, Diana Frances Spencer, Princesa de Gales, aún no sería reina. Tampoco lo es quien fue su esposo, Carlos de Inglaterra. En el trono continúa Isabel II, que aunque confesara que había vivido un annus horribilis parece cierto que fueron algunos más. Y no sólo para ella. La divorciada que más ha dado que hablar, para mal, enriqueció la Corona con dos hijos: Guillermo (1982) y Enrique (1984) Diana tenía en común con su marido un antepasado, el Rey Jaime I, nal y su tragedia amorosa y mortal los que la convirtieron en lo que sigue siendo. Aunque de familia noble se negó a estar encastillada y creyó y demostró que a su círculo familiar debían añadirse los otros Si padecían lepra o sida acariciaba sus manos hablándoles con la mejor de sus sonrisas, y a fe que eran hermosas. Se preocupó de los heridos en las guerras, de los refugiados- -caso de Bosnia, para lo que contó con el apoyo del Gobierno laborista- de los mutilados por las minas antipersona, de los olvidados, en fin. La gente la encarnó en una diosa especial, porque nunca se refugió en un particular Olimpo. Que no fue perfecta no es necesario decirlo, a fin de cuentas era sólo una persona, eso sí, castigada cruelmente por ello- una criatura ridícula sentenció Camilla. Diana vendía y es sabido que está más cotizada la crítica sin piedad, que el respeto. Libros, periódicos, revistas, medios de comunicación se ensañaron con ella. Gente muy cercana la traicionó- -no hay que olvidar que, antes de los escándalos, Diana Spencer supo del abandono de su madre, que se enamoró fuera del hogar, y de su padre, que le endilgó a ella y a sus hermanas una madrastra que detestaban. Para rematar su vida en esta materia llegó el de su marido y el de algunos amantes, el más sentido el del hombre que verdaderamente amó, Hasnat Khan. En letra impresa se subastó su vida privada, se divulgaron sus amantes- -alguno también traidor- se la persiguió hasta un punto que quebraría los nervios de cualquiera. En 1992 se publicó como serial en News of the World una biografía de Colin Campbell, que giraba en torno a sus amores de abandonada, como si no fuera suficiente que su marido amase a otra. Diana, su verdadera historia de Andrew Morton, recogía el asunto Camilla y su fatal incidencia en su vida de casada. 1994 fue el año de La princesa enamorada de Anna Pasternak, que se centraba en la relación que Lady Di había mantenido con James Hewitt, su profesor de equitación, entre 1987 y 1991, quien obtuvo 3.600.000 euros por sus declaraciones. Ese año fue pródigo en noticias: Carlos de In- Más que una princesa Andrew Morton, con su libro Diana, su nueva vida AP Paul Burrell, ex mayordomo de Diana, autor de La vida real de Diana de Gales JAVIER PRIETO pero el condado de Spencer data del siglo XVIII, siendo más antiguo que la Casa de Windsor. Así pues, la muchacha de 18 años que se ennovió con Carlos de Inglaterra, no buscaba entrar en la nobleza. Trabajaba en un jardín de infancia, compartía un apartamento con amigas y estaba dispuesta para el amor. Sin embargo, en 1970, el Príncipe, 22 años, había conocido a Camilla Shand, 23, conocida después con el apellido- -Parker- Bowles- de un marido con el que convivió 21 años, infidelidad incluida. Aquel amor perdura aún, (Carlos tiene ya 59 años) pero hizo de Diana lo que nunca pensó ser. Pudo soñar, por su boda, con ser reina, pero ser mito, una diosa para millones de seres no estaba en sus planes. Fueron su humanidad, -no le importó mostrarse sensible y vulnerable- su gran belleza, su extraordinario atractivo perso-