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72 40 TIRIOS Y TROYANOS BAJOS FONDOS JUEVES 30- -8- -2007 ABC ALTOS VUELOS LUNARES DE LUTO Ahora que cada cual vuelve a su corral, todo retorna a lo de siempre, es decir, a la sana costumbre las bailamos a tumba abierta y otras agarraos, incluso hubo algunas que servidor arrancó antes de que la música empezase a sonar. En resumidas cuentas, que fue un gustazo soñar con los pies despiertos sobre los tejados de papel de una Casa centenaria que, desde hace un año, da cobijo a este que aquí se planta. La misma Casa que en su tiempo albergó a Cela, Azorín y GonzálezRuano. Sota, caballo y rey de nuestras letras. Y la misma donde ahora se alojan Mingote, Burgos y Juan Manuel de Prada, figuras todas que contaminan mi prosa cada vez que Santiago Castelo se planta su chaleco de tahúr y reparte cartas. Pero todavía queda la última pieza, para la que toca arrancarse lunares y embozar la cara en luto, no ya por la pieza en sí, sino por compartir el dolor con mi Capitán, el Pérez- Reverte. Muerto el Pacumbral, a mi Capitán ya no le queda con quien batirse. Y con los últimos compases, pongo el corazón en candela para acompañarle en el sentimiento. SE CURA EN ONCE MESES ¿Por qué tengo la idea obsesiva de romperme una pierna para no volver a la oficina? los buenos bailes agostíes con el Montero, que domina el arte de escupir adjetivos sin dejar de ser un caballero. O como diría Sarkozy, que sea extranjera de mi pasado. Y a mí que me inquieta la gente tan desapegada... También me ha prohibido los pensamientos negativos, o sea, que no crea que por haber disfrutado en vacaciones merezco un castigo. Me lo repito sin parar desde el día del patatús: no merezco este castigo, no merezco este castigo, no merezco este castigo. Y bien, ¿entonces porque lo padezco? ¿Por qué tengo la idea obsesiva de romperme una pierna para no volver a la oficina? Como no conseguía alejar los pensamientos negativos, decidí darme una sesión de chocolaterapia. El subidón de serotonina no me bastó y, siguiendo las recomendaciones de la terapeuta, lo completé con vinoterapia. Nada. Seguía de los nervios: mis ideas de ruina son muy poderosas. El día del regreso a la oficina se acercaba y mi síndrome no hacía más que empeorar. Cuando consulté con mi psiquiatra, su respuesta fue expeditiva: Lexatín con el desayuno, la comida y la cena. Empastillada estoy algo mejor, pero mi coach, con esa cara de Confucio que se le pone a veces, me ha sentenciado: Así no te harás nunca con las riendas de tu vida Le he explicado que lo que no quiero es encaminarme al establo de mi jefe. Lo primero que tienes que hacer para gestionar tu vuelta al trabajo es gestionarte a ti misma me soltó. Sí, una rotura de fémur es una mala gestión, ¿y un esguincito de nada? Que no y que no. Que me apeara de la burra, me dijo en la última sesión. Vale, pero entonces, ¿qué hago con las riendas? Me apunté a un curso de risoterapia, porque parece que también las carcajadas liberan las endorfinas ésas que le hacen a uno tomarse a bien la cara de alpargata del jefe. Tampoco dio resultado. El monitor se empeñaba en que la risa, para ser terapéutica, tiene que salir del vientre de forma auténtica; sin embargo, aquel jolgorio de seis a siete en punto no nos era natural a ninguno. Y el caso es que, como soy muy disciplinada, soltaba risotadas una tras otra: igual que con mis primas, pero pagando. Pues maldita la gracia. Se me helaba el rictus. Total, que el lunes regreso a la oficina sin remedio. Desesperada, estaba considerando marcharme de la empresa cuando me llegó el cargo de la visa y me dejó tiritando: tengo deudas con el centro de chocolaterapia, vinoterapia y risoterapia, con el coach, la psicóloga y la psiquiatra. Así no hay quien pida el finiquito. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora S iguiendo el curso de las venas azules que surcan el mapa de España, hallamos tierras de arroz hacia Levante. Y rías altas y pozas bajas si tiramos al Norte. Y marismas y esteros si nos orientamos al Sur, que es punto mágico donde se fundó la civilización más antigua de occidente. Hay que recordar que fue aquí, en los bajos del mapa, donde se jugaba al tute perrero mucho antes de que en Montecarlo hubiesen puesto lo de los casinos. Y además, qué demonios, si al mismo tiempo de ser cuna de civilización, ha sido y es cuna de flamencos, Manzanilla, rebujito y langostinos de cabeza grande. Y todo esto gracias a la función orgánica de esa vena azul que surca los bajos de España, el Guadalquivir, río que nace por Jaén y desemboca en Sanlúcar, Sur de España, desde donde tocó, durante el agosto, plantarse a bailar pieza diaria con mi contigua, Irene Lozano. Ahora que cada cual vuelve a su corral y cada quien se va por donde ha venido, todo retorna a lo de siempre, es decir, a la sana costumbre. Y así las playas vuelven a quedarse vacías de bárbaros y la civilización revive lejos de la mugre y de los cadáveres que el verano deja en las cunetas. Los que aquí seguimos, ya podemos respirar de puro gusto cuando los bárbaros del Norte regresan a sus puñeteras oficinas a contar dineros pues, como auténticos inútiles que son, no saben hacer otra cosa. Y es ahora, cuando las playas que hermosean las costas del Sur lo agradecen, gratificando a los pocos que quedamos con olas de cresta blanca que se dejan montar como hembra disfrutona. Septiembre se convierte en mes sabroso de sal, allí donde un día se juntaron las aguas de un mar antiguo con las de un océano tenebroso. Y ese reino fronterizo cubierto de arena fina vuelve a ser tierra de nadie y tierra de todos, patria chica de un mundo tan grande que no se puede abarcar con los brazos. Por lo demás, queda decir que, lejos de hundir tecla para batirme con mi contigua, Irene Lozano, mujer valiente donde las haya, lejos del tono bélico, un servidor intentó bailar con ella lo mejor que supo sin perder el compás de una orquesta dirigida por la batuta de García Calero. Y que hubo piezas que ace unos días empecé a padecer las taquicardias y el insomnio propios del síndrome postvacacional. En cuanto me imaginé de nuevo en la oficina, se presentaron de golpe todos los síntomas: malestar, malhumor, malaje y Maldonado. Penando a rastras por la escalera me crucé con mi vecino, y al simpaticón de él sólo se le ocurrió decirme: Pues no haber cogido vacaciones Esa saña ya no se lleva. Mi psicóloga dice que el sufrimiento hay que tratar de aliviarlo siempre. Me ha recomendado que piense en positivo, porque aunque esté quemada, tengo en la oficina amigos, me puedo realizar y todo eso. Me manda no aferrarme al recuerdo de H Las playas vuelven a quedarse vacías de bárbaros y la civilización revive lejos de la mugre y de los cadáveres que el verano deja en las cunetas Las playas vacías, signo inequívoco del final de las vacaciones JORDI ROMEU Mi psicóloga me ha prohibido los pensamientos negativos, o sea, que no crea que por haber disfrutado en vacaciones merezco un castigo