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4 OPINIÓN JUEVES 30 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CONMOCIÓN Y LUTO EN EL DEPORTE UN NUEVO PARTIDO PARA LA IZQUIERDA L adiós de Rosa Díez al PSOE, no por previsible, deja de ser un acontecimiento importante e ilustrativo del momento que vive la izquierda española. La eurodiputada socialista ha dado el paso que tanto se deseaba en su partido y que tanto ha evitado ella misma, porque al darlo confirmaría lo irreversible de las causas que lo motivan. En efecto, Rosa Díez se va del PSOE, como otras destacadas personalidades de la izquierda, harta y engañada. La política de Rodríguez Zapatero hacia ETA y el nacionalismo, en su conjunto, ha sido una fuente constante de discordias y enfrentamientos con las víctimas del terrorismo, el Partido Popular y amplios sectores de la sociedad española, perplejos ante el viraje suicida impuesto por el presidente del Gobierno en asuntos de Estado. Pero, además, Rodríguez Zapatero es el primer responsable de que el PSOE haya dejado de ser un partido de izquierda nacional para convertirse en una suma de franquicias socialistas locales, dispuestas a pactar con los nacionalismos más extremistas. Cataluña y Galicia son los ejemplos más incontestables de esta mutación del socialismo, y si en el País Vasco no se ha producido un fenómeno similar se debe a que no cuajó el proceso de paz en el que una Batasuna blanqueada- -y lista para posibles pactos que un esperanzado Patxi López no descartaba en noviembre de 2005- -estaba llamada a desempeñar un papel como el de ERC en Cataluña. Y en Navarra se impuso en el último segundo un cálculo electoral antes que un ejercicio de responsabilidad. Más allá de ser meros pactos para mancomunar el poder político, los acuerdos con los nacionalismos han impuesto en el PSOE una visión del Estado incompatible con el principio de igualdad. El peaje pagado a los nacionalistas es la admisión de una inaceptable discriminación entre españoles, según el lugar donde vivan. La cesión a ETA- -porque negociar con ETA una tregua y fijar un guión político es una cesión en toda regla- el debilitamiento del Estado y la promoción de unos nacionalismos más radicales y menos leales son los motivos principales por los que E Rosa Díez y otras personalidades de la izquierda, como el filósofo Fernando Savater y el profesor Carlos Martínez Gorriarán, han decidido constituir un nuevo partido político a partir de la plataforma cívica Basta Ya Podrían haber optado por promover un movimiento político no partidario que, a semejanza de lo ocurrido en Francia con Sarkozy, encauzara apoyos de la izquierda a un proyecto político nacional liderado por Rajoy. Legítimamente han optado por constituir un grupo político que dispute con los demás la confianza de los electores. Obviamente, será un partido de izquierda, aunque el PSOE tratará de presentarlo como una filial del PP, pasando por encima de la consideración debida a intelectuales y políticos que, como los citados, tienen acreditada una militancia mucho más coherente y solvente que la de aquellos que, cómodamente instalados en su mediocridad pasada, presente y futura, ahora cargan contra ellos desde las filas socialistas. Por tanto, aquellos ciudadanos españoles que por ser de izquierdas no votan al PP y por sentirse ante todo españoles no secundan la política sin principios de Rodríguez Zapatero, pueden contar en el futuro con una nueva formación que responda a sus exigencias de alternativas. Es en este contexto donde el nuevo partido tiene asegurada su viabilidad, en el caladero de los múltiples ciudadanos de izquierda que se sienten engañados y hastiados por Zapatero y que quieren una política de izquierda y nacional. Por eso no es extraño que algunas de las propuestas que ya se conocen de esta nueva formación- -que debe evitar ser un ilusión efímera- -tengan un carácter integrador y sin adscripción ideológica: reforma constitucional para la defensa del Estado, cambio en la legislación electoral para evitar el sobrepeso parlamentario de las minorías nacionalistas y política de unidad y firmeza frente a ETA. La coincidencia de estas propuestas con las del PP no hace sino confirmar que derecha e izquierda aún tienen amplios terrenos de consenso en lo fundamental y que es el actual PSOE el que ha decidido jugar en las canchas embarradas de los nacionalismos. LA IRRELEVANCIA EXTERIOR DE ESPAÑA NTRE dos países como España y Alemania, ambos miembros preeminentes de la UE, lo deseable es que se registren los menos conflictos posibles, pero asuntos importantes y de todo tipo que merezcan un análisis compartido existen en todos los campos de la relación bilateral, y cada vez más. Argumentar que no hay materias para celebrar una reunión entre los dos Gobiernos no es sino el síntoma de que las relaciones son, si no frías, bastante indiferentes. Si entre Francia y Alemania- -países cuyos Gobiernos se reúnen con cierta regularidad y que han convertido en objetivo prioritario su progresiva compenetración- -se anulase una cumbre con la excusa de que sus dirigentes no tienen asuntos de los que hablar, nadie pensaría en una situación normal, sino en todo lo contrario. Así, la suspensión de la cumbre hispano- alemana de este otoño no equivale a un simple aplazamiento por razones de calendario o agenda: es una mala señal, una clara anomalía, y mucho más si se tiene en cuenta que Alemania no es un país cualquiera. Empezando por la situación crítica de las tropas de la OTAN en Afganistán o el inquietante futuro de la misión militar que ambos países comparten en el sur del Líbano, es muy larga la lista de los asuntos en los que es necesario que los dos máximos responsables políticos de España y Alema- E nia intercambien informaciones y conocimientos de la manera más directa posible, independientemente de los desencuentros pasados. Cualquier observador puede enumerar una larga lista de cuestiones a las que Rodríguez Zapatero y Angela Merkel deben dedicar unas horas de conversación fuera de las habituales cumbres europeas. Naturalmente, cuando un Gobierno, como en este caso el español, no tiene vocación de estar en primera línea de la política internacional, lo normal es que sus potenciales interlocutores tampoco le den mucho valor al ejercicio de la diplomacia directa si detectan que los temas esenciales de la política exterior no le suscitan una emoción particular. Por otro lado, es evidente que las relaciones personales entre Zapatero y Merkel no han sido buenas desde el principio, cuando el presidente del Gobierno español descalificó su victoria electoral. Tampoco ayudó a mejorarlas su contumaz voluntad de interferir en la opa de E. ON sobre Endesa. Es posible que en Alemania hayan detectado- -y con razón- -que el Gobierno está ya lanzado a una dura precampaña electoral y que algunos de los asuntos que deben tratarse podrían verse influidos por un ambiente poco propicio y quizás incómodo. Pero en cualquier caso, este sorprendente aplazamiento no hace sino acentuar la impresión de que España ya es sólo un socio irrelevante en el escenario internacional. A muerte del futbolista Antonio Puerta ha causado una honda conmoción en la opinión pública. El joven jugador del Sevilla F. C. cayó fulminado en el terreno de juego y los médicos apenas han podido prolongar su vida durante 63 horas de angustia. Puerta era un notable futbolista, en plena proyección, llamado a un futuro todavía más brillante en su equipo y en la selección nacional. La entrega a sus colores y la energía desplegada en su defensa le convierten ya en una referencia ineludible en la historia del Sevilla. Más todavía, su muerte ha generado un sentimiento de solidaridad y una emoción colectiva que adquieren la dimensión de un verdadero fenómeno social. Es justo destacar que el fútbol, que tantas veces es fuente de malas noticias por la violencia dentro y fuera de los estadios, ha logrado esta vez conmover los resortes más profundos del ánimo colectivo superando, desde luego, cualquier tipo de rivalidad. La lucha por ganar a toda costa deja paso al compañerismo, a la fraternidad y a la armonía entre los diferentes sectores de un deporte tan competitivo. Sin excepciones, el mundo del fútbol ha sabido estar a la altura de las circunstancias y- -durante unas horas- -nadie se acuerda de fichajes millonarios, guerras televisivas o pasiones incontroladas, que la tragedia reduce a su verdadera dimensión. La llamada muerte súbita cardiaca acaba cada año con la vida de veinte deportistas. A pesar de la atención médica continuada, los jugadores de élite están sometidos a una fortísima tensión que a veces produce consecuencias dramáticas. El presidente de la FIFA ha hecho público su deseo de incrementar los exámenes médicos preventivos, pero es imprescindible pasar de las buenas palabras al terreno de los hechos. Con antelación al inicio de esta temporada futbolística, Antonio Puerta había sufrido ya dos desvanecimientos, pero los análisis posteriores no mostraron ninguna anomalía. Aunque no sea fácil asumirlo, lo cierto es que cualquier sospecha, cualquier mínimo indicio que pueda poner en riesgo la salud de un deportista, sea o no profesional, debería ser causa de suspensión temporal de la carrera deportiva hasta conseguir garantías, dentro de lo humanamente posible, de que no existe riesgo inmediato. Algún futbolista ha declarado estos días que a veces la dureza de la competición exige demasiado esfuerzo al cuerpo y no siempre lo aguanta. Es una reflexión que no debe caer en saco roto. Sevillista de pura cepa ya desde la cuna, Antonio Puerta ha logrado unir a las aficiones del Sevilla y el Betis en un mismo dolor y ha tenido en vilo a toda España durante su larga agonía. Además de rendir un merecido homenaje a la persona y al futbolista, es deseable que este triste acontecimiento sirva al menos para recuperar valores genuinos del deporte que, por desgracia, a veces parecen desterrados por imposición de una excesiva competitividad. L