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64 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos bra con armas de poeta. Con 26 años, Umbral regresa a Madrid, que será su capital del dolor, y Mortal y rosa su libro más grave porque respondía a una circunstancia terrorífica: la muerte de su hijo por leucemia, con apenas 6 años. Esa obra nació del dolor por la pérdida del ser más querido: Los ojos de mi hijo, sus ojos que ayer eran flores abiertas, capullos de noche, y hoy son rendijas tristes, sesgados por el cansancio y el recelo Umbral sufría como hombre, a la medida del hombre, con sus recursos y su mecánica de hombre, pero dentro de sí, dentro de ese sufrimiento, había algo más sufriente, una pulpa casi submarina de sollozo Tras rozar la muerte en el ferragosto de 2003 (tuvo que ser hospitalizado por una neumonía derivada de una operación intestinal) le preguntamos si había cambiado sus creencias: ¡Qué horror! ¡qué tema! No vaya tan arriba. Cambiar, nada. Si existen se deben reservar para el ámbito privado, y si no existen es mejor dejarlo respondió. Umbral será incinerado hoy en el cementerio de La Almudena, y descansará junto a su hijo, en el mismo nicho, en el mismo sollozo. Para Umbral, el escritor era al modo de Hobbes lobo y carroña para el escritor. Le bastaba con leer media página de un libro para comprobar si allí había talento o pura mecanografía, como decía Capote. Y su piscina la llenaba de libros de pura mecanografía Umbral se vestía de dandy cheli, y de pensador de izquierdas que provocaba con la palabra bien guisada. Hizo de Madrid un género literario, y sostenía que los escritores burgueses se debían suicidar como clase: Inevitablemente porque la derecha no lee; la izquierda no tiene tiempo, entonces, ¿quién te lee? O bien fracasas espantosamente y te mueres de hambre por ahí vendiendo kleenex por las esquinas. O si no fracasas del todo te aburguesas A los cachorros noveles les reprochaba que hicieran su autobiografía a los veintitantos años. Después de Delibes, sostenía, todo ha sido experimentalismo, novedad, mimetismo de los extranjeros, mientras que Delibes se ha mantenido en una novela clásica, con grandiosas tiradas y gran éxito de público. Los seres humildes, los desprotegidos, los cinturones de pobreza eran así universo abo- MIÉRCOLES 29- -8- -2007 ABC Umbral, mortal y rosa Incisivo agitador cultural y renovador del periodismo literario, el escritor murió a los 72 años. Hoy será incinerado, y descansará junto a su malogrado hijo, en La Almudena ANTONIO ASTORGA MADRID. La última vez que Francisco Umbral fue a ver a Mariano José de Larra, en una tarde de frío y plateresco, en la Sacramental de San Justo, con Espronceda y otros, le asaltó un ejecutivo de la muerte, con brisas de peluquería, a venderle su propio nicho: Y me dejó la tarjeta por si acaso, nunca se sabe. Cuando usted se muera me llama aquí le imploró el cuervo. ¿Y usted le llamó? -Le dije que no me iba a morir, de momento, aunque me hiciera descuento. ¿Ha vencido Umbral a la muerte? -Eso lo decimos todos los que hemos pasado por este trance, pero a la muerte no se la vence porque está en uno mismo. los cafés (como el Gijón, ayer de luto) y así ha llenado su siglo de obras jocosas y escritos satíricos, críticos, costumbristas, muy plásticos de escritura y vivos de traza. El periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas, y al Gobierno inquieto proclamaba. Le dieron el Cervantes (gracias a que Cela, cual martillo pilón, insistía año tras año) y el premio para Umbral fue el triunfo de la modernidad sobre esos viejos santones de la cultura que no aportan nada, que no añaden nada y que están superados acuchillaba. Cuando ganó el Príncipe de Asturias, Umbral se definió como una bestia de carga de la Literatura que iba a vestir de marrón. Tras el Cervantes, que festejó con güisqui y champán para todos mientras Don Juan Carlos le felicitaba por teléfono está usted en todo, Majestad, en el balandro y en la Literatura le agradeció el escritor) Umbral siguió usando trajes grises, negros o azules. Las mañanas de su ciudad, Valladolid, eran de plata y niebla, aunque Umbral nació en Madrid el 11 de mayo de 1935. Yo, señor, fuí un niño malísimo confiesa, hasta que domeñó la pala- Telegrama de los Reyes Umbral se confesaba así a ABC en su dacha, hace cuatro años, cuando rozó el carnívoro filo de la guadaña negra. Muy cerca de allí, en el Hospital Montepríncipe, murió en la madrugada del martes por un fallo cardiorrespiratorio, acompañado siempre por su ángel de la guarda: la gran mujer que sobrevive al genio, María España, su alma, su amanuense, su voz. España recibía ayer las condolencias y pésames de los Reyes y de los Príncipes; de la izquierdona y de la derechona de los pobres de la Gran Vía y de las madres con cartel; del periodismo y de la cultura, encabezada por el ministro de la cosa, César Antonio Molina. En su mesa camilla, arropado, Francisco Umbral parecía una castañera. Allí gastaba recado de escribir, y por lo mucho que le plagiaban, y encima sin citarle, era un género literario. En bata blanca, con alpargatas, solán de cabras, y olivetti, Umbral mojaba su pluma en tinteros con aroma al gran César del periodismo (GonzálezRuano) y a los Ramones (ValleInclán y Gómez de la Serna) mientras mordía sandwiches de espárragos blancos. Como Quevedo tres siglos antes, Umbral, animal periodístico, rasgaba el papel con su pluma de buitre en el sotabanco de En la RAE, el mismo polvo DIJO COSAS Y MIGUEL DELIBES LAS DIJO BIEN a muerte de Umbral me llega muy hondo. Nuestras relaciones no eran frecuentes pero sí sentidas. Fue un gran escritor: dijo cosas y las dijo bien. No hizo esfuerzos para hacerse comprender, pero quienes lo queríamos pasábamos por todo. Su talento estaba por encima. Desconozco las incidencias de su muerte, pero en todo caso él se daba por retirado. Descanse en paz y un abrazo grande para su viuda. L Umbral en la mesa de camilla de La dacha su sancta sanctorum