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ABC MARTES 28- -8- -2007 40 71 En marzo de 2006 fueron detenidos cerca de trescientos rumanos en la denominada operación Braila ABC Dos de los los ciudadanos rumanos detenidos en Alpicat en mayo de 2006 conversan con su abogada EFE Algunos de los objetos y dinero incautados por la Policía durante la Operación Braila EFE internados en cárceles españolas. Las cuentas se rendían a Rumanía. Siempre hay una cabeza que recibe el dinero por la planificación y las infraestructuras, y ese vértice está en su país. En España tiene a uno o varios jefes que reciben las órdenes y las imparten a su vez desgrana el comisario jefe de la UDEV Ángel Galán. Son células muy cerradas, con mínima conexión entre sí; las relaciones las establecen los jerarcas. Precavidos, instruidos en el oficio del crimen, sofisticados en falsificaciones y clonaciones, disciplinados. Cumplen todos los requisitos para complicarle la vida a la Policía. Mantienen la ley del silencio contra viento y marea, aunque se la jueguen y en condiciones normales, al contrario de lo que se dice, no utilizan la violencia. Si la pueden evitar, la evitan. Su capacidad para adaptarse a nuevos delitos es sorprendente y para moverse también, por toda Europa sostiene el comisario. La Braila culminó en marzo del año pasado con 283 detenidos en España y otros 14 en Rumanía (intervinieron de una forma u otra cerca de un millar de agentes) El dragón quedó herido de muerte pero dando coletazos, unos estertores que la Policía volvería a aprovechar poco después con otro gran golpe policial. La bautizada como operación Armagedón tres meses más tarde, confirmó una a una las teorías sobre las mafias rumanas que ya habían cogido cuerpo entre los investigadores. La organización estaba dirigida por una suerte de comité central desde Rumanía (Bucarest y Constanza) el núcleo que diseñaba estrategias, movía a los peones, repartía información y llenaba caja. En España y tras la detención de Talanu habían ascendido a padrino a Vasile C. que en su día controlaba las redes de prostitutas rumanas de la Casa de Campo. Cayeron 66 delincuentes dedicados a clonar tarjetas, falsificaciones y asaltos en viviendas y polígonos. Los flecos de la Braila como se esperaba, dieron frutos más que sustanciosos. A veces, dicen los funcionarios, lo mejor es dejar a gente dormir casi siempre algún segundón y de ahí para abajo, contra los que no hay pruebas demasiado fehacientes. Los jueces reafirman confianzas y los réditos, como ya ha ocurrido, no tardan en llegar. A los dos macroservicios han seguido otros, importanes, pero no con tanto tirón. Aún hay coletazos para desovillar durante meses. La próxima estación pasa por fijar vínculos europeos, una telaraña geográfica que importa maneras y delitos.