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ABC MARTES 28- -8- -2007 40 67 Emma Penella, en el jardín de su casa de Madrid, junto a su perro DANIEL G. LÓPEZ SEÑORA PRESIDENTA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN orrente y pedernal, y al tiempo brisa amable, Emma Penella siempre fue una mujer de rompe y rasga hasta en sus últimos años, en los que, mordida por la diabetes, cuando la saludaba diciéndole lo guapa que estaba, tras agradecer el cumplido, se subía pícaramente el vuelo de la falda para mostrar el trozo de pierna dónde se chutaba la insulina. Emma es para mí la señora presidenta, la máxima jerarquía en el jurado de los Premios Mayte de Teatro, que ella había ganado en 1995, en su vigésimo segunda edición, por su interpretación de La taberna de los Cuatro Vientos de Alberto Vázquez Figueroa, por la que obtuvo también otros galardones de interpretación como el Villa de Madrid y el María Guerrero. Me solía sentar a su lado durante la cena en la que se dilucida el más prestigioso galardón escénico privado de cuantos se T dan en España. Y doy fe de que su voz rotunda y bronca, y su campechanía envolvían a una señora deliciosa y con los pies en la tierra, que es como a ella le gustaba que fueran los personajes que interpretaba. Así lo aseguraba hace poco más de una década cuando, tras el éxito de La taberna volvía a los escenarios para encarnar a Toñeta, la criada sabia de El enfermo imaginario de Moliére. El teatro clásico- -subrayaba entonces- -es la escuela de todos los actores algo a tener en cuenta en labios de una actriz que había triunfado en el cine, aunque empezara con 19 años en el María Guerrero a las órdenes, como tantos actores estupendos, del no menos estupendo Luis Escobar, que le auguró: Vendrán a buscarte para el cine Si uno aprieta el botón del play de su memoria cinéfila, en seguida surge una imagen bien definida, la galdosiana Fortunata desplumando una gallina sen- tada bajo el quicio de un portal Fortunata y Jacinta Angelino Fons, 1970) y vienen también en seguida, en una catarata de imágenes poderosas: Carmen, la hija de Amadeo, el verdugo que quiere traspasar el negocio a su dubitativo yerno El verdugo Luis García Berlanga, 1963) La Lola que se miraba en un espejo ocuro (1966) y más atrás otra Lola, la jovencisima de Los ojos dejan huella (1952) su prImer papel importante, la Marga de Cómicos (1954) la Consuelo de Carne de horca (1956) la Estrella que suspira por su hijastro en Fedra (1956) la Rosa de La búsqueda (1967) una soberbia Ana Ozores en La regenta (1974) y hasta la doña Justa de La estanquera de Vallecas (1984) o una Teresa Panza televisiva y de altura (1991) Todas, como ella, señoras de rompe y rasga, ecos de una historia de cine acariciada ahora por la popularidad gracias a sus apariciones en las series Aquí no hay quien viva y La que se avecina Cosas del oficio de actor. INCORREGIBLEMENTE GENEROSA LUIS OLMOS Director del Teatro de la Zarzuela uienes la conocimos, además de lamentar sinceramente su definitiva marcha, sentiremos una profunda gratitud hacia esta inconmensurable mujer y actriz. Nunca olvidaré la impresión que me causó el día que la conocí, parecía que nos conociéramos de toda la vida. Todos los que hayamos tenido la oportunidad de trabajar con ella o de compartir su confianza y amistad, la recordaremos como una criatura excepcional, llena de energía, vitalista, divertida, detallista y profunda, incorregiblemente generosa y cariñosa... Se ha ido pronto pero, al menos, se ha ido como se merecía, rodeada del cariño de sus hijas, por las que siempre sintió desvelos y predilección, y de sus numerosos amigos y compañeros... Recordaré sus penetrables ojos, su expresividad, su risa, su naturaleza maternal y de anfitriona... Creo que Emma ha sido una mujer realizada, lúdica, que ha sabido disfrutar muchísimos momentos de su intensa vida... Chapeu! Hace diez años, cuando la dirigí en El enfermo imaginario me hizo un pequeño y entrañable regalo que siempre me ha acompañado, y aquí lo llevo; sin duda simbolizará mi cariño hacia ella. Gracias, Emma. Q Recordaré sus penetrables ojos, su expresividad, su risa, su naturaleza maternal