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ABC MARTES 28- -8- -2007 Sarkozy no vetará el ingreso de Turquía en la UE si hay consenso entre todos los países 23 El síndrome del pato cojo Liberada de pesados lastres como Alberto Gonzales y Karl Rove, la Casa Blanca intenta recuperar la iniciativa ante el nuevo y complicado curso político en Washington P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. Dentro del medido calendario político de Estados Unidos, los presidentes durante el final de su segundo mandato son conocidos como patos cojos Designación que hace referencia al desgaste, cansancio y bajas inevitables en la cúpula de la Casa Blanca y la limitación de ocho años que la Constitución impone a los ocupantes del Despacho Oval. En el caso de George W. Bush, su cojera se ha visto aumentada por la guerra de Irak y la nueva mayoría demócrata que controla las dos Cámaras del Congreso. Para poner coto a esta prematura merma de ímpetu, la Casa Blanca ha hecho saber a toda su plantilla de altos cargos interesados en volver al sector privado que ahora es el momento de hacerlo. Insistiendo en que los que permanezcan en sus puestos más allá del 3 de septiembre, fiesta del trabajo en Estados Unidos, adquieren el compromiso de aguantar hasta el final. En este contexto, se han acumulado en agosto las dimisiones de Karl Rove, el legendario gurú electoral, y de Alberto Gonzales, su asesor legal. Estas dimisiones han terminado por diezmar el grupo original de tejanos de confianza con el que el presidente Bush se hizo cargo de la Casa Blanca. Pero tambien están siendo interpretadas por los restantes miembros de la Administración Bush como una renovada oportunidad para afrontar el nuevo curso político en Washington sin penosos lastres. Salvo la evidente excepción del vicepresidente Dick Cheney, el nuevo equipo que ahora EE. UU. recluta soldados para Irak con una oferta de 20.000 dólares Al Qaida paga entre 200 y 300 dólares a los padres de niños con discapacidad mental por utilizarlos como kamikazes ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. A medida que la guerra de Irak se convierte en una matanza interminable, aparecen los problemas de reclutamiento. Los tiene el Ejército de Estados Unidos, los tiene Al Qaida, y cada cual los soluciona como quiere o como puede. Unos ofrecen 20.000 dólares (17.000 euros) a cualquiera que acepte vestir el uniforme antes de un mes. Otros pagan de 200 a 300 dólares (hasta 250 euros) a niños de once años por poner una bomba. Tradicionalmente el mes de agosto era bueno para el reclutamiento: la inminencia del fin del año fiscal hacía ver a muchos americanos la paga regular del Ejército con mejores ojos. Pero era más fácil que picaran cuando no había guerra. Ahora, con madres y novias conspirando en su contra, los reclutadores ya no sabían que hacer para cumplir sus objetivos anuales. Entonces, a alguien se le ocurrió dar nuevos incentivos. Nada menos que un año de paga extra antes de empezar. Esa es la cantidad que se embolsa cualquiera que acepte ponerse el uniforme y montarse en un barco la semana que viene. Esa es la justificación técnica de la suculenta bonificación: se paga en concepto de molestias por la movilización instantánea y por asumir un entrenamiento acelerado. El diario The Washington Post lo contaba ayer en un tono no exento de vergüenza ajena. Pero los reclutadores no se dejan amilanar. Aseguran que no le han ofrecido el bono de 20.000 dólares a nadie que no hubiera manifestado un interés previo por la carrera militar. Es cierto que la cifra se anuncia bien grande en la misma puerta de las oficinas de reclutamiento. Pero eso no cuenta: se supone que el índice de lectura entre la tropa es muy bajo. También vive al día el enemigo. Ni siquiera en Irak hay suficientes desesperados o fanáticos para proveer a Al Qaida de una fuente inagotable de suicidas. Entonces, han empezado a echar mano, sin contemplaciones, de la infancia. Los Angeles Times informaba ayer de que, desde marzo, en los campos de detenidos en Irak ha pasado de haber 100 niños de once años para abajo a haber 800. Su participación en la contienda crece en progresión geométrica. El uso de niños como combatientes es una infamia mundial y se ha puesto particularmente de manifiesto en guerras como las de Sierra Leona o Ruanda. Pero en esos países, por lo menos, a los niños soldados hay que secuestrarlos, arrancarlos a su familia. Mientras que en las zonas más empobrecidas de Irak, según Los Angeles Times basta con ofrecer dinero a los padres. Con lo que pagan por un solo atentado infantil, hay familias que sobreviven dos meses. En abril, fuentes locales citadas por la agencia de noticias de las Naciones Unidas, IRIN, denunciaron que Al Qaida estaba usando niños con discapacidad mental para cometer, no ya atentados peligrosos, sino directamente suicidas. Se citaba el caso de un niño huérfano al que prometieron que, si hacía bien su trabajo, iré al cielo, donde me espera mi mamá Niños soldado Mi abogado maneja el Ala Oeste de la Casa Blanca no está dominado por outsiders de Texas sino por figuras más acostumbrados a los manejos internos de Washington y a forjar compromisos con el Congreso. Aunque sin llegar a los niveles de confianza de un Alberto Gonzales al que Bush se refería en español como mi abogado Un mote ganado en 1996, cuando el letrado ayudó al entonces gobernador de Texas a evitar actuar como jurado, lo que le hubiera podido forzar a reconocer un viejo cargo de conducción bajo la influencia del alcohol. Trapo sucio que terminó por salir a la luz en la primera campaña presidencial de Bush. El consenso de analistas políticos apunta a que esta profunda renovación de personal- -la que muchos republicanos hubieran querido ver tras la reelección de Bush- -va a permitir a la Casa Blanca un cierto respiro de borrón y cuenta nueva para afrontar cuestiones tan espinosas como un previsible pulso legislativo sobre prioridades presupuestarias y el debate sobre el futuro de la presencia militar de Estados Unidos en Irak. Una presencia reforzada que el Pentágono no puede mantener hasta más allá del próximo mes de abril y que está generando toda clase de presiones a favor de una pronta retirada. ABC. es Vídeo del acuerdo entre chiíes, suníes y kurdos en Irak, en abc. es internacional Tres peregrinos con un carnero son revisados por un soldado iraquí en un control de Kerbala AP