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22 INTERNACIONAL www. abc. es internacional MARTES 28- -8- -2007 ABC Varios fotógrafos de Prensa editan sus imágenes bajo los retratos del vicepresidente Cheney, el presidente Bush y el dimitido fiscal general Gonzales AFP Bush pierde a otro hombre clave con la dimisión de Gonzales como fiscal general Una forzada salida entre las tácticas antiterroristas adoptadas tras el 11- S y reproches de politizar el Departamento de Justicia PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Desacreditado, acusado de politizar el Departamento de Justicia, sospechoso de haber cometido perjurio ante el Congreso y en el epicentro de una debilitadora polémica por algunas de las cuestionables tácticas antiterroristas adoptadas por la Administración Bush tras el 11- S, el primer hispano en llegar al prestigioso puesto de fiscal general de Estados Unidos presentó ayer su dimisión irrevocable. Tras resistir meses de presiones bipartidistas a favor de su salida del Gobierno, Alberto Gonzales finalmente se ha sumado al creciente éxodo de altos cargos de la Administración Bush, que empieza a acumular significativos problemas de personal pese a tener todavía 510 días de mandato por delante. Al confirmar su decisión, que se materializará el próximo 17 de septiembre, Gonzales se limitó a calificar sus trece años de servicio público como una singladura excepcional Sin aceptar preguntas de los periodistas, el hombre se limitó a recalcar que incluso sus peores días como fiscal general de Estados Unidos han sido mejores que los mejores días de mi padre un humilde trabajador agrícola itinerante de origen mexicano. Con un tono de orgullo patriótico, Gonzales insistió en que Estados Unidos es el mejor país del mundo y que pese a todo él es un ejemplo del sueño americano El presidente Bush fue mucho menos diplomático al reprochar públicamente que su asesor legal ha sido tratado injustamente pese a ser un hombre de integridad, decencia y principios Bush insistió en que ha aceptado la dimisión con reluctancia. Destacando lo triste que resulta vivir en un tiempo en que a una persona como Alberto Gonzales se le impide realizar un trabajo importante porque su buen nombre es arrastrado por el barro por razones políticas Con todo, la dimisión ha sido aplaudida discretamente por congresistas republicanos y entre vítores por la nueva mayoría parlamentaria del Partido Demócrata. Según ha recalcado Harry Reid, líder de la Cámara Alta, el titular de Justicia carecía de la independencia, el buen juicio y el coraje de decir no a Karl Rove La animosidad contra Gonzales se remonta a su gestión como letrado de la Casa Blanca. Tras el 11- S, este hispano al que no le gusta el español forjó una serie de argumentos a favor de la expansión de poderes presidenciales, incluida la autoridad de realizar escuchas telefónicas en casos de terrorismo sin la requerida supervisión judicial. Sus argumentaciones sirvieron también para formar tribunales militares de excepción y limitar los derechos de los prisioneros en Guantánamo. Como fiscal general, Gonzales se ha visto cuestionado por el cese de varios fiscales federales entre acusaciones de haber permitido una purga politizada. Gonzales también se encontraba en el punto de mira del Congreso por haber declarado que el programa de escuchas sin permiso judicial no generó desacuerdos dentro de la Administración. Afirmación desbaratada por los testimonios de James Comey, ex vicefiscal general, y Robert Mueller, actual director del FBI. Ambos han explicado cómo Gonzales no dudó en exigir la plena cooperación del entonces fiscal general, John Aschcroft, mientras se encontraba ingresado en cuidados intensivos por un doloroso problema de vesícula. Con la dimisión de Alberto Gonzales, los tres principales puestos en el Departamento de Justicia quedan vacantes. La Casa Blanca ha indicado que Paul Clement, letrado- jefe del Gobierno ante el Supremo, actuará como fiscal general en funciones hasta que un reemplazo sea anunciado y confirmado por el Senado. Las primeras quinielas han apuntado la posibilidad de que la Administración Bush opte por alguien que haya pasado ya por el visto bueno de la Cámara Alta, como Michael Chertoff, actual ministro de Seguridad Interior. Arrastrado por el barro