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84 DEPORTES Primera división s El Sevilla, al borde de una tragedia LUNES 27 s 8 s 2007 ABC Palop y Dragutinovic fueron los primeros en atender a Antonio Puerta cuando éste sufrió el desvanecimiento en el terreno de juego ¡Qué mierda que me han tenido que cambiar, qué mala suerte tengo! Antonio Puerta, que sigue ingresado en la UCI, muy grave, maldecía al retirarse tras su desvanecimiento J. BERNÁRDEZ SEVILLA. Muy grave A lo escueto del pronóstico que a las dos de la madrugada del domingo ofrecieron los cardiólogos del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla sobre Antonio Puerta, el futbolista que unas horas antes, y sin que mediara síntoma de dolencia alguna, había sufrido en el césped del Sánchez- Pizjuán la primera de las paradas cardiorrespiratorias que habían dado con su cuerpo de atleta en la UCI, le añadía por su cuenta el sevillismo las primeras coletillas de una noche que iba a ser de vigilia para una multitud tantas veces unida por los triunfos y por las derrotas, una inmensa familia ahora más apiñada que nunca por efecto del miedo y la incertidumbre. Muy grave, sí, tan grave como difícil de creer. Un jugador de 22 años- -23 en noviembre próximo- se había caído a plomo sobre la hierba del campo de Nervión con la conciencia perdida. Y no un jugador cualquiera, si es que a alguien le puede cuadrar ese apelativo en una tesitura tan alarmante, sino uno de los futbolistas con sitio de honor en el imaginario colectivo del sevillismo, el hombre que había cambiado la vida de tanta gente con un simple gol, el que cierto jueves de Feria había metido a su equipo en su primera final europea en más de cien años de historia. Sin un golpe, sin un mínimo choque con el rival del Getafe al que perseguía. Él solo. Puerta, Antonio Puerta, sevillano y sevillista del mismo barrio donde se asienta el equipo, nieto de uno de los visionarios que en 1905 habían fundado el club, había hecho revivir por un momento a los más veteranos de las gradas, a los de la cincuentena para arriba, la sensación de angustia asociada en el recuerdo a la tragedia de Pedro Berruezo, el futbolista del Sevilla que se dejó la vida en un terreno de juego en 1973 después de un desvanecimiento similar. Veintinueve minutos llevaba Puerta corriendo por su banda izquierda en el primer partido de la nueva temporada de Liga cuando le sobrevino el desmayo, cuando el partido dejó de tener importancia de repente para los que vieron de cerca la cara blanca, la mirada ida de un deportista fulminado por alguna causa impensable. Pocos se acordarán de que su equipo iba perdiendo por un gol o de que el árbitro había expulsado a uno del rival. Todo se convirtió en insignificante y hasta ridículo bajo la sombra de la tragedia. Los primeros en reaccionar fueron los jugadores que estaban más cerca de Puerta, sus compañeros Palop y Dragutinovic. El serbio acertó a meterle los dedos en la boca a Antonio para que no se tragara la lengua, lo que dicta el manual de asistencia en estos casos. Unos segundos después llegaron el médico, Adolfo Muñoz, y el fisioterapeuta del equipo, Pepe Carvajal, que reanimaron al jugador hasta que pudo ponerse de pie. Puerta fue capaz de andar hasta el vestuario, pero no había cambiado la terrible inexpresividad de su cara. El mayor espanto lo llevaban impreso en sus rostros el médico y Salvi Torres, el masajista, camino de la caseta. ¡Vaya puta mierda, me han tenido que cambiar. Qué mala El tiempo juega a favor de su vida afirma el presidente Del Nido, y entre el sevillismo se asume que hay muy pocas posibilidades de que vuelva a jugar al fútbol