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ABC LUNES 27- -8- -2007 40 65 FESTIVAL DE SANTANDER Preservar un legado Intérpretes- -Orquesta Ciudad de Birmingham, L. Batiashvili (violín) S. Oramo (director) Obras- -Chaikovski, Sibelius y Beethoven Lugar- -Palacio de Festivales de Cantabria El ministro de Cultura, César Antonio Molina, junto a Rosa Regàs, en un acto celebrado en el Ministerio VÍCTOR INCHAUSTI Rosa Regàs ocultó el robo en la BN desde el martes 21 hasta el viernes 24 El ministro de Cultura acudirá hoy a la Biblioteca para conocer los hechos de primera mano. El hallazgo de un bisturí en uno de los incunables destapó el hurto J. G. CALERO MADRID. Por increíble que parezca, la directora de la Biblioteca Nacional conoció el robo el pasado martes 21 y no lo puso en conocimiento del Gobierno o de las fuerzas de seguridad hasta el viernes 24. Dejó pasar 72 preciosas horas, impidiendo que la investigación avanzase rápido. Esto no es todo: a pesar de que la información oficial de la Biblioteca Nacional afirma que el robo se detectó cuando se buscaban los mapamundi desaparecidos de los incunables para incluirlos en una exposición, lo cierto es que fue la aparición de un bisturí con carcasa plástica, que había sido introducido en la Sala Cervantes, lo que destapó el robo. Según ha podido saber ABC de fuentes de toda credibilidad, el ladrón debió actuar el pasado viernes 17 o el lunes 20 de agosto. Porque el martes 21, cuando los bibliotecarios se disponían a cotejar las fichas de consulta de libros con sus originales- -procedimiento semanal con que se comprueba si algo va mal- -descubrieron el bisturí en el interior del estuche de uno de los ejemplares. La hoja pudo ser introducida entre portaminas metálicos, burlando el único control de seguridad de acceso. Según las mismas fuentes, el ladrón debió dejar el instrumento cortante para no arriesgarse a ser detectado a la salida por su causa, aunque debió identificarse como investigador para pedir los libros. Lo cierto es que ha tenido mucho tiempo para huir. Nada más tener conocimiento del robo, Rosa Regàs, según han relatado a ABC varias fuentes de esta Biblioteca que quiere ser abierta dio orden de que no se produjese la mínima filtración sobre los hechos. Su advertencia permitió que tan sólo el viernes, ante la necesidad de buscar una salida, se informara al Gobierno y se hiciera un comunicado de prensa sumamente escueto. El informe oficial, que también acompañó a la denuncia ante la Guardia Civil, recoge otros hechos diferentes. Afirma que se buscaban para una muestra los mapas sustraídos y que, sólo al descubrir el robo, se puso en relación con la aparición, tiempo atrás- -el informe ni siquiera especifica cuánto, a pesar de la gravedad del detalle- de un elemento cortante en el interior de la Biblioteca. Da la impresión de que aquella aparición no llevó, de ser cierta, a ninguna medida. Además, el informe no explica qué ocurrió entre el martes 21 y el viernes, ni justifica la tardanza en reaccionar. Sólo añade que los incunables fueron precintados para preservar las pruebas, a falta de la inspección por parte de la Guardia Civil. Tampoco el jefe de seguridad de la Biblioteca Nacional, de vacaciones la pasada semana, supo nada hasta el viernes, y no fue avisado por la directora sino por una compañera. Varios jefes de departamento vivieron la misma situación. Por todo ello, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha decidido acudir hoy mismo a la BN para constatar por sí mismo, en conversación con los responsables de la Sala Cervantes, cómo fueron los hechos y de paso para mantener un encuentro con la directora, que se presume tenso. El PP ve responsabilidad directa en Regàs y espera que ahora no culpe a la Prensa La portavoz del PP en el Congreso, Beatriz Rodríguez- Salmones, lamentó ayer el robo de la Biblioteca Nacional y declaró que, según lo publicado por ABC sobre el agujero en la seguridad, es de una gravedad que hace necesario la destitución de Rosa Regàs por su responsabilidad directa No estamos hablando de declaraciones, sino de la gestión en su misma esencia, que es la custodia añadió. Para la diputada, la información ha sido indigna de un centro como la BN, por su falta de precisión, y vamos a solicitar una información milimétrica de cómo fueron los hechos, porque nos alarma la poca fiabilidad de lo dado a conocer Rodríguez- Salmones aseguró que sólo con buena información podemos ver consternación y ausencia de responsabilidad de la directora, porque si no informas, no la asumes. Y la nota fue escandalosamente insuficiente Para terminar, ironizó diciendo que esperemos que Rosa Regàs no vuelva a decir que la Prensa tiene la culpa de todo COSME MARINA Se inició con ímpetu el espectacular maratón orquestal que, cada año, marca el punto y seguido del Festival Internacional de Santander. Abrió el desfile la sólida Orquesta Sinfónica Ciudad de Birmingham, formación que, durante casi dos décadas, dirigió con singular acierto Sir Simon Rattle, y que continúa en buena forma a las órdenes del finés Sakari Oramo. Todo un reto que el director ha sabido asumir de manera enérgica, transmitiendo una forma de entender el gran repertorio, dinámica y contundente, a la que únicamente, a veces, se le pueda achacar falta de matiz. El concierto arrancó con Romeo y Julieta de Chaikovski en una versión de tensos acentos románticos que dejó paso al que se convirtió en el pilar de la velada, un sensacional acercamiento al Concierto para violín y orquesta en Re menor, op. 47 de Sibelius. Para desplegar en su esplendor el poder de seducción de la obra contaron director y orquesta con una solista de lujo que ya exhibió su talento desde el primer compás, la violinista georgiana Lisa Batiashvili. Poseedora de un sonido opulento, casi caudaloso, pero no exento de dulzura, la violinista tocó un Allegro moderato de intensidad mayúscula, contrastado y vigoroso. Sorprende en una intérprete joven tal capacidad para transmitir esta obra con hondura expresiva, más allá de un virtuosismo superficial. Batiashvili se empleó a fondo y dejó ver porqué en su juventud su carrera ya se mueve entre la élite internacional. La segunda parte estuvo plenamente ocupada por Beethoven y su Séptima sinfonía que Oramo y su orquesta interpretaron sin reposo y casi con vehemencia. Oramo sacrificó el detalle en la búsqueda de un resultado global unitariamente más sólido, y ganó con ello en movimientos como el Allegro con brio de enorme vitalidad expositiva. En el bis, casi era de rigor, con Sakari Oramo, otra obra de Sibelius, magistral cierre en el Vals triste en una velada con la que el ciclo homenajeó a Luis López Lamadrid, responsable del Festival de Peralada, y de origen cántabro.