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62 40 FOTOBLOG LUNES 27- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Jutta Pfannenschmidt Secretaria de dirección Para ver sitios bonitos hay que llegar antes que las constructoras El carácter de sus compatriotas alemanes le sacaba de quicio I. S. R. MADRID. No sólo lo decimos nosotros. Los propios alemanes reconocen que son demasiado serios A Jutta, que no encajaba en esa idiosincrasia- no me sentía a gusto, puede que suene raro pero así es asegura- le encantó la personalidad ibérica, noble, con sentido del humor y llena de espontaneidad. Yo creo que el calor y la luz ayuda a tener buen ánimo En Alemania, cuenta Jutta, nadie me entendía porque soy una persona que habla muy rápido. Todo el mundo me pedía que repitiese lo que decía, y eso me volvía loca. Aquí sin embargo, me siento a gusto porque todos habláis a una velocidad tremenda Otra prueba de que ya le gustaba lo español antes de venir: su primer coche fue un Seat 850 amarillo Se quedó en España tras ser elegida para un puesto en una empresa bastante prestigiosa Hizo unas pruebas de selección, pero el que sería su jefe le dio el empleo sin ver las calificaciones. Ni siquiera vio mis escritos y certificados, que yo, como buena alemana, había preparado cuidadosamente para la ocasión Al poco de llegar, viajando por una carretera nacional se encontró con una imagen de un surrealismo propio de la película Amanece que no es poco Me salí de la carretera y descubrí una olvidada ruina de lo que en su día había sido un imponente edificio medieval con sus pinturas en las paredes interiores. ¡Estaba lleno de ovejas que un pastor había metido allí! Lo único que espanta a Jutta, y a cualquiera que tenga dos dedos de frente, es la fuerza que tienen algunos grupos de interés para desfigurar regiones enteras. Para ver sitios bonitos hay que llegar antes que las constructoras REUTERS Campeonato mundial de lucha de insectos Es como el sumo, pero en miniatura. Procede, claro, de Japón, país experto, como bien se sabe, en empequeñecer las cosas hasta su más mínima expresión. De todos modos, celebrar, como es el caso, un campeonato mundial de lucha de insectos se antoja un tanto extravagante. Pero existe. Y ahí están los dos escarabajos sobre el ring- -otra imitación en miniatura- dirimiendo sus diferencias para lograr la medalla de oro- -aunque en su caso debería ser más bien de pelusa- -en su especialidad. En Osaka, a pocos kilómetros de donde fue tomada la fotografía, se encuentran los mejores atletas del mundo en los Campeonatos de Atletismo, pero, por la cara del chaval que observa la pelea, esto es mucho más apasionante y sorprendente que los cien metros lisos. Fernando Castro Flórez El desvío a Los Ángeles A la salida de Barstow, ese sitio donde te abroncan por no dejar propina después de tratarte como a un perro, giramos hacia San Francisco. Quería ir a Los Ángeles y no me he atrevido a decirlo hasta que hemos llegado a Bakersfield. Demasiado tarde. A Caparrós también le apetecía y no quiso plantearme esa posibilidad porque cree que mi único deseo es llegar al aeropuerto y poner rumbo a casa. La verdad es que necesito ver ya a Manuela y a los niños, quiero que Plata se suba junto a mí al sofá y pasar esa hora mañanera paseando por el parque mientras ladra a todos los perros y a todos los jardineros que se cruzan en su camino. Añoro tam- bién mi biblioteca, estoy convencido de que algunos libros también me extrañan. Con todo, la escapada a la ciudad de las estrellas era algo tentador. Mi entregado compañero de fatigas no ve ningún problema y sugiere que agarremos la ruta 5 y entremos por Beverly Hills en esa zona caliente. Tomando unos tacos mexicanos en un bar de carretera, con un ruido propio de los Sanfermines, veo en la tele un reportaje sobre David Beckham y su insoportable spice- pija. Paso de los ardores a la flaccidez. El crack de los Galaxy y, sobre todo, su patética señora, son suficientemente venenosos para que mantenga mi idea de desviarme de la Route 66. Quería ir a Mulholland Drive a ver si homeopáticamente consigo adentrarme en mi fanatismo con respecto al cine de David Lynch; también resonaba en mi calenturienta mente el nombre de Pomona. Al final de Inland Empire, cuando la protagonista agoniza con un destornillador clavado en su vientre, una homeless negra, mugrienta entre cartones, habla con una pareja igualmente tirada y mencionan, insistentemente, Pomona, un sitio al que habría que ir pero que, de momento, es inalcanzable. No te preocupes cariño, tan sólo te estás muriendo es una de las frases que en esa película extraña aparece como precario consuelo. Seguramente mi soñado periplo en Los Ángeles estaba marcado, de antemano, por el signo de la decepción. Un camarero dicharachero nos aborda para preguntarnos una vez más: Where are you from? Con evidente desgana respondemos que somos de España y resulta que él, con su acento perfecto, es de Guijuelo. Como si fuéramos viejos colegas de la mili nos damos unos abrazos raciales y nos invita a una ronda de cervezas. Tiene un amigo de Las Hurdes que vive en Santa Clarita, junto a Los Ángeles y, tras llamarle, nos hace saber que se va a montar un fiestorro es esa la fabulosa palabra que emplea, en nuestro honor con jamón de bellota que tienen envasado al vacío y vino de la tierra Quedamos, eufóricos más allá de toda sensatez, en vernos a las nueve de la noche para ir juntos hasta el compatriota que tiene todo preparado para el cachondeo He perdido la cuenta de los abrazos y choques de manos en plan rapero que nos hemos propinado. Lo cierto es que hemos quedado en firme A las nueve sin falta, machos es lo último que escucho de este camarero español hasta las cachas. No hace falta que le diga a Caparrós lo que tiene que hacer: enfila en dirección a San Francisco. No tenemos excusas: hemos dejado tirado a un buen hombre.