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28 INTERNACIONAL LUNES 27 s 8 s 2007 ABC Alberto Sotillo EL SAGRADO DERECHO A LA VIDA stados Unidos prepara una nueva legislación para reducir el tiempo que los condenados a la pena capital sobreviven en el corredor de la muerte. El objetivo no es limitar la angustia de quienes aguardan a que les quite la vida un funcionario del Estado, sino acelerar la tramitación de los recursos de apelación. Lo que ha provocado la protesta de quienes temen que lo que se limite sea el tiempo para recoger nuevas pruebas que eviten la ejecución en caso de inocencia del reo. Por lo visto, tal providencia ya estaba prevista en la Ley Patriótica así que igual dicen que tiene algo que ver con la guerra contra el terrorismo. Cuando leo estas noticias no es la razón política la que se moviliza en mi interior. Es un misterio más profundo. Porque para mí es un enigma que un sector de la opinión pública norteamericana temerosa de Dios recuerde persuasivamente el derecho a la vida para luchar contra el aborto y, a la vez, olvide ese principio en su defensa de la pena de muerte. La mía fue una educación cristiana al viejo estilo. Y creo recordar que, cuando decimos que la vida es sagrada, manifestamos que el ser humano es una creación de Dios, digna y admirable, a su imagen y semejanza. El derecho a la vida, supongo, tampoco tendría que ser relativo ni supeditado a la ley del talión. Ni una consigna huera. Nada me asombra más que la fría rutina con la que, a menudo, políticos y funcionarios hacen cálculos abstractos con vidas ajenas como si de reses para el matadero se tratara. Las sociedades tienen derecho a defenderse, pero creo que nos conviene de vez en cuando entrar en contacto con el dolor que causan ciertas decisiones. Porque igual resulta que no es una cuestión de lucha contra el terrorismo, sino de presupuesto. Según un estudio publicado por Los Angeles Times cada preso en el corredor de la muerte de los establecimientos penitenciarios norteamericanos sale 90.000 dólares anuales más caro que un reo común, lo que genera un gasto adicional de 57,5 millones de dólares cada año. Cuestión de caridad presupuestaria. E Islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) rezan instantes antes de un acto electoral realizado en un complejo deportivo Los islamistas marroquíes cantan victoria en su primer mitin de la campaña El Partido Justicia y Desarrollo, que condena todos los atentados cometidos en el reino, acusa a otros partidos de identificarlos con los terroristas para intentar desacreditarlos TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA CORRESPONSAL CASABLANCA. Los islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) celebraron ayer su primer gran acto electoral dentro de la campaña de las elecciones legislativas que se celebrarán en Marruecos el 7 de septiembre. Todas las encuestas los sitúan como favoritos y ellos mismos estiman que pueden obtener entre 60 y 80 representantes. El secretario general del PJD, Saadeddine Othmani, se mostró ayer convencido de que ganarán los comicios. Seremos los primeros, ni los segundos ni los terceros aseguró ante sus enfervorizados seguidores, muchos de ellos tan jóvenes que ni siquiera le podrán votar. La Cámara de Representantes, con 325 escaños, ha estado dominada en la actual legislatura por una coalición encabezada por los socialistas (50) y los nacionalistas (48) El PJD ha sido la principal fuerza de la oposición con 42 asientos. El de ayer fue un acto popular y populista, de tarde de domingo, presidido por un gran retrato del Rey Mohamed VI y que dio comienzo con el himno nacional. Unas dos mil personas, hombres a la derecha y mujeres a la izquierda, abarrotaron una sala en un complejo deportivo de Casablanca impertérritos ante el asfixiante calor. Los atentados terroristas que han golpeado a Marruecos, sobre todo los que causaron medio centenar de muertos en Casablanca en 2003 así como los siete kamikazes que se han inmolado en los últimos meses causando sólo la muerte a un policía, no han frenado el ascenso de Justicia y Desarrollo, que no duda en condenar cualquier acto violento. Othmani acusó a otras formaciones políticas que se dicen democráticas de malas artes al intentar aprovechar los momentos de crisis que generan los atentados para intentar minar al PJD en una estrategia de exclusión y dictadura El PJD, que pide no ser considerado integrista, se mantiene apegado a la legitimidad islámica y democrática como dijo su secretario general. Othmani pidió en una rueda de prensa posterior a su discurso que la Sharía figure en la Constitución como fuente principal de todas las leyes, para lo que habría que reformar el texto. La lucha contra la corrupción, la pobreza y el paro, el mantenimiento del crecimiento económico así como mejoras en la educación y la Justicia son los pilares del programa de los islamistas moderados, que, sin embargo, no ponen en duda el papel dominante del soberano en todas las estructuras de poder del país: políticas, judiciales, religiosas o económicas. Este reconocimiento del papel de la Monarquía marroquí separa al PJD de la principal fuerza integrista del país, la asociación tolerada pero no legalizada Justicia y Caridad, que está en contra de la concentración de poderes en manos de Mohamed VI que es quien elige al primer ministro. Una de las grandes preocupaciones ante la actual coyuntura es qué le puede deparar al país. ¿Cómo hará compatible el PJD desde el Gobierno, si llegan a ocuparlo, el respeto a la Sharía (ley islámica) y el desarrollo de industrias claves en la actualidad como el turismo o el boom del sector inmobiliario en torno a las playas? Nadando entre dos aguas L. DE VEGA El islamismo político ha sido puesto en tela de juicio sobre todo desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Esto obliga a partidos como el PJD a nadar entre dos aguas. Por un lado, en los últimos meses Othmani ha emprendido una campaña en el extranjero, en países como España, Francia y Estados Unidos, para propagar la cara amable de su formación y tranquilizar a los gobernantes que ven en ellos un peligro. Por otro, el PJD no oculta estar en contra de numerosas manifestaciones culturales como las decenas de festivales que crecen en Marruecos como champiñones y que atraen a decenas de miles de visitantes nacionales y extranjeros. Opinan que son un foco de depravación que lleva al consumo desmesurado de alcohol y son una falta de respeto a la ley islámica.