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98 40 VISIONES LOST IN TRANSLATION DOMINGO 26- -8- -2007 ABC BELLEZA Teresa de la Cierva Marta Barroso Recuperaciones de septiembre Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Empieza la cuenta atrás. Quedan cinco días para se acabe lo bueno. A todos- -o a casi todos- -se nos agotan las vacaciones y, con ellas, los paseos por la playa, los baños de sol y mar, la manzanilla, el pescadito frito... En definitiva, los excesos. Excesos que, por desgracia, a más de uno (a nosotras ni nos miren) se le han quedado grabados en la piel, o en la cintura. La esteticista Maribel Yébenes (91 411 74 04) asegura que, para reparar los estragos que el verano ha dejado en nuestro físico, hay que ponerse manos a la obra enseguida. Ahora estamos todos muy guapos con la piel bronceada, pero los daños del sol saldrán a la superficie en octubre. Para evitar que afloren en forma de manchas y arrugas hay que dedicar el mes de Septiembre a hacer unos deberes advierte. Estos son sus 10 mandamientos para empezar el otoño con buena cara: 1. -El exceso del sol engrosa la capa córnea y la piel se ve gorda Para afinarla, lo ideal son dos o tres baños de glicólico con aloe vera, que renuevan completamente la piel. 2. -En casa, haga una exfoliación tres veces a la semana. 3. -Hidrate, hidrate e hidrate para recuperar su ph (cuado está desequilibrado, la piel se ve rugosa) 4. -Aplíquese mascarillas: hidratantes, reparadoras, nutritivas... Todas valen, y cuantas más mejor. Y sobre todo, alguna blanqueadora para evitar que el exceso de melanina acumulado salga a la superficie en forma de manchas. 5. -Utilice cosmética con vitamina C para prevenir la formación de arrugas y que el bronceado le dure más (y sea más bonito) 6. -No use geles de baño ni limpiadoras agresivas porque nuestra piel está tan seca que algunos de sus ingredientes (sosa, detergentes... pueden llegar a romperla Un buen sustituto son los aceites limpiadores. 7. -Desintoxique su cuerpo con un día a base de agua y piña. 8. -Beba agua en abundancia y tome, durante un mes, cápsulas de melón africano que combaten los radicales libres y dejan la piel jugosa. 9. -No se olvide de sus manos y pies y hágase una manicura y pedicura, a ser posible profesional. 10. -En el instituto de belleza pida el tratamiento ráfagas de luz (varios láseres que evitarán la aparición de las manchas) combinadas con inyecciones de multivitaminas que le hidratarán a una profundidad a la que no llega la cosmética. Dos japonesas posan delante del templo de Kiyomizu, en Kioto AFP Lugares de lo intraducible La esencia del jardín del monasterio de Ryoan ji, su misterio, radica en que resulta imposible observar las quince piedras que lo forman a un mismo tiempo. Sólo la lente aséptica del satélite o la perspectiva cenital del creador permitirían una visión completa RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN TOKIO. Ryoan ji. En este monasterio de Kioto, capital espiritual de Japón, se esconde uno de los epicentros emocionales del país, el jardín seco del artista Soami, concebido a finales del siglo XV Las chicharras in. cendian el aire y el visitante se sienta en silencio ante el impoluto rectángulo para admirar lo inaprehensible. Porque la esencia del jardín, su misterio, radica en que resulta imposible observar las quince piedras que lo forman a un mismo tiempo. Sólo el ojo geométrico de la divinidad o la lente aséptica del satélite, la perspectiva cenital del creador, permitirían una visión completa. El lugar es, pues, intraducible, al menos como totalidad. Debemos admirar sus partes por separado y luego recomponerlas. O acudir a una reproducción para, de un único vistazo, adueñarnos del conjunto. Parece que otra vez nos hemos perdido en la traducción. Italianos, franceses, norteamericanos, australianos, españoles y japoneses, muchos japoneses, matamos el tiempo contemplando las rocas, los lechos de musgo, los círculos de arena, el espacio vacío entre las piedras, la ardua vía del zen. Es una forma de comunión pasiva y, a qué negarlo, placentera. Ninguna pieza de Richard Long o de cualquier otro gurú del land art resulta tan sedante como Ryoan ji. Lo complejo, una vez más, es escapar a la tentación de construir una hermenéutica al respecto, esa enfermedad europea. Esa misma tarde, de camino a Gion, barrio de las geishas de Kioto, descubrimos otro espacio de lo intraducible, aunque esta vez en un lugar mucho más humilde que Ryoan ji: una parada de autobús. Cientos de personas aguardan por el 206 en un orden en apariencia incomprensible. ¿Dónde está el principio? ¿Dónde el final? ¿Quién encabeza la cola y quién ocupa el último lugar? ¿Detrás de quién debemos aguardar turno? De pronto, cuando el autobús llega, el secreto se desvela. Los japoneses no se ordenan en una única y larga cola que se derrama por las aceras o en cuatro o cinco pelotones subsidiarios que facilitan la picaresca, sino que se agrupan en espiral cerrándose sobre sí mismos en círculos cada vez menores. Así, al ponerse en marcha el primer viajero, los círculos se desenrollan como una serpiente anillada y uno no puede por menos que mostrar todos los dientes en una mueca asombrada. Casi perdemos el autobús de pura admiración. Hace un mes nos interrogábamos acerca de los tópicos que adornan este país: eficacia, cordialidad, gusto por la delicadeza pero también por la desmesura, hipertecnología y tradición en un mismo gesto, el de la pareja vestida con yukata mientras gestiona valores de Bolsa gracias a un diminuto portátil. Todo eso, y mucho más, es cierto. Pero permanece el misterio. Habrá que volver a esta abigarrada isla para seguir traduciendo. Mientras tanto, algo de Bob Harris, ese otro yo encarnado por Bill Murray, sobrevive en nosotros mientras volamos hacia España. Hay que recuperar la piel después del verano HUGO G. C.